Sobre la violencia • Hannah Arendt

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Es presidenta de la Organización No Gubernamental Y Quién Habla por Mí AC. Estudió ciencia política en el Tecnológico de Monterrey y se ha dedicado al fortalecimiento de políticas públicas, proyectos y legislación en materia de Derechos Humanos, especialmente en temas de seguridad, género y de protección de derechos de niñas, niños y adolescentes.

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Enérgicamente con estos supuestos se plantea que entre más violencia hay, menos poder político se tiene, pues la violencia surge cuando el poder se ausenta.

Ante hechos recientes que destacan la violencia a nivel mundial, como los actos que pudimos ver en Cataluña ante el referéndum para independizarse, esta ocasión me parece indispensable abordar como marco teórico a Hannah Arendt como una propuesta alternativa para el ejercicio de poder de los Estados-Nación que hacen el uso legítimo de la fuerza de forma violenta e indiscriminada, llegando a menoscabar los Derechos de población con especial situación de vulnerabilidad como lo son las personas adultas mayores, las niñas y los niños.

La nutrida experiencia personal de Hannah Arendt le conduce a diversos cuestionamientos disruptivos de los modos de pensar tradicionales y a una reflexión sobre la política entendida como aparición en el espacio público, como la vida activa de la acción.

Arendt señala que para la filosofía política la violencia tiene dos caras: una es la violencia organizada que ejerce el estado y la otra es aquella que irrumpe frente al estado. Con base en esto la autora hace un análisis minucioso sobre la violencia política sosteniendo que tiene encarnaciones extremas en la época contemporánea lo que la lleva a insistir en la separación de los conceptos de violencia y poder político, relacionando la violencia con el alcance magnificador de destrucción que ha provocado y sigue provocando la tecnología al servicio de la guerra y el conflicto, y al poder político con la acción cooperativa colectiva.

Arendt visibiliza cómo los conceptos de guerra y revolución siguen siendo los dos temas políticos preponderantes, dejando de lado la causa de la libertad o bien trayéndola a colación sólo mediante una concepción pequeño burguesa que lo usa para justificar los medios violentos que se emplean en nombre de la libertad.

Después de la Primera Guerra Mundial, el ser humano llega a la conclusión de que la guerra debe ser el último recurso para conceder los intereses de las contrapartes, sin embargo, hasta ahora parece que el espíritu del ser humano en las Relaciones Internacionales ha sido incapaz de concebirles sin conflicto. Arendt es una crítica de los teóricos de la guerra, pues señala que si la guerra fuera realmente una extensión de la política sería la condena anticipada a la destrucción violenta del ser humano con las nuevas armas nucleares. Llama la atención sobre la forma en la que el ser humano ha concebido la guerra desde sus inicios, como si esta fuera una ecuación matemática que tiene que repetirse para acrecentar el “poder” político a modo de receta social que debe repetirse una y otra vez para alcanzar el objetivo. La autora se hace la pregunta disruptiva cuestionando que si el ser humano ha sido capaz de crear armas de gran poder destructivo a través de la tecnología, por qué no  ha sido capaz este ser, en su calidad de animal racional, de crear una bomba de limpieza o un misil anti-misil. Enérgicamente con estos supuestos se plantea que entre más violencia hay, menos poder político se tiene, pues la violencia surge cuando el poder se ausenta.

Menciona Arendt que aquellos que vieron violencia toda su vida no tuvieron más qué decir sobre la violencia, soportando esta concepción con teorías superfluas que tratan de imitar los modelos de las ciencias duras ocasionando una camada de futurólogos que suelen adormecer el sentido común y la toma de decisiones colaborativas y libres; no debe disociarse el “yo quiero” al “yo puedo”.

En el libro “Sobre la Violencia” Hanna Arendt señala que “la razón principal de que la guerra siga con nosotros no es un secreto de muerte de la especie humana, ni de un irreprimible instinto de agresión, ni final y más plausiblemente, los serios peligros económicos y sociales inherentes al desarme sino el simple hecho de que no haya aparecido todavía en la escena política un sustituto de este arbitro final” (Arent, 2006, pag.12). Es decir, no siempre la letra “entra con sangre”.

Arendt señala en esta misma obra que “unas pocas armas en unos pocos momentos podrían barrer todas las demás fuentes de poder nacional. Que han sido concebidas las armas biológicas que permitirían a un pequeño grupos de individuos alterar el equilibrio estratégico y que serían lo suficientemente baratas para poder ser fabricadas por naciones incapaces de desarrollar fuerzas nucleares estratégicas, que en unos pocos años, los soldados- robots habrán dejado completamente anticuados a los soldados humanos y que finalmente, en la guerra convencional los países pobres son mucho menos vulnerables que las grandes potencias, precisamente porque están subdesarrollados, y porque la superioridad técnica puede ser más riesgo que ventaja en las guerras de guerrillas” (Arendt, 2006, pág. 18-19). La tendencia de seguir en aras de la guerra será que cada vez veamos más al ser humano peleando con máquinas que el mismo crea, lo cual es violento, pero no es poder político.

La autora cierra su texto señalando que “una vez más, ignoramos a dónde nos conducirán estas evoluciones, pero sabemos, o deberíamos saber, que cada reducción de poder es una abierta invitación a la violencia, aunque solo sea por el hecho de que quienes tienen el poder y sienten que se desliza de sus manos, sean el Gobierno o los gobernados, siempre les ha sido difícil resistir la tentación de sustituirlo por la violencia” (Arendt, 2006, pág. 118).

La autora nos hace reflexionar sobre un futuro incierto del uso legítimo de la fuerza, las guerras, conflictos y revoluciones que muchas veces analistas y las personas estudiosas de las ciencias sociales tratan de predecir, con base en los preceptos teóricos que hasta ahora conocemos. Sin duda da miedo romper los esquemas que ya se conocen y que además se han visto soportados por diversos sucesos históricos, pero quizá ya sea tiempo de permitirnos cambiar o por lo menos intentar cambiar el paradigma bajo el cual se concibe la violencia como poder; pues el poder político es un concepto inherente al animal racional que hasta ahora ha demostrado no ser capaz de superar sus instintos que justifica como “naturales” en aras de la razón misma.

Trabajos citados:

Urabayen, Julia, Hannah Arendt, en Fernández Labastida, Francisco – Mercado, Juan Andrés (editores), Philosophica: Enciclopedia filosófica on line, URL: http://www.philosophica.info/archivo/2011/voces/arendt/Arendt.html

Arendt, H. (2006). Sobre la Violencia. (G. Solana, Trad.) Madrid, España: Alianza Editorial.

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