Niñez y Juventud migrante

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Es presidenta de la Organización No Gubernamental Y Quién Habla por Mí AC. Estudió ciencia política en el Tecnológico de Monterrey y se ha dedicado al fortalecimiento de políticas públicas, proyectos y legislación en materia de Derechos Humanos, especialmente en temas de seguridad, género y de protección de derechos de niñas, niños y adolescentes. twitter Twitter twitter Twitter

Hoy en día hay más de 85 millones de migrantes en el mundo; un 2.1% de la población mundial. Con estas cifras se pueden dimensionar diversos impactos políticos, económicos, sociales y culturales.

Foto: Save the Children

Si bien la migración es un fenómeno que puede implicar ventajas y desventajas, hasta ahora se le ha visto como un fenómeno que da miedo a las naciones y por esto ha existido una regulación de la misma, que en ocasiones llega a ser exagerada como la política de migración que mantiene EE.UU.

Se ha criminalizado a los migrantes más que a los factores que provocan la migración, sin embargo nos encontramos que la dinámica global a través de múltiples procesos ha permitido que surjan necesidades de migrar. Basta ver que las corporaciones multinacionales han desplazado a los pequeños productores, y que operaciones de los gobiernos, ya sean militares o económicas, han producido desplazamientos y violencia que termina con el futuro de miles de niños, niñas y jóvenes.

“El individuo puede experimentar su propia emigración como el resultado de sus decisiones personales, pero la opción misma de emigrar es un producto social” señala Saskia Sassen, una estudiosa de las migraciones. Hoy en día escuchamos y leemos que mucho se habla de las personas migrantes, sobre todo por el miedo que ocasionan las riesgosas declaraciones del actual presidente de Estados Unidos de América, Donald Trump, y aunque a mucha gente le parece lejano el tema, es inaceptable ser indiferente; debemos ponerle rostro a la migración, no podemos hablar de una migración en particular, sino de migraciones y flujos migratorios, que suelen ser diversos en cuanto a sus causas y efectos, así como en sus tiempos y espacios, pues no son lo mismo las migraciones de América Latina que las de Medio Oriente, por ejemplo y sobre todo no es lo mismo la migración y los efectos de la misma cuando hablamos de niñez y personas jóvenes.

Según cifras de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, el 48 % de niños migrantes que cruzan México rumbo a EU lo hacen por situaciones de violencia; el 29% lo hacen por razones económicas relacionadas con brechas de desigualdad y pobreza, y el 23% restante para reunirse con su familia. La mayoría de niños migrantes tienen entre 12 y 17 años, pero se han dado casos en los que quedan varados en México niños, niñas y adolescentes de menos edad que tienen entre 3 y 11 años de edad. En 2014 fueron detenidos en México 10 mil 943 niños, niñas y adolescentes en condiciones de migración; en 2015 la cifra ascendió a más de 20 mil y actualmente encontramos que esta cifra  va a la baja pero no precisamente porque el fenómeno se esté conteniendo o atendiendo, sino porque se han dejado de reportar cifras.

Los niños, niñas y adolescentes se encuentran en especiales situaciones de vulnerabilidad; pues al intentar cruzar las fronteras o al transitar por México corren múltiples riesgos como son caer en manos de la delincuencia organizada, ser víctimas de trata de personas, desapariciones, etcétera. Esta población de migrantes es la que más corre riesgos al momento de migrar, no solo la niñez mexicana, sino la de otros países de la región como Guatemala, El Salvador y Honduras; según cifras  de la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación, de enero a abril de 2014 hubo 8,941 niños, niñas y adolescentes retornados a estos países, duplicándose la cifra en 2016 con 16,081 NNA retornados.

Como podemos apreciar, México se encuentra en una ubicación que ha permitido el origen, tránsito y acogida de la niñez migrante. Hoy en día encontramos que las políticas migratorias del país vecino, EUA, están ocasionando miedos y amenazas, lo cual nos alarma. Sin embargo pareciera que no se quiere voltear a ver que en nuestro país también se gestan esos miedos, amenazas y fobias hacia la niñez migrante que viene muchas veces huyendo de la violencia que hay en sus comunidades. México debería ser un “santuario” que acoja desde una perspectiva de Derechos Humanos a estos niños, niñas y adolescentes, quitándoles el estigma de ilegales o de amenaza a la seguridad nacional, pues no está de más hacer hincapié en que ningún ser humano es ilegal y mucho menos estos niños, niñas y adolescentes son una amenaza a la seguridad nacional; no podemos perder la perspectiva de que las verdaderas amenazas son las que obligan a migrar a estos niños y niñas. Dichas amenazas no solo ponen en riesgo a México, sino a la región por lo que se tiene que actuar multilateralmente de forma inmediata.

Actualmente México corre el riesgo de convertirse en una verdadera “olla de presión” que se vea reventada por la incapacidad de atender la migración de niñas y niños que viene del sur y por los retornos que vienen del norte; aunado a esto debemos tener presente a los miles de infantes que han quedado en “Foster care” en EUA debido a las deportaciones de sus familiares y a los más  de 800 mil  jóvenes dreamers que serían blanco de deportación si a Trump se le ocurre echar para atrás el DACA. La cantidad no solo de niños, niñas y adolescentes que México deberá reintegrar no es la única alarma que debe ocuparnos, pues qué le vamos a ofrecer a las miles de personas jóvenes que primero se vieron obligadas estructuralmente a dejar México y hoy se verían obligadas nuevamente a dejar una nación (EUA) en la que comenzaron a encubar sus sueños y futuros.

Es inaceptable que las balanzas de las negociaciones entre los países pongan la balanza en los tratados de libre comercio han venido a permitir múltiples flujos de capitales y mercancías, pero que dichos intercambios no consideren y criminalicen a las personas en aras de negar un libre tránsito del capital social y humano, por considerarse un riesgo para la estabilidad económica y social de algunos países que “temen” por su soberanía, sobre todo los desarrollados. Aunque la realidad global que han generado varios de estos países sea el riesgo verdadero e inminente que está forzando el flujo de las migraciones.

La dinámica que ocasiona el dolor de las migraciones nos debe llevar a adoptar una política migratoria más flexible y abierta, ya que son inconcebibles las relaciones multinacionales basadas en lo económico y político, relegando lo social. Los acuerdos globales y el marco mundial de Derechos Humanos hacen un llamado a abrir el dominio institucional y cambiar el enfoque para una política más global e integradora de las migraciones que sea efectiva y sostenible, pues el futuro de la niñez y la adolescencia es el nuestro también y el de nuestras sociedades; es cuestión de humanizarse y ponerle voluntad diplomática y política.

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