Reintegrándose a una vida sin violencia.

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La Fundación Juconi surgió gracias a Sara Thomas de Benítez, su fundadora principal, una británica que trabajaba en la Embajada del Reino Unido en 1985, cuando fue el terremoto en el Distrito Federal. Durante los días, semanas y meses posteriores a este evento se interesó por los niños que estaban en la calle.

Empezó a visitar a las diferentes organizaciones que los atendían y así desarrolló la idea en abrir una fundación.

Alison LaneSara invitó a otras personas a colaborar con ella. Una de éstas es Gabriel Benítez Esperón, quien tenía mucha experiencia en trabajo social en comunidades rurales y marginadas, y en la formación de equipos para ayudar a gente, niños y familias en situaciones vulnerables. Él trabajaba en Puebla con niños en situación de calle, y fue quien la convenció de poner la Fundación en dicha ciudad, ya que ahí había mayor necesidad.

Es una historia muy interesante. Durante la investigación para abrir Juconi, Sara se encontró con una organización británica, la International Childrens, que buscaba cómo ayudar en México. Así, Juconi se fundó con la ayuda inicial de esta institución y con el donativo de una británica que vino de vacaciones a México, y a quien por pura casualidad le vendieron un boleto de lotería en la puerta de su hotel, el cual salió premiado. Fue un monto en aquel entonces como de 20 mil libras, y esa persona decidió donar el dinero a Juconi, dijo que ganó el dinero en México y que el dinero debería quedarse en el país para ayudar a niños y niñas mexicanas. Esa fue la fuente de ingresos inicial.

Una de las fortalezas de Juconi es que el trabajo se dividió entre la parte operativa, a cargo de Gabriel, quien conformó un equipo de educadores, mientras que Sara fue una excelente administradora y recaudadora de fondos.

Dentro de todo esto se creó un modelo que llamamos de gerencia social, justamente usando las ideas de una empresa en el sentido de querer lograr una sostenibilidad, transparencia y sistematización de los procesos.

NECESIDADES INFANTILES

Paulatinamente, Sara y Gabriel Benítez fueron formando un equipo de educadores para hacer el trabajo en calle con los niños, y muy pronto se vio que para hacer una diferencia sustentable en la vida de éstos se necesitaba trabajar con sus familias. Así, desde los inicios de la Fundación se estableció el enfoque de que hay que crear una familia funcional alrededor de los pequeños.

Durante los primeros cinco años se fue desarrollando una labor en calle, y una de las cosas interesantes que ocurrieron fue descubrir que el niño trabajador estaba en una situación muy distinta al que vivía en calle. Éste último vivía solo o con grupos de otros niños en la mismas circunstancias y generalmente no tenía contacto con su familia o éste era muy esporádico. Era una situación muy distinta a la de los infantes trabajadores, que estaban en la calle para apoyar económicamente a su familia, y quienes tenían lazos muy fuertes con ésta.

Entonces, fue como Juconi empezó a diferenciar los servicios que necesitaba brindar: el niño que vivía en calle requería dónde vivir, pero temporalmente. Juconi vio que esa ruptura entre el niño y la familia se podía reparar, y que lo mejor era trabajar para cambiarla y que pudiera reintegrarse. Entonces, se necesitaba una casa hogar de transición, y equipos de terapeutas visitando y trabajando con las familias.

Así, la primera casa fue rentada y posteriormente el ingeniero Roberto Aguilar nos donó un terreno, con éste y el donativo de otras fundaciones, como la Comisión Europea, el Gobierno británico, las embajadas de Australia y Nueva Zelanda, entre otras instancias, se recaudó el dinero para construir la casa.

UNA ESTRATEGIA INNOVADORA

DibujamdoLa misión de desarrollar, aplicar y compartir soluciones para esta población de niños, jóvenes y familias marginados, afectados por la violencia en el hogar, la alcanzamos a través de dos estrategias principales: una es el Programa Juconi, donde atendemos directamente a 350 niños y 120 familias al año, mediante programas educativos y terapéuticos.

En estos 23 años han egresado exitosamente más de 2 mil niños y niñas y alrededor de 600 familias.

Con respecto a la parte terapéutica, es muy innovadora en este campo. Creemos firmemente que toda nuestra población ha vivido violencia intergeneracional y que se requiere de un proceso terapéutico para ayudarlos a recuperarse del daño provocado por esa violencia, antes de que puedan, por ejemplo, aprovechar de otros apoyos como es la educación y el trabajo.

La otra estrategia es el Centro de Apoyo técnico, un servicio dedicado a compartir metodologías y conocimientos. Lo hacemos a través de capacitación cara a cara, a individuos, pero también capacitamos organizaciones enteras. También tenemos un centro de recursos virtual donde compartimos materiales y recursos en línea.

Para la selección de los niños, tenemos personas especializadas en lo que llamamos Operación Amistad, que es ir a la calle a contactar al niño que vive ahí. Hay otro equipo que contacta a los chicos que trabajan en calle y también atendemos una población que labora en mercados. Son tres programas distintos pero que tienen una estructura parecida. Entonces contactamos al niño en la calle, lo invitamos a participar con nosotros y empezamos a motivarlo a presentarnos con quien esté en casa, con el cuidador principal.

A partir de este momento iniciamos un servicio intensivo de visitar a la familia por lo menos una vez a la semana, con este enfoque terapéutico para ayudarles a cambiar y desarrollarse. Esto involucra diversos servicios para el niño que vive en la calle, como una casa hogar de transición, para recuperarse de sus experiencias, mientras que la familia recibe un servicio educativo terapéutico para fortalecerse y para desarrollar las habilidades que necesita.

Luego viene la reintegración, y ahí no termina el servicio. Una vez que el niño regresa a la familia hay un proceso de dos o tres años para asegurar que sigue desarrollándose y fortaleciéndose como una familia protectora.

Para el niño que no puede regresar a su núcleo familiar por distintas razones —lo que ocurre en 50 por ciento de los casos—, lega a vivir en la Casa de Jóvenes de Juconi, en donde sigue estudiando, aprende un oficio y se prepara para la vida laboral. Con los que trabajan en calle la labor se lleva a cabo cien por ciento en el hogar de la familia.

Es un proceso que en promedio, desde el contacto en calle hasta la graduación, dura cuatro años. La graduación debe ser tanto para el niño como para la familia. Tenemos un sistema de monitoreo y evaluación muy riguroso en donde aplicamos distintas herramientas que dan seguimiento a la estabilidad emocional de toda la familia: no pueden graduarse hasta que sean los adultos los que estén proveyendo.

Por otro lado, los papás tienen que tener formas seguras y no violentas de educar, de disciplinar y motivar a sus hijos; haber desarrollado la habilidad de hablar y escucharlos. Debe ser una familia en donde todos aprecian y valoran las necesidades del otro, y que pueden trabajar juntos para solucionar esas necesidades, sin comprometer el bienestar de ninguno de los miembros.

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