Denuncias virtuales, vacío institucional formal

Lejos de que la mayoría de las denuncias en redes sociales colaboren a ejercer medidas más severas en contra de los actos de abuso de poder de algunos ciudadanos, convierten a éstas en un tema de espectáculo.

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Normalmente lo que escribo en estas entradas, gracias a Alcaldes de México, tiene referencia a temas de administración pública y/o legislativa. Más que opiniones, pretenden ser análisis o ensayos sobre temas pensados y en proceso.

Hoy me referiré al tema de “la política” y al poder en la Ciudad de México, un tema muy relacionado con las instituciones y quienes las forman y conforman, pero también con ese espectro que denominamos “sociedad civil” y que ahora es recurrente para toda acción contra la autoridad y que, ya camina en muchos casos, sobre la línea del espectáculo.

El poder ejercido tiene capacidad de modificar, transformar y/o hacer que la realidad se altere, pero el poder emana de la legitimidad o convencimiento y de la legalidad. En el caso mexicano, la legalidad es muy cuestionada por los diversos procesos en los que los “actores” participan.

El abuso del poder rebasa el ámbito del juicio sobre buenos o malos; de buenas o malas intenciones, de pobres o ricos, de cultos o incultos. El abuso del poder es, en sí mismo, una alteración de lo público, de lo que nos interesa a todos y se convierte en un objeto para el interés de la mayoría: si lo vive uno, otros podemos experimentarlo.

Carlos Pereyra señaló que la sociedad civil es “el conjunto de instituciones creadas por diversos sectores sociales para organizar su participación en la vida pública” y agregó: tienen su origen en la sociedad y no en el gobierno de la misma[1] ¿Qué sucede cuándo la sociedad se confronta contra sí?

#LadyAudi, #LordAudi, #Lady … lo cierto es que a cada momento, en las redes sociales una supuesta sociedad vanguardista o más respetuosa de la ley cuestiona los abusos de poder o actos de “prepotencia” de algunas personas. Cuando éstas tienen relación con el poder económico o político es mayor la denuncia y también el escarnio por sus actitudes.

De acuerdo con una encuesta publicada por el Gabinete de Comunicación Estratégica, 19.8% de los 53.9 millones de mexicanos que consultan internet diariamente lo hacen para ver sus “redes”. Los diversos propósitos para los que revisan las redes es para: enterarse de lo que hacen sus amigos (7.7%); informarse de sucesos políticos o públicos (7.5%); ver y compartir videos, chistes o “memes” (6.7%); compartir denuncias ciudadanas (6.7%) y/o enterarse de rumores o chismes (6.3%).

La escala de atención a redes sociales es, siguiendo la encuesta: Facebook, 74.2%; WhatsApp, 12.4%; Twitter, 7.4%; correo electrónico, 3.4% y Google Plus, 1.8%. Es en la primera y tercera de las redes señaladas donde el universo de la crítica y cuestionamientos parece tener más impacto en la sociedad pues tiene un alcance mayor al ser más público y político.

Ese universo de la sociedad que participa en redes sociales, para informarse sobre sucesos políticos o públicos; compartir videos, chistes o memes; y compartir denuncias ciudadanas, genera diariamente un alud de datos que no necesariamente son precisos ni probables. Sin embargo, el impacto que producen es muy profundo.

Descartemos el ejercicio que representa la confrontación “pagada” entre actores políticos y sociales y dejemos, por un momento, en el limbo, a esa sociedad que de manera partidista –me refiero a que toma partido sobre tal o cual situación- navega y hace navegar a otros por las redes sociales.

Quienes “postean” o evidencian faltas de las instituciones públicas, integrantes de gobiernos, cuerpos legislativos o medios de comunicación ¿buscan influir en la toma de decisiones?, ¿buscan participar de manera organizada para el gobierno político o social? o, simplemente, ¿arrojan una botella al mar virtual para que algunos pescadores la asuman como buena pesca?

¿Hasta dónde llega la denuncia virtual de unos hechos mientras la denuncia real se encuentra en los pasillos de la burocracia o del “debido proceso”?

La denuncia ciudadana tuvo al principio un referente implícito: la autoridad en turno. El video de un funcionario tomando billetes en un claro hecho de corrupción casi, casi, nos determinó el camino de la denuncia virtual. Parece que hay cazadores-internautas que buscan el tropezón del político o la figura pública –que atinadamente participa- para evidenciarlo o hacer escarnio de él, pero cuántas de éstas tienen resultados concretos.

No hace menos de seis años, un Jefe Delegacional tuvo relaciones con una subalterna en la oficina institucional y fue exhibido. Sin embargo, no hubo un solo elemento para que el funcionario fuera “reprendido”, por lo menos. La mujer no presentó una denuncia formal y las instituciones responsables poco pudieron hacer frente a un hecho que, a todas luces, era un abuso de autoridad.

Ahora, las redes sociales se han vuelto contra su abono. Es decir, se han vuelto contra los mismos usuarios o contra la misma sociedad que las vitorea y favorece. Así, podemos ver a una joven, alcoholizada, ofender y pretender “comprar” a un oficial de policía; a un tipo agredir a un ciclista; a un “guarura” golpear a un automovilista por orden superior;  a unos jóvenes golpear a otro inerme y en el suelo. Es, dice bien el escritor Mario Vargas Llosa, el mundo del espectáculo. Nuestras denuncias se han vuelto espectáculo.

Para mantener la vía de las citas, Umberto Eco afirmó: “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas” (El País, 17/06/15).

Las denuncias virtuales en redes sociales, impulsadas por legionarios que desde el púlpito de los teléfonos móviles, laptops o PC´s y armados con cámara y WI-FI buscan víctimas, hacen de nuestra vida pública una de espectáculos. Importa poco, en muchos casos, que el agresor reciba legalmente su infracción o que su conducta inhiba a otras.

En este mundo del espectáculo en que se ha convertido la mayoría de las denuncias en redes sociales, se enfrentan dos poderes sin un ámbito de mediación: la supuesta sociedad buena contra la supuesta sociedad mala. Así como hemos sobredimensionado a la política, también estamos sobredimensionando a la denuncia virtual y las consecuencias ya nos pesan.

Lejos de que la mayoría de las denuncias en redes sociales colaboren a ejercer medidas más severas en contra de los actos de abuso de poder de algunos ciudadanos, convierten a éstas en un tema de espectáculo –que evidentemente tiene sus propios circuitos y leyes. El poder en la Ciudad de México, el que emana de la sociedad, perdió referencia.

Después de que millones de personas vean la exhibición de #LordAudi o #LordFerrari, todos quedaremos con un “¡Dios mío!” en la boca y una sonrisa cómplice. Nuestra aburrida vida llenó el vacio de la existencia al reírnos e indignarnos por los anti ciudadanos que hemos construido en esta democracia, real, no virtual.

[1] Pereyra, Carlos. Cal y Arena, México, 1990, p. 239.

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