Congreso, aún sin paridad

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nperez@alcaldesdemexico.com @npvences

Es en los hechos donde las leyes se hacen valer, y los cambios de vanguardia que abanderaba la reforma política, en este proceso electoral, no llegaron del todo a la práctica; particularmente los relacionados con las desigualdades de género, que pretendían corregirse en aras de lograr la postergada paridad.

Las celebraciones por las modificaciones al artículo 41 constitucional, en el que se establece el principio de paridad que obliga a los partidos políticos a designar el 50 por ciento de sus candidaturas al género femenino, no llegaron más allá de la elección y costó trabajo aplicar la medida costó trabajo al pie de la letra.

No es que falten mujeres capaces para hacer política, ni que la reforma constitucional se haya aprobado con premura, más bien es importante preguntarnos  si en pleno 2015 continúa en la mente de los actores políticos la visión opaca de vanguardia y desarrollo, en la que vale más el dedazo que la capacidad o en la que la excusa más audaz, es que no hay mujeres interesadas en participar por estos espacios.

Si bien es cierto que paridad no significa “mujeres”, en nuestro país, es un paso hacia la consolidación de su intervención política y al reconocimiento pleno de sus derechos ciudadanos, además de un paso más en el recorrido hacia la eliminación de todas las formas de discriminación de género.

En México, poco a poco se ha construido el camino hacia la participación paritaria de hombres y mujeres en la política. El trayecto ha sido largo, sin embargo, desde 1996 se dieron pasos adelante con el llamado a los partidos políticos para promover la participación de las mujeres. En 2002, el nuevo milenio traería consigo la regla que obligaba un reparto de 30%-70% de las candidaturas para mujeres y hombres. Mientras que en 2008 se estableció una cuota de 40-60, que apenas se respetó en 2011.

En este 2015, donde por ley las mujeres debían estar representadas por el 50 por ciento del total que conformaría el Congreso Federal, los resultados preliminares muestran que habrá una representación femenina equivalente a apenas 42.4 por ciento, es decir, 212 diputadas, distante del 57.6 por ciento de hombres, cuya presencia será de 288 diputados.

Estas cifras equivalen a una diferencia de 76 entre ambos, lo que significa que para alcanzar la paridad, 250 legisladores y 250 legisladoras, deben restarse 38 lugares al género masculino y otorgárselos a mujeres.

Los números son poco alentadores en comparación con la Legislatura vigente, pues no refleja el tan amplio margen que se esperaba; actualmente el género femenino está representado por 41.8 por ciento, es decir, por 209 diputadas, lejos de los 291 legisladores. Pero no es un resultado paritario.

Exigir paridad en la representación, no significa pasar por encima de la decisión ciudadana que eligió a sus representantes, como muchos erróneamente han criticado, es un llamado a que las instituciones y partidos políticos hagan valer la ley, mediante los mecanismos de los que disponen para alcanzar una meta conjunta que en su momento avalaron, y en algunos casos prometieron y comprometieron ante los electores y diversos grupos organizados.

Mención aparte merecen las medidas que los institutos electorales de Morelos y Colima tomaron al disponer que se modificara el orden de las listas originales de candidatos de representación proporcional, para atender el principio de equidad de género en los Congresos locales, marcando un precedente contundente, toda vez, que de no tomar estas medidas, una vez conformado y demasiado tarde, estaríamos hablando de sobrerrepresentación masculina en cada uno de ellos.

A esa misma decisión paritaria podrían sumarse la Asamblea de Representantes  del Distrito Federal, y los congresos estatales del Estado de México y de Yucatán. Queda esperar que una vez turnados estos casos a las salas regionales y más tarde a la Sala Superior, se dé una respuesta afirmativa y se respalde la decisión de los institutos estatales electorales.

Este tipo de resoluciones no deben ser cuantificadas como daños sufridos por los partidos políticos tras el proceso electoral, pues continúa teniendo un representante mujer, que además de ocupar una curul, participará en favor de sus ideales, sin  afectar sus intereses organizacionales ni políticos a la hora de legislar por la ciudadanía.

Aún no es tarde. Con la incorporación de mujeres a las listas de representación proporcional, se puede lograr la esperada y muchas veces prometida paridad.

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