Gobernar en automático

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Es periodista en Michoacán, catedrático de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Contemporánea de las Américas en Uruapan, especialista en periodismo político, miembro de la Asociación Nacional de Locutores de México.

Para muchos alcaldes o gobernadores se les ha hecho fácil gobernar en automático, pues aún sin propuestas y un trabajo fuerte, los apoyos llegan a la gente, producto de la inercia gubernamental. Pero ¿a dónde vamos a parar como pueblo si no se gobierna de forma positiva y extraordinaria?

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Lo que representa para los gobiernos locales el ejercicio de la función pública, se podría resumir, simplemente, en sentar a los funcionarios en su respectiva silla de oficina, sean secretarías o direcciones municipales; bien podrían centrarse en cumplir un horario o llenar su agenda de reuniones, para fingir trabajo, y de todas formas habría resultados; es decir, la secretaría o dirección de salud tendrá que realizar campañas de concientización entre jóvenes, sobre el uso de preservativos, tendrá que dar pláticas sobre nutrición, habrá, de acuerdo a la región de cada municipio, realizar fumigaciones para evitar los mosquitos, o bien, coadyuvar con la dependencia estatal de salud y la federal, en la aplicación de vacunas; pero eso ocurre en automático.

Lo extraordinario sería la construcción de algún hospital adicional, producto de recursos municipales, para atender a todas aquellas personas que no cuentan con un seguro social, y que la saturación del Seguro Popular les significa un calvario para acceder a la atención médica.

Lo ordinario en materia de desarrollo económico, es ser simples vinculadores de los programas que ejecuta la Secretaría de Economía, el Instituto Nacional del Emprendedor (INADEM), o de la dependencia de desarrollo económico estatal; lo extraordinario sería crear un programa exclusivo con recursos municipales, con el que se otorguen financiamientos a proyectos innovadores de emprendedores de su ciudad.

Pero no, vemos constantemente cómo los funcionarios municipales se sienten tocados por la Virgen, que hasta se cargan los resultados de su dependencia, como si un favor le hicieran a la ciudadanía, cuando es su obligación ser administradores de los recursos públicos y otorgar resultados.

No es poco común ver cómo los funcionarios municipales tachan a sus gobernados como “mal agradecidos”, cuando les reclaman por alguna obra mal hecha, como si pagaran esas obras con su bolsillo.

Esto no cambiará hasta que no se haga un parteaguas entre la función pública y la vocación de servicio; por lo tanto, gobernar en automático sigue siendo la opción más viable para muchos, de todas formas tendrán resultados qué entregar a la ciudadanía; resultados inerciales que no son dignos de méritos.

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