Crisis de liderazgo en lo político

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Especialista en Desarrollo Municipal, ponente en seminarios, coloquios y congresos nacionales e internacionales, interesado en políticas públicas, especialmente en áreas de seguridad púiblica, juventud, desarrollo, programas sociales y obra pública.

El liderazgo no es una característica innata del ser humano, es un proceso de aprendizaje que, a través de la visión de un sujeto (hombre o mujer), se logra que la gente la haga realidad. Este concepto se relaciona con el de poder y la autoridad, suelen utilizarse como sinónimos, pero conllevan significantes diferentes.

Para Weber (1979) el poder es la relación social en la cual se produce la probabilidad de que un actor social imponga su voluntad sobre otro -incluso a pesar de cualquier resistencia-, así, el poder es básico para la influencia efectiva de un líder.

Ser una autoridad significa poseer una capacidad normativa para influir sobre otros, lo que implica una cuota de poder, pero no toda persona que sujeta un cargo de autoridad tiene poder efectivo.

La autoridad es legítima si fue otorgada por el grupo o por el pueblo a través de instituciones como las elecciones, tiene la ventaja de que permite el uso de la fuerza por parte de quien detenta esa autoridad, para asegurar la consecución de los objetivos que sustentan el liderazgo.

Esta relación entre poder y autoridad es esencial para la conformación de un liderazgo. Max Weber (1968), uno de los primeros en tratar el tema de liderazgo, expuso en 1922, a través de los tipos de dominación, una tipología del liderazgo con base en la forma en que los actores obtienen el poder y el reconocimiento social:

  • Líder tradicional: Hereda el poder, sea por la costumbre, por ocupar cargos destacados o porque pertenece a un grupo (familiar o de afinidad) que ha ostentado el poder de manera longitudinal.
  • Líder carismático: los seguidores le atribuyen condiciones y características superiores a los de otros dirigentes, estas se deben a su personalidad, apariencia, conocimiento, santidad, heroísmo o ejemplaridad, que lo sitúa en un lugar destacado y de ejemplo a seguir
  • Líder legal: asciende al poder por los métodos oficiales o normativos, sean elecciones, procesos administrativos o porque demuestra su calidad de experto.

Kurt Lewin (1959) propone otros tres tipos de líderes, que a diferencia de Weber (1968) este se enfoca en la manera en que el poder se ejerce con los seguidores y subalternos:

  • Líder Autoritario o autocrático: fija las directrices sin la participación del grupo, se caracteriza por concentrar el poder y la toma de decisiones, su liderazgo es unidireccional, y los subordinados deben acatar las reglas y directrices que marca el líder.
  • Líder Democrático: busca la participación y colaboración del equipo y los subordinados, las directrices son debatidas, y la toma de decisión se realza mediante un consenso.
  • Líder Liberal: El grupo tiene una libertad completa en la toma de decisiones, lo que implica poca relación de liderazgo y jerarquía. El líder no ejerce su función, no se responsabiliza del grupo y deja a éste a su propia iniciativa, lo que evidencia una carencia de responsabilidad, liderazgo y autoridad del dirigente.

Victoria Maier (2013), con base en la influencia que genera el líder con sus subalternos y los resultados que de esto obtienen, clasifica el liderazgo en dos tipos: líderes positivos y líderes negativos. Los primeros (líderes positivos)  son aquellos que influencian, motivan o dirigen a otros, mediante la generación de acontecimientos agradables o la concientización del lado bueno de las circunstancias para el logro de objetivos comunes, estos sujetos se caracterizan por evidenciar en sus actitudes:

  • Esperanza: estado emocional positivo.
  • Auto eficiencia: confianza en las capacidades propias para lograr objetivos.
  • Resiliencia: manera positiva de abordar y solucionar problemas o desafíos.
  • Optimismo: inclinación a destacar aspectos favorables de cualquier acción y evento.
  • Anticipación: búsqueda planificada del mejor resultado posible.

Con esto, los líderes positivos potencializan las virtudes de las personas, son conscientes de que todos se pueden equivocar, sin que signifique un daño; procuran ver la oportunidad, aprender de los errores y propician el desarrollo y el logro de objetivos.

Por otro lado, el líder negativo es aquel que aprovecha su capacidad e inteligencia para influir en las personas, de manera conflictiva o destructiva (Maier, 2013), desmotiva, aísla, desintegra y afecta a la estabilidad emocional de aquellos con quienes convive y dirige. Un líder negativo prefiere a personas sin carácter, que obedezcan incondicionalmente y que sean serviciales, evitará y excluirá a quienes cuenten con conocimientos y capacidades reales, ya que para este no son benéficas ni provechosas.

De esta catalogación se deriva la idea de que el líder es aquel que inspira con base en el ejemplo, la motivación y el alcance de objetivos, mientras que el jefe es aquel que desmotiva, manda y utiliza su autoridad como un medio jerárquico de control y miedo.

Sin embargo, un líder no puede ser líder sin objetivos y sin aquellos que le reconocen como tal, es decir, sin seguidores. El poder en una sociedad democrática se encauza a través de las instituciones y la legitimidad, de modo que el líder político responde y representa los intereses de la sociedad, se debe caracterizar por ser un medio bilateral entre líderes y seguidores, a través de mecanismos para el reconocimiento y destitución.

El liderazgo político de hoy refleja una gran crisis, que ha situado a México bajo las siguientes condiciones: ocupa el lugar 71 en Índice de Desarrollo Humano -IDH- (PNUD 2015), el lugar 39 en el Índice Global de Competitividad (dicho informe evalúa a 61 países de los 193 miembros de la ONU), contabiliza a 2 millones 201 mil 778 desempleados, mientras que el 60% del empleo a nivel nacional se ubica en el sector informal, asimismo, de los países miembros de la OCDE, se cuenta con el promedio anual de mayor horas trabajadas (2237 hrs.) y uno de los ingresos más bajos, lo que ocasiona que el 53% de la población (64 millones de personas) vivan en condiciones pobreza (CONEVAL, 2017), con un salario mínimo de $80.00 y una canasta básica[1] per capita de 87.51, es decir, el salario mínimo está por debajo del valor de la canasta básica; y en el otro lado, hay gobernantes bastante preparados, pero en su mayoría cuentan con niveles mínimos de estudios, en el peor de los casos, un desinterés total por la población.

Optimizar y enfocar tal condición determina la prosperidad y el rumbo de las naciones, ya que estas prosperan cuando se crean mecanismos efectivos para filtrar de las posiciones de poder a personas que buscan satisfacer sólo su interés personal (Cipolla, 2013), o que utilizan el poder para perpetuarlo.

Los seres humanos somos expertos en detectar mentiras y contradicciones en aquello que nos cuentan; lo que percibimos, la sencillez, la humildad, la responsabilidad, honestidad, cortesía, constancia, disciplina o la bondad, son cualidades que no se pueden construir de un momento a otro y que no se pueden transmitir cuando no existen.

Un líder político despierta admiración con su eficiencia, compromiso y actitud, no cae en contradicciones, demagogia o engaños, pues sabe que será recordado como un gran mentiroso y un mal político; asimismo es cercano a su población, atento a las necesidades sociales  y satisface los problemas locales.

[1] Conjunto de bienes y servicios necesarios para que una persona pueda satisfacer sus necesidades básicas de consumo a partir de un ingreso

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