Enseñanzas del PREP en las elecciones gubernamentales

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Especialista en Desarrollo Municipal, ponente en seminarios, coloquios y congresos nacionales e internacionales, interesado en políticas públicas, especialmente en áreas de seguridad púiblica, juventud, desarrollo, programas sociales y obra pública.

Se debe comenzar a contemplar la pertinencia de una segunda ronda, quizá entre los tres mejores resultados, con esto se lograría evitar la fragmentación del voto que ayuda a los partidos a ganar candidaturas con un porcentaje mínimo.

El domingo 4 de junio se realizaron las elecciones a la gubernatura de los estados de Nayarit, México y Coahuila. Como se mencionó en diversos medios, el estado de México es considerado la joya de la corona en cuestiones políticas, cuenta con un padrón electoral de 11, 404,743 ciudadanos (13% del padrón electoral nacional), esto lo hace un estado representativo de la tendencia nacional hacia el 2018, y sus resultados en el PREP son para reflexionar.

Según el conteo preliminar (no definitivo), que se puede consultar aquí, cada uno de los partidos y en especial los candidatos se encuentran en la siguiente escala:

  1. PRI: 33.72
  2. MORENA: 30.81
  3. PRD:17.79
  4. PAN:11.29
  5. INDEPENDIENTE (Castell de Oro):2.12
  6. PT: 1.08

Esto significa que el PRI virtualmente es ganador de la gubernatura, falta cotejar las actas de las casillas con el conteo voto por voto que se realiza por los consejeros distritales electorales. Sin embargo, estos datos evidencian información de importancia, a considerar por cada uno de los partidos.

Primero, quien se declaró ganador electoral con base en el PREP (recordemos que aún no está dicha la última palabra por el IEEM), para el PRI el resultado de las elecciones deja entrever que la gubernatura pertenece a su partido, pero a pesar de que posiblemente la ganaron, alcanzaron el éxito perdiendo, me refiero a que este resultado es el más crítico en las elecciones del estado y su partido, en 2011 con EPN como candidato, obtuvieron la gubernatura con un 64.9% del padrón nominal electoral, una victoria rotunda.

Que en esta elección el porcentaje sea menor al 35% les da el peor resultado de su historia, si comparamos los porcentajes del 2011 y el actual, están 30 puntos porcentuales debajo de lo esperado, acaso esto significará que el PRI está perdiendo popularidad en su estado con mayor presencia, qué la población mexiquense voltea a nuevos horizontes o que el liderazgo político de sus actores principales se ha debilitado, en el 2018 tendremos la respuesta.

Para MORENA, a pesar de estar en el segundo lugar, este es un gran triunfo. Veamos por qué: el partido Movimiento de Regeneración Nacional, más conocido como MORENA, obtuvo su registro como partido político en 2014, y casi a tres años de su creación han participado en elecciones locales y gubernamentales, y al día de hoy, se ha vuelto la segunda fuerza política más relevante en el estado de México.

Esto formaliza en MORENA la imagen de un partido fuerte, que a pesar de su “corta edad” (según dictamine el IEEM) puede ser el partido que dé alternancia a 82 años de gobierno ininterrumpido del PRI en la gubernatura del estado de México.

Debido a esto, es la facción política que corre más riesgo, en los medios de comunicación masiva se ha visto cómo su estructura se ha fracturado. Por un lado está el entredicho del diezmo que su candidata reclamaba a los servidores públicos del ayuntamiento en su periodo de gobierno, las denuncias de acarreados, la imagen de revoltosos y del mal perdedor de su líder nacional.

Por el otro lado están los secuestros de sus líderes de campaña, la intimidación con la compra de votos, la cancelación de casillas, las cabezas y las cruces que les dejaron en Tlalnepantla.

Dichos acontecimientos hacen necesario que el partido replantee su imagen, sus líderes y estrategias para que en los próximos procesos participe con mayor presencia, pues pocos esperaban (incluyendo el PRI) que le quitara un 30% de votos al partido en el poder.

El PRD, que optó por contender con un candidato, y no en coalición como en ocasiones previas, tuvo su tercer lugar casi con el mismo puntaje que en la coalición de la elección pasada (17.79% respecto al 18.96% del 2011), es decir, al perder también ganó.

El resultado actual representa un total de 1, 031,791 votos a favor, esto se debe a la selección de un buen candidato, un sujeto preparado, con experiencia, ecuánime, con presencia y propuestas, que durante todo el proceso de campaña se dedicó a promocionarse en lugar de afrentar a sus contendientes.

Como tal, Juan Zepeda, el candidato que viene del pueblo, que compartió su vida en medios de comunicación y que se identificó con el trabajador actual (obrero, campesino, mojado) le otorgó un respiro, nueva experiencia y aires de cambio al partido al que representa, con lo que quizá a futuro el PAN y/o MORENA quieran negociar para futuras elecciones.

