¿Espantados del espionaje? ¿A poco?

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Es periodista en Michoacán, catedrático de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Contemporánea de las Américas en Uruapan, especialista en periodismo político, miembro de la Asociación Nacional de Locutores de México.

Aunque es indignante que el gobierno mexicano espíe a quienes representan la libertad de expresión o la lucha social, no lo es tanto si pensamos en cuantas veces hemos ido a un Cyber para que nos hackeen un Facebook.

No existe justificación alguna para que el gobierno de la república utilice el espionaje de esa manera, pero la realidad es que el gobierno siempre nos ha espiado, y si no, que Google Maps y Google Locations hablen por sí mismos; o bien, que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) haga lo suyo, pues sabe en qué momento estamos comprando para fiscalizarnos, ¿acaso eso no es espionaje? ¡Claro que lo es! pero con la bandera de impuestos.

No debemos de olvidar que “gracias” al Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) es que el 1 de enero de 1994 se empleó a la Fuerza Aérea Mexicana para labores de disuasión y combate contra el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), y de eso se supo gracias al espionaje que realizó el CISEN.

A las últimas, todo se reduce a espionaje, saber todo de ti es la obligación de todo gobierno para responder a su delirio de persecución constante; el narco usa espías (halcones), los gobiernos municipales también espían con su grupo de inspectores; los partidos políticos no se diga, que con el título de comités seccionales amparan una serie de vigilancias a las colonias; así que la cruel realidad del espionaje es que pareciera que sólo existiera en la cumbre gubernamental, pero no, es un mal innecesario o necesario, de acuerdo al punto de vista de cada quien, pero del que no debemos persignarnos, cuando nosotros mismos encabezamos esos intereses por saber de la otra persona, con el afán o de afectarla u otros intereses mezquinos.

En todas las circunstancias el espionaje atenta contra derechos fundamentales; en el caso judicial, el espionaje “se supone”, puede ser sólo con mandato judicial en los casos que buscan dar con delincuentes, pero la realidad es otra, pues para buscar delincuentes, allí si les tiembla la mano, pero para indagar sobre la vida privada, allí sí se apuntan.

Citaré otros ejemplos de espionaje que vivimos a diario: el creyente que entra a los Facebook de sus contactos, con tal de ver las fotos que ha subido, para deleitarse en lo oculto, lo que en lo público tiene penado por la Palabra de Dios; el estudiante universitario reprobado, que hará todo lo posible por obtener información de la vida privada del profesor con tal de perjudicarlo; algunos Testigos de Jehová que parece en algunas regiones, desarrollan un sistema de inteligencia para tocar diligentemente las puertas de aquellas personas a convertir; la novia o el novio celoso clientes frecuentes del Cyber donde les hackean el Facebook para saber con quien platican, o en el caso de los más doctos en el tema, que colocan en el buscador de Face: Photos Liked By ….(Nombre del perfil)…. para saber a qué le está dando ME GUSTA su pareja.

¿De todo eso nos espantamos?

Estamos cosechando toda la corrupción que hemos gestado, no sólo a través de los años, sino desde nuestra familia, circulo de amigos o trabajo.

ESPIONAJE MUNICIPAL

Para no dejar de lado la temática municipal, que no es distante del espionaje gubernamental, aunque más arcaico y cavernícola, los gobiernos municipales también espían, y si no, que lo digan los líderes sociales de la oposición, que saben a que hora salen a trabajar, si es que trabajan, cuanta gente tienen liderando, etc. ¿Y cómo saben eso los ayuntamientos? Sencillo, porque en vez de que sus policías estén vigilando en las calles, los ponen a vigilar a particulares y, en el peor de los casos, hasta ponen vigilancia en las sedes de los comités municipales de los partidos políticos con el afán de intimidar, o de saber cuántos de sus militantes se están yendo con el otro proyecto político.

Y así me puedo prolongar citando casos, pero el asunto es que lejos de transformarnos en respetuosos de la intimidad, denunciamos lo grande, pero lo pequeño lo callamos, porque en lo pequeño, estamos involucrados.

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