El reto de la democracia: la cultura cívica

Publicado Por

El autor es Decano Asociado de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del ITESM. Twitter:@ArturoSanchezG; Facebook: Arturo Sánchez Gutiérrez (Figura Pública)

En la nueva dinámica electoral, este noviembre hay que voltear a los preparativos que realiza el Instituto Nacional Electoral (INE) para organizar las elecciones extraordinarias, producto de las nulidades ocurridas en municipios de Hidalgo y Zacatecas, así como presidencias de comunidades en Tlaxcala, después de las elecciones de junio pasado.

Durante la primera quincena de octubre se realizó la versión 2016 del Foro Internacional sobre la Democracia en América Latina. Como cada año, los temas fueron sugerentes e ilustrativos del trabajo que se requiere realizar para fomentar la cultura cívica en nuestros países. Sin embargo, en esta ocasión el contexto del debate pareció ser diferente. En los últimos meses hemos asistido a fenómenos político-electorales que parecen plantear nuevos retos en el horizonte.

No es una novedad decir que existe una importante insatisfacción en el mundo respecto de los alcances de la democracia. Más aún, existe un fuerte distanciamiento entre la ciudadanía activa y participativa de las instituciones de la democracia, desde los partidos y candidatos, hasta las propias instituciones representativas (congresos y asambleas), pasando por las autoridades electorales mismas.

Los efectos de este tipo de insatisfacción están a la vista. Se han multiplicado las opciones no partidistas (independientes) como ofertas novedosas y alternativas a “los políticos de siempre”. Adicionalmente, se ha incrementado la demanda de que las decisiones relevantes se tomen o al menos se ratifiquen a través de mecanismos de democracia directa, como los plebiscitos y los referendums. Con todo, son estos procedimientos los que permitieron democráticamente que en la Gran Bretaña se impusiera el Brexit y que en Colombia se haya rechazado el camino prefigurado hacia la paz.

Está visto entonces, que no es suficiente el correcto trabajo de la organización de las elecciones libres y periódicas, junto con el cómputo adecuado de los votos. La vieja demanda del “voto informado” parece más vigente que nunca, pero desde el punto de vista de las autoridades electorales eso se traduce en la necesidad de redoblar los esfuerzos hacia la construcción de una cultura cívica que le dé a los ciudadanos la capacidad de construir y demandar soluciones para el futuro, sin dejar de criticar y castigar el status quo, cuando no resuelve problemas y en algunos casos, incluso los incrementa.

El INE propuso una Estrategia Nacional de Cultura Cívica 2017-2023, que parte de un diagnóstico objetivo y preocupante. A partir de reconocer la debilidad de la cultura democrática de los mexicanos y la insatisfacción que prevalece sobre los alcances de nuestra democracia, se propone un enfoque de políticas públicas para enfrentar los problemas desde sus causas y no desde sus efectos.

Son tres los ejes estratégicos que guían el núcleo duro de la política pública para fortalecer la cultura cívica: 1) Decirnos la verdad. En otras palabras, que todos tengamos la información verídica sobre nosotros mismos, nuestras acciones y del ejercicio de gobierno; 2) Detonar un diálogo abierto. Diálogo entre todo tipo de actores de la sociedad, con las autoridades de todos los niveles, de manera intensa y sistemática; y 3) La exigencia de cumplimiento de la palabra pública empeñada.

México está a un año de iniciar el proceso electoral que nos permitirá elegir a quien represente al Estado Mexicano entre 2018 y 2024. Mientras más fortalezcamos nuestra cultura, elevaremos más el nivel del debate (diálogo), nos hablaremos franca y directamente (con verdad) y estaremos en condiciones de exigir un sano proceso de rendición de cuentas de parte de nuestros gobernantes.

Deja un comentario

No Announcement posts

A %d blogueros les gusta esto: