Reconciliación para la Paz

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Es presidenta de la Organización No Gubernamental Y Quién Habla por Mí AC. Estudió ciencia política en el Tecnológico de Monterrey y se ha dedicado al fortalecimiento de políticas públicas, proyectos y legislación en materia de Derechos Humanos, especialmente en temas de seguridad, género y de protección de derechos de niñas, niños y adolescentes.

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He escuchado de diversos sectores de la sociedad exigencias, reflexiones y necesidades que apremian para que México cambie y sea un mejor país; la preocupación y el hartazgo que percibimos ante la desigualdad, ilegalidad e impunidad ya nos alcanzó a todos y a todas. Al parecer nos sentimos como en una olla de presión que puede desbordarse y explotar en cualquier momento, dañando aún más y de forma irreversible nuestro tejido social. Ante ello, hay más de un grupo de personas organizadas de distintos sectores buscando soluciones para evitar que nuestro país toque fondo.

 

Escucho hablar mucho de un cambio de paradigma, de un nuevo régimen político, económico y social; percibo una sed de paz y seguridad generalizada en diversos grupos de poder y sociedad civil organizada (asociaciones civiles, empresarios, academia, iglesias, activistas, entre otros). Entre amplias discusiones se van escuchando soluciones viables e inteligentes para lograr cambiar paradigmas y regímenes caducos, sin embargo ¿Por qué no ocurren esas soluciones? ¿Por qué no hemos sido capaces de poner en operación los cambios estructurales que ya quedaron en nuestro marco jurídico? ¿Por qué mantenemos tan mal humor social que vemos a los otros y otras como enemigos cuando piensan muy distinto a nosotros(as)? ¿Somos realmente una sociedad irreconciliable? ¿La falta de voluntad es solo por parte del sector político o también como sociedad no estamos mostrando la voluntad necesaria?

 

Nos da esperanza y seguridad ver en las calles todavía expresiones de solidaridad y amor hacia las otras personas, en festivales, reuniones familiares, actividades deportivas, eventos culturales y hasta en hechos lamentables como el sismo del pasado 19 de septiembre.

 

Es preocupante que pese al valor, coraje, entereza e inteligencia de diversos grupos organizados; se vean como contrarios o excluyentes los unos de los otros, es decir la sociedad a veces ve como el enemigo a sus autoridades, por las malas actuaciones que no se justifican de algunas personas en las esferas del poder se tiende a encasillar a todas las que forman parte de las instituciones como iguales y comienza a darse una dinámica de animadversión cuando menos y de odio cuando más.

 

La sociedad civil rechaza a los políticos(as), funcionarios públicos y a veces hasta a nuestras fuerzas armadas y viceversa; se van creando una serie de prejuicios y estereotipos que abonan a la descomposición social y a la debilidad de las instituciones.

 

La sociedad civil cree “que toda persona que participa en política es corrupta o corruptible” a veces se cree “ que todas las fuerzas armadas violan Derechos Humanos” y al revés, la clase política cree que “la gente se conforma con lo que tiene y que no se interesa en lo más mínimo en política ni en la toma de decisiones” y las fuerzas armadas a veces piensan “ que su trabajo no se valora y que la sociedad civil es arribista”. Esas opiniones se basan en la falta de comunicación que existen entre todos los sectores de la sociedad mexicana, incluida la clase empresarial, las iglesias y la academia; si realmente queremos un cambio para mejorar debemos estar dispuestos(as) a dar la mano, a ponernos en el lugar de la otra persona, a ser capaces de conocernos y reconciliarnos, de perdonarnos y de pedir perdón; vayamos armando y reconstruyendo un México en donde la paz, el valor y la voluntad de ser mejores sean mucho más fuertes que las diferencias.

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