Comicios de Julio: prueba de calidad para la democracia.

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El autor es Decano Asociado de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del ITESM. Twitter:@ArturoSanchezG; Facebook: Arturo Sánchez Gutiérrez (Figura Pública)

DemocraciaMientras se acercan los comicios del próximo 7 de julio en 14 estados del país para renovar una gubernatura, 13 congresos locales y 1,348 alcaldías, los partidos se enfrentan a retos como discursos confrontados y a la beligerancia de algunos candidatos. Por eso, es de vital importancia que las elecciones salgan bien. Esa debería ser una de las principales preocupaciones del presidente Enrique Peña Nieto.

Que las elecciones salgan bien no quiere decir que gane el Partido Revolucionario Institucional (PRI) o cualquier otra agrupación política. Para la oposición, los comicios se traducen en unificar fuerzas y tratar, al menos, de mantener las posiciones que actualmente detentan. Si sufren derrotas serias, los partidos Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD) corren importantes riesgos en sus estructuras internas.

Los grupos más críticos de ambas instituciones políticas dirán que perdieron por su condescendencia con el PRI, al haber apoyado los proyectos del Pacto por México. Otros argumentarán problemas en los liderazgos o conflictos internos derivados de la elección del año pasado.

Mientras tanto, el reto para el PRI es avanzar para que su militancia consolide su fuerza partidista, pensando ya en las elecciones de 2015, en las que el objetivo sería obtener la mayoría absoluta de la Cámara de Diputados. Un escenario de ese tipo facilitaría significativamente las negociaciones del Presidente y de su partido con la oposición, en la segunda parte del sexenio.

En todo caso, la condición sine qua non para que el Ejecutivo Federal salga fortalecido, radica en que las elecciones transcurran en las mejores condiciones de la competencia democrática. Nada generaría mayor encono que el regreso al “carro completo” priista, en medio del retorno de prácticas abusivas de cualquier tipo, ya sea de los candidatos, del partido mismo o de las autoridades.

Por el bien del país, el esfuerzo constructor de acuerdos que supone el Pacto por México no debe detenerse. Sin embargo, ya hay signos de fragilidad en la unidad de todos los frentes partidistas para terminar con bien las negociaciones. Si a ello se le sumara un diferendo generalizado por deficiencias en la conducción de los procesos electorales, las posibilidades de construir nuevos convenios se complicarían sobremanera.

El problema consiste en que la confianza de algunos partidos en las autoridades electorales locales no es la óptima. La experiencia de la elección de 2012 ha hecho que se ponga especial atención en el manejo de los recursos económicos de los candidatos. Refrescar hoy debates como el caso MONEX o el eventual rebase de topes de gastos de campaña sería poco oportuno para las etapas que siguen en esta administración.

No se trata de que a fuerza gane la oposición para atemperar las confrontaciones con el partido en el poder. Se trata de que, gane quien gane, sea reconocido por los contrincantes derrotados. Ese es, otra vez, el reto del camino que vivimos hacia las elecciones de julio. Ahí se medirá la calidad de nuestra democracia.

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