Bajo pulso en Venezuela

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Una de mis principales preocupaciones es el desarrollo de gobiernos locales, por lo que a través de productos editoriales, he fomentado las buenas prácticas municipales, donde la administración y el servicio a los ciudadanos debe mejorar.

Al peligro que se había anticipado desde hace tiempo, el de la dictadura chavista, se añade ahora el de un enfrentamiento civil que puede encontrar en la violencia de los presuntamente descontrolados el escenario perfecto para llevar a Venezuela al abismo

Venezuela sigue en estado de alerta. En medio de tensiones, miedo, violencia y aislamiento internacional, las protestas para exigir la salida de Nicolás Maduro, intensificadas desde abril, han dejado decenas de muertos y heridos. La situación agravada ante la escasez de comida, medicamentos y libertad de expresión genera un ambiente expectante de duda sobre la modernidad, sobre la democracia, la violencia o las dictaduras.

Y es que los diez muertos en la jornada para elegir la asamblea constituyente del pasado domingo en Venezuela auguran la prolongación de un periodo de regresión y oscurantismo en aquel país.

Al peligro que se había anticipado desde hace tiempo, el de la dictadura chavista, se añade ahora el de un enfrentamiento civil que puede encontrar en la violencia de los presuntamente descontrolados el escenario perfecto para llevar a Venezuela al abismo. Nicolás Maduro se ha declarado ganador absoluto de una consulta que convocó raudamente para darse una Constitución que le permita mantenerse en el poder y que la oposición, cuya mayoría impera en la asamblea legalmente elegida, cuestiona absolutamente. Todo esto es una muestra del autoempoderamiento del presidente, ya que a las pocas horas avaló el nuevo encarcelamiento de los líderes opositores Leopoldo López y Antonio Ledezma, acusados por los servicios de inteligencia de planear su fuga.

El peligro del caos y la anarquía se filtra en un país dividido, con sus instituciones quebrantadas. Además, con una situación económica catastrófica. Nicolás Maduro lanza amenazas que atentan contra los fundamentos de un Estado de derecho que, aún con enormes fisuras, regía en Venezuela.

Lejos han quedado los tiempos del dictador y caudillo Hugo Chávez, cuando aprovechando el alto costo del petróleo prefirió invertir esos millones de dólares en construir una base social de seguidores incondicionales que apoyar programas sociales y servicios públicos. Los tiempos actuales son peores y el futuro pinta catastrófico.

Hoy en Venezuela se respira la incertidumbre, un clima de retroceso por impunidad a las violaciones de los derechos humanos. Sin duda la oposición tendrá que dejar de lado sus diferencias en un momento donde la cohesión es fundamental si se quiere cambiar el fuliginoso futuro de Venezuela. Es mi opinión…

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