La estrategia del “tapado”

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Maestro en Estudios Políticos y Sociales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Autor de los libros: «2006: El año del complot» y «2012: Reflexiones sobre el proceso electoral», actualmente se desempeña como académico de la FCPyS/UNAM. También es colaborador de la Revista Zócalo y Antena Radio.

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Ese 27 de noviembre sólo fue una muestra de como será la estrategia comunicativa durante el 2018

El 27 de noviembre fue la fecha clave que consideraron los estrategas políticos y comunicativos que asesoran actualmente al ex secretario de Hacienda, José  Antonio Meade, para posicionar su imagen y trayectoria política rumbo a julio de 2018.

Los estrategas midieron hasta el último detalle y consideraron detonar la bomba justo después de que Andrés Manuel López Obrador había presentado su proyecto de nación rumbo al 2018, y también se habían compartido los avances del documental sobre su persona. Esperaron justo el error del adversario, dejaron esperar que AMLO mostrara sus cartas para después asestar un golpe certero.

Ahora, ¿por qué hacerlo en esa fecha y no usar una fecha emblemática en la historia del colectivo nacional? La respuesta es sencilla, no quieren precisamente que los votantes los vinculen o relacionen con el priismo tradicionalista. Así es que decidieron esperar un punto medio entre el inicio de los llamados oficiales para incrustar la idea de que Meade es el futuro que todos necesitamos y queremos. Si se hubieran esperado más tiempo la distancia entre el ahora precandidato oficial y el presidente del Partido Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) sería mucho más amplia de lo que hasta las últimas encuestas habían revelado.

Pero ¿en qué consistió este destape? Sencillo: inundar todos los espacios habidos y por haber con la idea de que José Antonio Meade es la mejor opción para continuar con las políticas de las reformas estructurales que el gobierno de Enrique Peña Nieto había comenzado. Además  aprovecharían la severa crisis que actualmente se vive en nuestro sistema de partidos y del descontento social que existe hacia los políticos tradicionalistas y partidistas. Por ello la misma estrategia y Enrique Peña Nieto consideraron óptimo que Meade fuera el candidato oficial, más porque este funcionario no pertenecía a la llamada ola de neopriistas.

Por ello el mensaje comunicativo que se reprodujo en los medios de comunicación giraría en destacar los grados académicos que ostenta Meade y su trayectoria como funcionario, más que su trayectoria partidista. Fue normal ver, escuchar y leer comentarios que abundaban sobre estos puntos, al grado de inducir la opinión pública con la idea de que si en ese momento fueran las elección José Antonio Meade sería el triunfador. Fue común ver circular encuestas armadas en el momento donde ponían a Meade superando a AMLO, sondeos prefabricados y con nulo rigor, hechas sólo para buscar sembrar la idea de sumarse al llamado carro ganador, sondeos hechos dirigidos a las personas que aún no deciden su voto.

Ese 27 de noviembre sólo fue una muestra de como será la estrategia comunicativa durante el 2018, estrategia que puedo enumerar de la siguiente forma:

1) Saturación de información sobre una persona o proyecto,

2) Uso de los sondeos de opinión con el claro objetivo de sumar votos de los indecisos, para que estos se adhieran al carro ganador,

3) El uso de personas o líderes de opinión que sirvan de vehículo que conduzca la idea de que Meade es la mejor opción y

4) Reducir o eliminar la información sobre los adversarios.

En ese sentido, lo vivido el 27 de noviembre sólo fue muestra de lo que nos espera en el 2018, que de consagrarse podría volverse una nueva era o etapa de la llamada dictadura perfecta.

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