La violencia feminicida hacia las niñas y adolescentes en México

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Es presidenta de la Organización No Gubernamental Y Quién Habla por Mí AC. Estudió ciencia política en el Tecnológico de Monterrey y se ha dedicado al fortalecimiento de políticas públicas, proyectos y legislación en materia de Derechos Humanos, especialmente en temas de seguridad, género y de protección de derechos de niñas, niños y adolescentes. twitter Twitter twitter Twitter

“En la violencia de género no hay solo una víctima”

ANÓMINO

En memoria de Mara Castilla y de las mujeres y niñas que han sido víctimas de la peor forma de violencia contra nosotras las mujeres en México y el mundo, basta de feminicidios.

Ante lo ocurrido con Mara, una vez más me retumban en la cabeza las imágenes de decenas de niñas y adolescentes que veo transitar por las calles. Cuando camino por las calles o cuando uso el transporte público me siento aterrada y siento las piernas temblar cuando viro mis recuerdos a casa y me hago consciente de que tengo una hermana y sobrinas que son aún unas niñas. Vivir con miedo parece convertirse en un estado natural para las mujeres y niñas en este país, y ante la interrogante ¿Existe algo más peligroso que ser mujer en una sociedad machista y violenta? La atroz respuesta es: Sí, ser niña. Y es que la violencia que sufren las niñas y adolescentes no solo es grave en el espacio público, sino en el ámbito privado donde se potencia por personas cercanas, incluidos padres de familia, que les dejan en total indefensión.

En México la violencia es difícil para las mujeres adultas sin duda, de acuerdo con la ENDIREH, el 47% de las mujeres ha sido víctima de violencia por parte de su pareja y una de cada cinco ha sufrido violencia en el ámbito laboral. Tan solo en 2015 se registraron en promedio 6.2 asesinatos de mujeres al día. Esta violencia se ejerce y se potencializa todos los días en los ámbitos en los que intentan desarrollarse las mujeres; constituye una de las violaciones a los Derechos Humanos de millones de mujeres y niñas más reiterada y arraigada en el mundo, impactando en la salud, en la libertad, en la seguridad, en el libre desarrollo de la personalidad y en la vida de las mujeres y de las niñas, dañando a toda la sociedad en su conjunto.

En México la violencia hacia las adolescentes y las niñas suele marginarse poniendo en doble estado de vulnerabilidad a miles de ellas; para muestra un botón, pues es inaceptable que 28 mil 252 mujeres menores de 15 años denunciaron haber sido víctimas de violación sexual en el periodo de enero de 2009 a junio de 2016, y sólo a 8.5% (2 mil 419) se les ofreció anticoncepción de emergencia, según la Organización no Gubernamental GIRE. De igual forma las niñas viven una violencia homicida y feminicida proporcionalmente mucho mayor que las mujeres adultas; de acuerdo con las estadísticas sobre defunciones por homicidio del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), entre las niñas menores de un año los homicidios representan 46.30% del total de los casos registrados en ese grupo de edad. No podemos olvidar el feminicidio de Ángela, una bebé que con apenas un año de edad fue víctima de feminicidio y además fue dejada en exposición pública dentro de una maleta como si la vida fuera una nada, un caso lleno de omisiones y perezas de funcionarios públicos que ha quedado en la impunidad, porque nadie habla por ella y nadie la reclama.

Con respecto a las niñas de entre 1 y 4 años de edad, en el periodo señalado, el INEGI reporta un total de mil 46 homicidios, de los cuales 583 corresponden a asesinatos cometidos en contra de niñas; es decir, un promedio anual de 58 casos o bien, casi cinco casos al mes. Y no les hemos puesto rostro a estas niñas que han sido víctimas de la peor forma de violencia. Para este grupo de edad, el porcentaje respecto del total es de 44.3%, para las niñas entre 5 y 9 años de edad los homicidios cometidos representan 42.5% del total de los registrados para la población en ese segmento etario; se habla de homicidios porque al ser niñas ni siquiera las autoridades se han tomado la “molestia” de determinar si se ha tratado de feminicidios. De acuerdo con las estadísticas arrojadas por el INEGI, en el periodo de referencia, fueron cometidos 701 homicidios entre la población señalada, de los cuales 294 corresponden a eventos en los que las víctimas eran niñas.

Además, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción de la Seguridad Pública (ENVIPE), publicada en 2016, son las mujeres las que se sienten más inseguras que los hombres al encontrarse en diversos lugares públicos o privados. Urge que los tres ordenes de gobierno emprendan acciones estratégicas bien coordinadas para eliminar cualquier forma de violencia hacia las mujeres y niñas, con acciones más que con solo palabras y discursos. De igual forma es una emergencia romper con el círculo vicioso burocrático de omisión e impunidad que alimentan muchas personas en el servicio público que acarrea como consecuencia el maltrato e incluso la muerte de miles de mujeres y niñas a lo largo y ancho de nuestro país.

De igual forma, como sociedad, no podemos quedarnos al margen del combate a la violencia que han sufrido y están sufriendo miles de mujeres y niñas, debemos afectarnos, alzar la voz, buscar formas de ayudar y construir redes de solidaridad y sororidad que nos permitan transitar de forma más segura nuestra vida día a día. No dejemos que el miedo y los riesgos sean el común de cada día para más de la mitad de la población de este país, vulnerando de forma significativa a las mujeres de menor edad, porque se les niega la voz y el acceso a la justicia. Las niñas también cuentan, porque donde el patriarcado solo ve a una niña más, nosotros(as) debemos ver el presente y el futuro de nuestras sociedades.

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