Victoria del Dragón en Cancún.

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Si hubiera que pensar en un ejemplo de cómo la ola china se expande por el mundo y sienta sus reales en América, in duda el complejo Dragon Mart Cancún sería uno de los primeros en venir a la mente.

Pocas veces un proyecto empresarial ha causado tanto desacuerdo en México y al mismo tiempo generado tanta expectativa, como este centro de exhibición permanente de mercancías chinas, cuya construcción arrancó en noviembre pasado —o al menos ése era el plan— y terminará en abril de 2015.

urante meses, este proyecto ha enfrentado a los gobiernos estatal y Federal contra el municipal de Benito Juárez que, junto con cámaras empresariales y organizaciones ambientalistas, se oponen a su construcción.

Recordemos las dimensiones de la obra. El predio El Tucán se ubica en el municipio Benito Juárez, Quintana Roo —al que pertenece Cancún— y su extensión es de 557 hectáreas, en las cuales se construirán 3,040 locales; 722 viviendas; dos bodegas para almacenamiento; oficinas; parques; explanada para eventos temporales y el Pabellón México, con 32 locales, para que cada estado tenga un showroom, donde sus pequeños y medianos exportadores podrán exhibir mercancías. También se estinarán 180 hectáreas para conservación y se reservarán 75 más para una posible ampliación futura.

ALCALDE ACATA FALLO
El opositor más aguerrido ha sido el presidente municipal, Julián Ricalde Magaña, quien objetó el impacto urbano y usó, sin éxito, todos los recursos al alcance de su administración para impedir la realización de la obra.

Según Ricalde Magaña, las autoridades federales hicieron mutis en torno al conflicto y las estatales apoyaron irresponsablemente el proyecto desde el principio.

El 9 de septiembre pasado, el alcalde recibió la orden de otorgar a Dragon Mart Cancún, la licencia de construcción que durante meses negó, y no sólo eso, también anunció que no procederá en contra del fallo de la Sala Constitucional y Administrativa del Tribunal Superior de Justicia del estado, que lo obligó a emitir dicha licencia.

Según dijo, “no tenía opción, pues hubo una amenaza velada de demandar por 3 millones de pesos (mdp) semanales al ayuntamiento. No me iba a arriesgar”.

FRENTE OPOSITOR DE LA IP
Otros argumentos en contra provienen de organizaciones ambientalistas, que califican de severo el daño que esta edificación provocará sobre la zona, aun cuando el Instituto de Impacto y Riesgo Ambiental del gobierno del estado autorizó la construcción.

El tercer frente opositor lo constituyen las cámaras empresariales. En su opinión, Dragon Mart Cancún representa una “puerta trasera” de entrada en masa de mercancías chinas a México. Y ponen en la mesa un dato que les preocupa: China es el país con la mayor cantidad de demandas y quejas antidumping ante la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Dicen que la consecuencia de una competencia desleal será la desaparición de múltiples empresas mexicanas relacionadas con los 13 ramos de productos chinos que se exhibirán en el nuevo complejo: materiales para construcción, autopartes, ferretería, maquinaria agrícola, equipamiento de inmuebles, alimentos, mobiliario, equipo médico, iluminación, juguetes, eléctrico, joyería y electrónico.

Juan Carlos López Rodríguez, socio y cara más visible de Dragon Mart Cancún —después de que el chino Hao Feng despertara animadversión luego de que vino en 2011 a México a anunciar públicamente el proyecto—, acepta que habrá más competencia para empresarios mexicanos, pero que ésta se dará bajo las condiciones legales que el país impone al comercio.

Incluso los planes de esta inversión chino-mexicana son construir un complejo adicional, una vez que se compruebe su éxito, para convertir a Cancún en el centro de comercio por excelencia de productos chinos en América.

EL GIGANTE INSACIABLE
Más allá de discrepancias, debates y desacuerdos que envuelven la construcción de Dragon Mart Cancún, vale la pena tener en cuenta lo que ha significado para el mundo el resurgimiento del imperio chino, que por siglos permaneció dormido, como los mitológicos dragones, para despertar hambriento y con mayor fuerza para satisfacerse.

Prácticamente no existe un país, industrializado o en vías de desarrollo, que no haya sentido ya los efectos negativos para sus economías de la presencia de empresas e inversionistas asiáticos. En México, a principios de la década de 1990, las importaciones de ropa, calzado y juguetes chinos prácticamente llevaron a la quiebra a esas industrias nacionales.

La realidad es que la presencia del capital chino, en cualquier territorio, llega para desplazar del mercado a sus competidores, para lo cual cuenta con la divisa más valiosa que pudiera ambicionar todo empresario, industrial o comerciante: mano de obra cuatro veces más barata y 100 veces más abundante, que en cualquier parte del mundo.

En un inicio, parte de su estrategia expansiva consistía en empezar con un perfil bajo en los mercados que le interesan, generalmente con un reducido número de trabajadores, que aumentaban de manera paulatina, hasta desplazar la mano de obra y la inversión local. Así se apropió gran parte del conocimiento técnico y científico que hoy le permite armar vastas líneas de producción.

PANORAMA INCIERTO
El imparable gigante asiático está dispuesto a invertir más allá de sus fronteras, pero sólo para crear la infraestructura que le permita mostrar y vender su propia producción. Este es el caso de Dragon Mart Cancún, que representará una inversión por aproximadamente 200 millones de dólares (mdd), para albergar unas 700 empresas, de las cuales alrededor de 500 serán chinas, otra parte serán mexicanas y las menos serán de otros países del continente.

Será el segundo centro expositor internacional de mercancías chinas, ya que el primero se abrió en Dubai, en 2003. Cada una de las empresas que renten un local en el complejo del sureste mexicano enviará al menos a un directivo de su país a representar el negocio. El resto de los 8,500 empleos permanentes que se calcula generar en Cancún podrán ser locales.

En esta promesa y en la previsión de que cada año llegará a Cancún alrededor de un millón de visitantes de negocios, que irán a comerciar a Dragon Mart, radica la simpatía hacia el proyecto del gobernador Roberto Borge, quien ha dicho que su intención es borrar el estigma de que Quintana Roo sólo sirve para el turismo. En pocos años veremos qué tan acertado fue el apoyo del mandatario a esta obra y su impacto, no sólo para el estado, sino para el país entero.

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