Se reorganiza la política.

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El autor es Decano Asociado de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del ITESM. Twitter:@ArturoSanchezG; Facebook: Arturo Sánchez Gutiérrez (Figura Pública)

Muchas cosas pasan en la política después de un proceso electoral. La lectura de la jornada del 7 de julio es positiva: salió mejor de lo esperado. Una vez más la violencia no imperó el día de las votaciones, aunque la participación ciudadana podría haber sido más abundante. Sin embargo, se trataba en su mayoría de elecciones intermedias y lo importante es que en cada localidad se renovarán los poderes conforme a la voluntad popular y en un ambiente de tranquilidad política.

A nivel nacional, los efectos de las elecciones se miden de otra manera, dependiendo de cada partido. A pesar de los triunfos del Partido Acción Nacional (PAN) y del consecuente fortalecimiento de Gustavo Madero, la lucha interna por el control del partido se mantiene. En este mes, dicha organización concluirá su Asamblea Nacional, renovará sus estatutos y se preparará para la renovación o la reelección de su dirigencia nacional. Esas tareas son difíciles, pero ahora las enfrentará con un rostro más digno después de los comicios.

En tanto, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) sabe bien que alcanzó muchos de sus triunfos por caminar del brazo del albiazul, pero su fortaleza queda mermada en muchos bastiones importantes. Serán semanas de reflexión y la batalla por definir su postura ante la siguiente etapa política será muy intensa, en especial porque se acercan los debates de temas que le son importantes, como la reforma hacendaria y los posibles cambios en Pemex.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI) podría estar satisfecho, pero como partido en el poder su reto es mayor, ya que perdió espacios importantes, fue muy criticado por aplicar estrategias cuestionables en las campañas y, a pesar del éxito en Veracruz, no se generó una percepción de que existe un “nuevo PRI”.

Pero más allá de las polémicas internas de los partidos, lo que sigue en el aire a nivel nacional es la vigencia y efectividad del Pacto por México. A pesar de los esfuerzos, las semanas anteriores a las votaciones impidieron que se avanzara en las negociaciones de los acuerdos fundamentales. Los mismos personajes que están en el centro de los convenios realizaron actos de proselitismo con sus candidatos.

Consecuentemente, agosto plantea un ambiente de incertidumbre y creatividad. En este mes presenciaremos los efectos de dos grandes procesos: por un lado, el nuevo mapa político reposicionará a las fuerzas y empezarán los reajustes correspondientes en los estados y municipios; por otro, el avance del Pacto se antoja más complejo y requerirá de más imaginación para que las reformas sigan fluyendo. Si en este mes que comienza no se logran perfilar acuerdos sólidos, entonces el periodo ordinario del Congreso de la Unión a partir del 1° de septiembre será más complicado.

Recuérdese que el adéndum del Pacto daba prioridad a la reforma política, lo que incluía temas como la reelección y la creación del Instituto Nacional Electoral, para que organice todos los procesos locales y federales. Ese tipo de proyectos requieren de un trabajo político muy complejo, pero la agenda del presidente tiene otras prioridades: las reformas hacendaria, energética, financiera y de Pemex.

Por muy pronto que parezca, estamos a un año y tres meses de los comicios de 2015. De lo que ocurra en las negociaciones políticas de agosto sabremos si el Pacto y la construcción de acuerdos tendrán tiempo para ofrecer nuevos frutos. Mientras tanto, los partidos vivirán con intensidad sus luchas internas.

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