Rumbo a 2018, primero 2017

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Una de mis principales preocupaciones es el desarrollo de gobiernos locales, por lo que a través de productos editoriales, he fomentado las buenas prácticas municipales, donde la administración y el servicio a los ciudadanos debe mejorar.

Este 2017 están en juego tres gubernaturas, Estado de México, Coahuila y Nayarit, así como la renovación de ayuntamientos en Veracruz; sin embargo, más allá de los comicios, este año se medirá la fortaleza de los principales partidos de cara al proceso electoral de 2018, mientras que como pilón, está por verse si por fin dos de estos estados conocerán la alternancia. Pero vamos por partes.

En Veracruz se renovarán 212 ayuntamientos que hoy están sumidos en una profunda crisis económica y política gracias al enorme desfalco dejado por Javier Duarte, mismo que afectó una de las principales fuentes de ingresos municipales: las participaciones federales que los gobiernos locales no han podido recibir debido al desastre estatal.

De esta forma, el prófugo Duarte no sólo hirió profundamente al estado y sus ciudadanos, también dejó al PRI en una franca desventaja que aunque pretende apuntalarse de la mano del Partido Verde en su ya conocida coalición parcial, el rechazo por el tricolor en el estado es evidente.

En este contexto, el próximo 4 de junio, alrededor de 5 millones 699 mil 800 veracruzanos podrán continuar en la tónica de un cambio de rumbo como ya lo hicieron al elegir gobernador, o continuar con el flagelo que por 86 años agobió a esta región de nuestro país.

El panorama en el Estado de México también es álgido al ser la entidad más poblada del país y por ende con mayor presupuesto. De acuerdo al Instituto Nacional Electoral (INE), hasta 2016 se contaba con un padrón de 10.8 millones de electores.

Para este proceso electoral y los comicios de 2018, el resultado mexiquense es clave, pues desde hace 72 años la alternancia no se ha hecho presente, convirtiéndolo en uno de los territorios más cuidados por el Partido Revolucionario Institucional; la brecha se hace más grande si sumamos los 20 años que estuvieron en el poder con el nombre de Partido Nacional Revolucionario (PNR), sumando en total 92 años sin cambio de ideología política en el gobierno.

El escenario parece difícil dada la fortaleza del bastión priista para enfrentar partidos de oposición que han sido incapaces de construir una coalición atractiva, y las posibilidades de derrota aumentaron después de los malos resultados obtenidos en las elecciones de 2016. Lo que es un hecho, es que el partido mantiene la delantera en intención de voto y es el propio presidente de la República, ex gobernador de la entidad de 2005 a 2011, quien será el coordinador principal de campaña, ocupándose de mantener la joya de la corona que lo vio emerger.

Por su parte, Nayarit solamente ha experimentado la alternancia en 1999, cuando una alianza de varios partidos, incluídos PAN y PRD, logró la victoria con una expriista a la cabeza. Seis años después, el PRI recuperó el poder y ha gobernado la entidad desde entonces.

En Coahuila también se renovará el titular del poder ejecutivo estatal. En esta entidad, el PRI ha gobernado desde 1929. Desde entonces y hasta la elección de 2011 que llevó a la gubernatura a Rubén Moreira, ninguna otra fuerza política ha conseguido el triunfo en aquel estado. Sin embargo, la posibilidad está más latente que nunca  después de que se revelara la exorbitante deuda pública contraída por el gobierno estatal, encabezado por quien fuera Presidente Nacional del PRI, uno de los primeros escándalos de corrupción en los gobiernos estatales.

Así, las elecciones de este año representan la antesala de los comicios de 2018, en las que se elegirá un nuevo presidente y se renovarán ambas cámaras del Congreso de la Unión, cuyos nuevos integrantes podrán ser reelectos consecutivamente a partir de 2021 para diputados y 2024 para senadores.

De salir derrotado en Coahuila y Estado de México, el Partido Revolucionario Institucional obtendría un profundo descalabro electoral en la elección presidencial de 2018, pues llegaría como oposición en más de la mitad de las entidades federativas, pero sobre todo con derrotas en casi dos terceras partes en las últimas 15 elecciones de mandatarios estatales. En contraparte, uno, dos, tres triunfos no aseguran nada, pero al menos los hace mantener la esperanza. Es mi opinión…

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