Niñez en tiempos de desastres naturales

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Es presidenta de la Organización No Gubernamental Y Quién Habla por Mí AC. Estudió ciencia política en el Tecnológico de Monterrey y se ha dedicado al fortalecimiento de políticas públicas, proyectos y legislación en materia de Derechos Humanos, especialmente en temas de seguridad, género y de protección de derechos de niñas, niños y adolescentes. twitter Twitter twitter Twitter

En los últimos días lamentablemente hemos presenciado una serie de acontecimientos de la furia de la naturaleza que han alarmado al mundo; los huracanes Irma, Katia y José que han golpeado a Miami y a diversas Islas del Caribe como República Dominicana y Barbados, además de un fuerte temblor en México han hecho que la opinión pública y los ojos del mundo estén en estos momentos observando las causas y efectos de dichos fenómenos que han golpeado y devastado a los pueblos de las regiones afectadas.

FOTO: ÁNGEL HERNÁNDEZ/CUARTOSCURO.COM

Por lo anterior es de gran importancia visibilizar y sensibilizar a todo el mundo sobre las causas que traen estos desastres naturales a la niñez en específico, pues en una situación de emergencia, los riesgos que pueden afectar a la niñez son múltiples y muchas veces se dejan al margen afectando y vulnerando a miles de niños y niñas.

A continuación mencionamos algunos tomando en cuenta los documentos de UNICEF que han recabado diversas experiencias al respecto:

  • Incremento de enfermedades, especialmente los niños y niñas de primera infancia (0 a 5 años). Su más alta vulnerabilidad los hace más susceptibles a las limitaciones de refugio, abrigo, alimentación, agua y saneamiento, así como la aparición de distintos brotes epidémicos que pueden presentarse en el lapso inmediato a la emergencia.
  • Efectos psicológicos derivados del trauma generado por el desastre que interrumpen el equilibrio de la salud mental de los niños, niñas y adolescentes, y les generan, además de estrés post traumático, algunas secuelas que alteran su desarrollo emocional, sus capacidades cognitivas y su inclusión en la sociedad.
  • Separación de los niños y niñas de sus familias debido a la muerte de sus padres o tutores, o el desplazamiento de las poblaciones debido a la emergencia.
  • El maltrato físico y psicológico, explotación infantil con diversos fines y abuso sexual son riesgos a los que se encuentran expuestos los niños y niñas por la separación familiar, la precariedad de la economía y otras causas que se dan después de los desastres naturales.
  • Diversos tipos de maltrato que se agudizan posterior al desastre, pudiendo venir incluso de quienes tienen la obligación de protegerles.
  • La pérdida de espacios educativos, producto del impacto del desastre sobre la infraestructura escolar y el sistema educativo (o carencia
    de medios para su rápida recuperación en emergencias), así como el uso de las escuelas como albergues; relegando el derecho de los niños y niñas a la educación por tiempos prolongados.

Por lo anterior se deben garantizar ciertas condiciones mínimas que ayuden a afrontar las consecuencias que tienen los desastres naturales en las vidas de los niños y niñas; debemos garantizar que la salud y nutrición de esta población esté cubierta, pues salvar vidas y proteger la salud de la población afectada es un imperativo de la atención en emergencias.

Ya sea por el impacto directo del desastre o debido a las condiciones generadas durante la emergencia se debe velar porque la salud de los niños, niñas, mujeres embarazadas, personas adultas mayores y personas con discapacidad se vea lo menos menoscabada posible. Por ello se deben impulsar programas de atención primaria, vacunación y demás suministros esenciales para el mejor estado de la salud posible en situaciones de emergencia; esto es de enorme relevancia. Reducir los efectos en la salud significa prevenir la desnutrición, particularmente en los niños y niñas que se encuentran en etapas con especial riesgo de vulneración.

Los programas de ayuda alimentaria, además, no pueden basarse solo en las entregas de despensas “sin ton ni son”, deben incluir el suministro de productos específicos para la alimentación de niños y niñas, especialmente los y las más pequeñas, e impulsar la difusión de mensajes a las madres, padres y tutores sobre las practicas adecuadas para el cuidado de los niños y niñas, y la lactancia materna.

En cuanto a agua e higiene, se debe garantizar la disponibilidad de una cantidad suficiente de agua para beber, preparar la comida y para la higiene. De igual forma se deben procurar las instalaciones adecuadas para el saneamiento y la higiene. Es de gran relevancia destacar que tanto la infraestructura a instalar, como su uso y mantenimiento, deben considerar las necesidades básicas de los niños, niñas, mujeres, personas de la tercera edad y con discapacidad, tomando en cuenta el derecho a la intimidad, dignidad y seguridad personal.

Otro tema de enorme relevancia que debe visibilizarse es la educación; el derecho de la niñez a la educación se ve interrumpido en situaciones
de emergencia por desastres naturales. Aunque muchas veces los espacios educativos pueden verse ocupados como albergues o incluso bodegas de acopio para las poblaciones afectadas, es necesario promover la reintegración de las y los estudiantes, maestros y maestras, recuperando el desarrollo de las actividades educativas en el más breve plazo.

Como parte de las actividades de emergencia es indispensable garantizar la generación, difusión y defensa de información sobre la situación de las poblaciones afectadas, pero esencialmente de los niños, niñas en situaciones de emergencia, analizando de forma ética el impacto sobre esta población en específico y evaluando sus necesidades y velando por el respeto de sus derechos.

La protección de la niñez debe ser transversal y prioritaria durante cualquier situación de emergencia. Es necesario desarrollar mecanismos adecuados para evaluar, monitorear y evitar el abuso en sus diversas modalidades, violencia y explotación contra cualquier persona, especialmente los niños, niñas, adolescentes y personas de la tercera edad que en dichas circunstancias se encuentran particularmente expuestos a diversas formas de maltrato y atropellos; de igual forma se debe prevenir la separación de los niños y niñas de sus familias.

Para todos los sectores, tanto o incluso más importante que la intervención misma en atención a situaciones de emergencias, son la prevención, la mitigación y los preparativos para afrontar estas situaciones de gran nivel de riesgo. La multiplicidad y diversidad de actores que desarrollan actividades de atención de emergencias en cada uno de estos sectores hace necesaria una coordinación previa para establecer las competencias de la preparación hasta la atención para dar respuesta humanitaria, así como sus fortalezas y la colaboración que se debería establecer en una situación de emergencia ante desastres naturales. Además nuestro país debe estar preparando con protocolos y planes actualizados para afrontar las situaciones de emergencia que visibilicen los riesgos que corre la niñez ante este tipo de fenómenos y así  reducir el impacto ante los desastres naturales y crisis crónicas sobre la sociedad en general, especialmente sobre los niños y niñas.

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