México y su juventud invisible

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Especialista en Desarrollo Municipal, ponente en seminarios, coloquios y congresos nacionales e internacionales, interesado en políticas públicas, especialmente en áreas de seguridad púiblica, juventud, desarrollo, programas sociales y obra pública.

Juventud_Invisible_opinion_Alcaldes_de_Mexico_Octubre_2015El pasado 21 de octubre circulo una noticia del PNUD y la CEPAL respecto a la inclusión juvenil en los diferentes contextos gubernamentales de américa latina, a través de políticas públicas que contemplen variables como la educación, trabajo, salud, violencia, participación política, cultura, y de manera transversal una perspectiva de género y de origen étnico-racial.

En el discurso esta propuesta es bastante atractiva, sin embargo la política mexicana dista mucho de mejorar la calidad de vida de los jóvenes; en el contexto nacional el 30% de la población es joven, la mayoría de ellos vive en el Distrito Federal y en el Estado de México (INEGI, 2010a) y como tal se dice que México goza de un bono demográfico, una gran fuerza productiva que lamentablemente se está desaprovechando.

Desde el siglo XIX, este sector es fuertemente ignorado, debido a su posición de no adultos que los hace depender de ellos en menor medida que los infantes, lo cual “constituye una forma de dominación que concibe a los jóvenes como sujetos-objetos pasivos, subordinados en su presente y como proyectos futuros de adultos productivos… estigmatizando sus conductas [y catalogando a quienes no entran en el estereotipo] como: rebeldes, subversivos y otros términos descalificadores” (Urteaga, 2011:189).

Desde el siglo XIX los jóvenes se han alineado a prácticas, imágenes e instituciones que los orientan a actividades y lugares específicos como en espacios de sociabilidad, deporte, creación y expresión de cultura y el arte, propiciando el surgimiento de culturas juveniles como punks, darks, emos, cholos, skatos, entre otros, debido a que “la cultura se convirtió en el campo social propicio para manifestar la disidencia ante la evidencia de que la política formal estaba explícitamente cerrada a las expresiones juveniles” (Bauman, 2002).

Como tal, esta población es un sector invisible para la sociedad, las organizaciones y el Estado debido a su heterogeneidad y preferencias, Castillo Berthier (2008) expone que los jóvenes actualmente perciben a las instituciones públicas y a lo formal como algo ajeno a su cotidiano, sin trascendencia, de baja calidad, manipulador y sin espacios para la participación plural y abierta de su grupo; además de ser parte del proceso de cooptación de individuos y formación de grupos bajo el régimen de gubernamental, a pesar de su participación política, educativa y económica.

La carencia de políticas dirigidas a jóvenes ha dado pie a que este sector poblacional busque alternativas de expresión, subsistencia e inserción laboral en esquemas inciertos, bajo la necesidad, la incertidumbre y la vulnerabilidad, pero también bajo condiciones que le son propias a este sector como la innovación, la creatividad, lo novedosos, lo artístico y dinámico, en espacios de sociabilización, categorías que histórica y directamente le son afines, como el entretenimiento, la moda, la tecnología, el arte y la cultura (García Canclini y Piedras Feria, 2013).

El mercado laboral en México propicia el desempleo y el deterioro económico; para los jóvenes (hombres y mujeres), sean profesionistas, estudiantes o con baja escolaridad, el encontrar un empleo es complicado debido a la edad, escasa o nula experiencia, las aspiraciones personales y por los requisitos institucionales, esto origina una marcada desigualdad generacional ya que los jóvenes cuentan con mayor uso de tecnologías, más información y preparación que generaciones anteriores, pero una creciente dificultad para materializarla (Navarrete, 2004; Reguillo Cruz, 2010; Vargas y Cruz, 2012; Román y Sollova, 2012).

Los jóvenes de hoy tienen un amplio acceso a la información y una mayor posibilidad de tomar sus propias decisiones, pero enfrentan a su vez nuevas carencias y temores, asociados a la modernización, viendo agudizadas sus diferencias y desigualdades (Navarrete, 2004), más allá de lo intergeneracional, la dificultad para conseguir un trabajo y mantenerlo es mayor en los jóvenes con menor capital humano, social y cultural y ante las crisis económicas, los que tienen menor antigüedad laboral, son los primeros en ser despedidos (Weller citado en Vargas y Cruz, 2012; INEGI, 2007).

Esta precariedad laboral que viven, se ha agudizado en el marco de la crisis económica global causando un aumento del desempleo, la informalidad, la ausencia de seguridad social, la expansión del autoempleo de subsistencia y cuanto más temprana la inserción, mayor su vulnerabilidad (Mora Salas y de Oliveira, 2009; Navarrete, 2013).

Esta problemática se refleja en el número de jóvenes con niveles de educación por arriba del promedio, quienes no encuentran un espacio en el mercado laboral ya que los empleos ofrecidos cumplen poco con los deseos y necesidades que hoy en día la juventud busca, ofreciendo bajos ingresos, poca estimulación para el desarrollo del joven en función de su formación, mínimas posibilidades de desarrollo individual, alta probabilidad de despido, contratos inestables y/o de breve temporalidad (Navarrete, 2013).

Según García Canclini (2013) lo que sucede es una paradoja del desarrollo, los jóvenes tienen hoy un mayor nivel educativo que generaciones anteriores, un uso fluido de tecnologías, formación más amplia, pero un menor acceso al empleo.

Las propuestas planteadas en las políticas (tanto públicas como gubernamentales) y en los programas para mejorar la situación de los jóvenes en el país “no contribuyen a superar el problema del desempleo y sobre todo de la precarización del trabajo juvenil” (Navarrete, 2013:04).

Para Mora Salas y de Oliveira (2009) las repercusiones futuras de exclusión laboral en los jóvenes pueden llegar a ser muy elevadas dirigiéndolos a la delincuencia y a las adicciones.

Cuando la escuela y el trabajo pierden su potencial de integración social y no tiene capacidad de absorber o retener a los jóvenes y los mercados de trabajo no les ofrecen empleos suficientes y de calidad. Pocas son las alternativas legítimas de las que pueden disponer a menos que recurran a lo informal.

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