Coaliciones para 2018: árido camino

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El autor es Decano Asociado de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del ITESM. Twitter:@ArturoSanchezG; Facebook: Arturo Sánchez Gutiérrez (Figura Pública)

Después de los debates que siguieron a las elecciones del pasado 4 de junio, pareciera que 2018 está más cerca que nunca. Cada una de las fuerzas políticas se apresta a resolver sus problemas internos y a definir su estrategia para competir en la elección presidencial. La primera etapa será la batalla interna en cada partido para definir a su abanderado y el tipo de alianzas que se firmarán. En los próximos meses se tomarán decisiones importantes al respecto.

Resulta apresurado, por decir lo menos, que Andrés Manuel López Obrador anuncie que no irá en coalición con el Partido de la Revolución Democrática (PRD) en 2018 y que sí lo hará con el Partido del Trabajo (PT). Si bien una coalición busca obtener el mayor número de votos en la contienda, también implica compartir candidaturas (especialmente en los estados), lo que genera controversias al interior de los partidos. Ese tipo de polémicas ha propiciado que coaliciones se rompan y se vuelvan a construir en pocos días. Sin embargo, no se escuchan voces al interior de Morena que cuestionen las declaraciones de su presidente, ni pareciera que alguien quisiera competir con él para alcanzar la candidatura presidencial. En otros partidos la competencia es mucho más álgida.

Por su parte, la construcción de un frente electoral que unifique las fuerzas del Partido Acción Nacional (PAN) y el PRD para sumar votos y proyectos en 2018, implica realizar un complejo trabajo político que confronta, no sólo a los grupos políticos al interior de cada partido, sino a las ideologías y proyectos de gobierno que cada uno trataría de impulsar desde extremos lejanos del espectro político.

Después del 4 de junio, los principales aspirantes a las candidaturas presidenciales han intensificado el trabajo político para alcanzar su objetivo. En consecuencia, se están empalmando al menos tres procesos que nadie se atrevería a pronosticar cómo terminarán: las batallas de los aspirantes en cada partido, la conformación de coaliciones entre los partidos y la preparación de las 30 elecciones locales que concurrirán con la elección federal, con sus respectivas coaliciones.

Mientras tanto, el INE está concentrado en preparar 2018 y en concluir los procesos electorales de este año. Antes de que los ganadores del 4 de junio puedan tomar posesión de sus cargos, el INE y los tribunales electorales deberán concluir dos tareas: desahogar las quejas relativas a los recursos utilizados en las campañas electorales, especialmente aquellas relativas a los presuntos rebases de los topes de gastos; y emitir las resoluciones sobre los informes de gastos de campaña de todos los candidatos. Los tribunales validarán o revocarán dichas resoluciones y hasta entonces habrán terminado los procesos de este año.

El tema no es menor, dado que dichas resoluciones sentarán un importante precedente de lo que hará la autoridad electoral en el 2018. El uso de los recursos y la aportación que cada partido haga para las campañas constituyen más elementos que se negociarán durante la construcción de las coaliciones que operarán el próximo año.

De aquí a que inicien las precampañas en diciembre viviremos intensas semanas de trabajo político y jurídico, para fortalecer la plataforma con la que se organizarán los comicios de 2018. Es tiempo de fortalecer a las instituciones.

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