No obstante, algunos de sus errores de campaña fueron graves: su ausencia al teatro Morelos (según por problemas familiares) le costó caro, dejó plantadas a casi 3 mil personas, entre simpatizantes y militantes, dejó pasar su oportunidad de presentar su plan de gobierno en entidades donde el PRD no tiene tanta presencia, acto que sin duda le costó votos y dejó que su campaña perdiera fuerza y difusión.

El cuarto lugar, y quien peor queda como fracción política, es para el PAN que contendió con Josefina Vázquez Mota, una candidata gastada (repetida en otras ocasiones) sin presencia, sin carisma, que postergó eventos en varias ocasiones con los militantes del partido, y que resultó incluso peor que Luis Felipe Bravo Mena, no sólo porque obtuvo un 1% menos que él en 2011, sino por esa habilidad por perder tantos votos en tan poco tiempo.

Me refiero a que durante su campaña, mostró una actitud derrotista, consiguió poco apoyo de la militancia, se dedicó a atacar a sus contrincantes en lugar de definir y difundir sus propuestas y poco después de la elección se declaró perdedora.

El PAN debe replantear las estrategias internas con las que escoge candidatos, pues de ser la segunda fuerza política de relevancia comienza a bajar escalones y cada vez con más pérdidas, debe salir y mostrarse como partido (no sólo en los periodos electorales), buscar nuevos simpatizantes, reforzar su militancia, voltear a nuevos candidatos (especialmente en los jóvenes) que no se limiten en su presencia a estadios, hoteles, Chanel o Hugo Boss.

Dicen que no hay quinto malo, es de reconocimiento que por primera ocasión existiera un candidato independiente, que renunció al financiamiento por arte del IEEM, pero la candidata independiente olvidó que se postulaba a un espacio de elección popular, es decir un puesto político, y durante su campaña se dedicó a despotricar contra los políticos, queriendo ser ella parte de ese grupo (políticos). Mencionaba en sus spots: los políticos son malos, son corruptos, te olvidan, te ignoran; pareciera que entre sus pocos aciertos se encuentra su eslogan “somos ciudadanos, decidimos nosotros”.

Durante los debates se mostró contradictoria, con discursos mal estructurados, incompletos y con mensajes erráticos, asimismo, su campaña fue débil, con poca presencia, errores que sin duda los próximos candidatos independientes buscarán evitar.

Su campaña refleja una desventaja para los próximos independientes, la carencia de una estructura política fuerte y con relativa experiencia política, a comparación de los partidos quienes cuentan con sus militantes y procedimientos.

El sexto lugar, el del PT, no es de sorprender, ya antes se vio como este partido perdió su registro y como por arte de magia sigue presente, su 1% es evidencia de la crisis electoral y la falta de credibilidad en los partidos.

Es indigno que tras procesos y gastos para una campaña electoral el candidato del PT haya, como él lo mencionó, “declinado a favor” de otro candidato, lo peor de todo, es que lo hizo justo al inicio de las votaciones.

A pesar de tener a un candidato similar ecuánime y con un anteproyecto, dejó caer la campaña y en el último momento renunció, este partido deja ver que sólo sirve para la fragmentación del voto, y que el IEEM debe modificar su normatividad, pues debilita la credibilidad y el peso de las estructuras partidistas, de las cuales la ciudadanía está harta.

Si bien el proceso electoral mexicano es uno de los mejores a nivel mundial, carece de cierta legitimidad. Punto de partida para el IEEM y el INE en la mejora de su normatividad, pues una victoria donde la participación de la población votante es menor al 51% no es representativa para decir que un candidato es electo por la mayoría, lo único que refleja es que entre los candidatos se votó por el menos peor.

De la misma manera se debe comenzar a contemplar la pertinencia de una segunda ronda, quizá entre los tres mejores resultados, con esto se lograría evitar la fragmentación del voto que ayuda a los partidos a ganar candidaturas con un porcentaje mínimo y un abstencionismo cercano al 50%, y promovería la legitimidad de los gobiernos, evitando que sean los tribunales quienes decidan al ganador de la contienda electoral y no la población.

One Comment

  1. Ing. Colín Díaz Jesús Salvador says:

    Más allá de las preferencias políticas de cada persona, es indispensable el punto de vista que expone, ejecutar una estrategia que permita proyectar el verdadero voto de la población, solo así se recuperara la transparencia con la cual deben de desarrollarse los procesos electorales y de igual importancia recuperar la confianza de cada uno de los votantes y con esto porque no ser ambiciosos y dejar ver la posibilidad de una reestructuración a los sistemas públicos que se han evidenciado con errores fatales a plena luz como lo sucedido en el actual proceso electoral de EdoMex.

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