El Buen Fin… en fin

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Es periodista en Michoacán, catedrático de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Contemporánea de las Américas en Uruapan, especialista en periodismo político, miembro de la Asociación Nacional de Locutores de México.

Del 18 al 21 de noviembre veremos cómo inician los juegos del hambre, y me permito llamarlos así porque en casos muy selectos las personas hacen compras inteligentes; por demás, se endeudan por encima de su capacidad económica, comprando cosas que sólo dan imagen y status, no utilidad.

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¿Y por qué hablar ahora de El Buen Fin, si generalmente hablo de cuestiones municipales? pues, sencillo, porque es esas mismas personas que venderán su alma al diablo gastando por encima de sus capacidades, creyendo que aprovechan las ofertas, son las mismas personas que entrando el 2017 se atrasarán con el impuesto predial, con el pago al servicio de suministro de agua potable, y que se quejarán de la casi nula obra pública, aunque se retrasen en el pago de sus impuestos.

Seamos claros, una parte del recurso con el que operan los gobiernos municipales son obtenidos de los impuestos. Seguramente en la parte comercial, los micro, pequeños o medianos empresarios tengan positivas ganancias si se adhieren al programa de El Buen Fin; ello significará que pagarán en tiempo y forma el resello de su licencia, si les es positiva la venta.

Otra cosa que hay que aclarar, es que las personas pueden gastar en lo que más les guste “su dinero”, no el dinero del crédito, que ese no es propio, sino el que sí es garante, constante y sonante, y que es propiedad de la persona. Usar la tarjeta de crédito de forma desmedida, comprando muy por encima de la capacidad de pago, tendrá un final no poco desconocido: retraso en el pago de impuestos, la cuesta de enero, remates y ventas de garaje, eventual incremento de la delincuencia… que también querrá estrenar lo que el vecino se compró en El Buen Fin, etcétera.

Aquí lo que debe preocupar a los gobiernos municipales es cómo van a enfrentar ese peculiar panorama de que, movidos por la mercadotecnia, los gobernados gasten por encima de sus capacidades, se retrasen en sus contribuciones, y añádanle con que el presupuesto 2017 a municipios llegará con recortes: pues tenemos el coctel perfecto para tronar la tesorería municipal.

¿Soluciones? Sí, algunas: recorte del 50 por ciento del salario a funcionarios de primer nivel, sean el mismo alcalde, síndico, secretarios, directores de área, regidores; incentivar el pago de impuestos, realizando descuentos a puntuales o perdón de multas a morosos; eliminando eventos inútiles que sólo sirven de pan y circo.

Por otra parte: evitar usar las ‘cajas chicas’ del ayuntamiento para estabilizar las finanzas. Cajas chicas como las infracciones a automovilistas, exigiendo cuota a los elementos de tránsito, incremento de los operativos para conducir sin alcohol, y un sinnúmero más de cacería que si no tiene el objetivo de la prevención, se convierte en una vergüenza para las políticas en seguridad.

Por último, para muchos El Buen Fin significa: para los adultos mayores, que les llegue su despensa o su pensión, para los enfermos que haya medicinas, para los discapacitados terapias, para los emprendedores impulso… para los ciudadanos, buenos gobiernos.

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