Gasolinazo a madrazos

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Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Estratega y asesora de marketing. twitter Twitter

Aunque el precio del combustible se eleva con la promesa de que podría bajar más adelante, el nuevo gasolinazo es resultado de una mala administración y una falla “logística” y demagógica de la reforma energética.

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El aumento en los precios de la gasolina a partir de este primero de enero es un duro golpe para las familias mexicanas. Después de un difícil 2016 en materia económica, este nuevo gasolinazo amenaza la solvencia de los consumidores a quienes el incremento afectará de manera directa y de diversas maneras, haciendo aún más difícil la cuesta de enero y la ya esperada volatilidad que aquejará a 2017.

Pese a las promesas que trajo consigo la reforma energética en 2015, la subida en el coste de la gasolina era una tendencia esperada ante el incremento de los precios del petróleo y la depreciación del peso frente al dólar, sin embargo, la elevación abrupta de más de 20% en los precios significa un revés poco calculado contra todos los sectores productivos del país.

Para ser más claros, aunque no contemos con vehículo resultaremos afectados. Se estima que el impacto inflacionario del aumento sea de 4.7 por ciento, con ello, viene un aumento en el costo de la vida, que va desde el encarecimiento de los productos y servicios básicos hasta llegar a la insuficiencia de salarios, y por tanto, un menor nivel de bienestar cargado de desigualdad, desempleo, informalidad e insatisfacción.

Aunque el precio del combustible se eleva con la promesa de que podría bajar más adelante, el nuevo gasolinazo es resultado de una mala administración y una falla “logística” y demagógica de la reforma energética. Para la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, estos incrementos se deben al aumento de las cotizaciones internacionales de gasolina y no a una modificación o creación de nuevos impuestos, sin embargo, éstos llegan en un momento de inestabilidad financiera que necesita de un bote salvavidas a cuenta de la ciudadanía: la recaudación.

Si bien el Gobierno Federal se ha cansado de negar que el ajuste se deba a un tema tributario y sí a un plan de acción para la estabilización de tarifas; las tendencias administrativas de esta gestión apuntan a todo lo contrario, pues por cada litro de gasolina, los consumidores pagan 40 por ciento de impuestos en promedio bajo el concepto de Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), lo que significa que aunque el costo nacional se establezca y varíe con las tasas internacionales, nunca existirá una pérdida recaudatoria.

¿Qué pasará?

Este año se establecerán precios regionales máximos, tomándose en cuenta cuatro variables para determinarlos: el precio en el mercado, el transporte y almacenamiento, el impuesto a la gasolina (que prometieron no aumentará), así como las leyes ambientales locales.

Durante el mes de enero los nuevos precios por litro se mantendrán fijos. Las dos primeras semanas de febrero las tarifas límite se ajustarán semanalmente y a partir del 18 de febrero se determinarán diariamente, lo que significa que variarán de un día para otro, pudiendo ser más caras o baratas según sea el caso.

¿Qué nos queda?

Los consumidores estaremos a merced de muchos factores, entre ellos, la decisión de los nuevos proveedores gasolineros para la adecuación de costos competitivos. Además, una vez más tenemos empeñada la palabra del Gobierno Federal, que nos vuelve a asegurar que esto es sólo un paso más rumbo a la eficiencia del mercado energético y la disminución de costos en los servicios del sector.

Mientras tanto, el nuevo gasolinazo continúa siendo una de las cargas más pesadas para subir la muy empinada cuesta de enero, que comenzó desde el último día de diciembre 2016 con filas de vehículos en las gasolineras y el anuncio del aumento en las tarifas del transporte público.

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