Coladeras de plástico reciclado.

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Coladera plásticaEn las aceras y las avenidas de las ciudades existen agujeros en los que no pocas veces caen peatones, automovilistas, motociclistas y ciclistas. En el mejor de los casos algún ciudadano se toma la molestia de taparlo con piedras o llantas viejas para alertar de su presencia, pero no siempre ocurre así. En otras ocasiones, se convierten en basureros a cielo abierto.

Se trata de registros descubiertos, y una de las principales razones de que permanezcan así es el robo de las coladeras, rejillas, brocales y arcos que se colocan en los drenajes ubicados en las banquetas y avenidas.

Por lo general, estos aditamentos están fabricados con hierro colado, lo que despierta la tentación de los amantes de lo ajeno para arrancarlos de su sitio y venderlos como “fierro viejo”. Los chatarreros compran estos accesorios a razón de 5 pesos por kilo, una ganancia que resulta atractiva para alguien que sólo se tomó la molestia de retirar una tapa que pesa alrededor de 50 kilos.

No obstante, existe una solución a este problema y que, además, es amigable con el medioambiente: se trata de las tapas y coladeras de plástico reciclado, que tienen la ventaja de ser rígidas y resistentes, por lo que cumplen con la misma función que las de hierro.

EVITAN ROBOS.

Al igual que los brocales, las coladeras, rejillas y tapas hechas de metal, las de plástico reciclado son resistentes a la compresión y al desgaste. “Están fabricados con polietileno de baja densidad que es ecológico, ligero y con una resistencia de 16.5 toneladas sin ruptura”, explica Cynthia Puente, asesora comercial de Injal, una empresa mexicana que desde 2005 se dedica a la fabricación de productos plásticos para drenaje y alcantarillado.

Para desarrollar un producto que no sólo fuera amigable con el medioambiente, sino también con la seguridad de los ciudadanos y con los bolsillos de los municipios, la empresa decidió aprovechar el nicho de mercado que representa el reciclaje de plástico.

Cifras de la Asociación Nacional de Industriales de Plástico (ANIPAC) reflejan que en 2012 se reciclaron 780 mil toneladas de este material, apenas 13 por ciento del consumo nacional, que ese año fue de 6.1 millones de toneladas.

Cynthia comenta que para fabricar sus productos cada semana Injal recicla de 10 a 15 toneladas de materiales de desecho que contengan polietileno de baja densidad, como bolsas de supermercado, mangueras, vasos y cubiertos desechables, entre otros. El material pasa por un proceso mediante el cual se transforma en pequeñas piezas que se calientan hasta derretirse y se inyectan en moldes. Cuando las piezas se enfrían, se retiran de los moldes y se ensamblan. De esta manera, 800 gramos de basura se convierten en la tapa de un registro que es funcional y no contamina.

“Estos productos no desarrollan hongos ni bacterias, tienen una vida útil de 50 años y son 40 por ciento más baratos que los fabricados con metal convencional”, detalla Cynthia Puente.

LOS MUNICIPIOS SE ANIMAN.

Las dependencias más afectadas por los robos de mobiliario urbano son los sistemas de aguas, pues los accesorios que más se comercializan de manera clandestina son las coladeras del drenaje, rejillas de piso, tapas de coladeras pluviales, tapas de las cajas de válvulas y el cable de los pozos de agua potable.

Por este motivo, los Organismos Operadores de Agua (OO) ya han comenzado a sustituir los accesorios de metal por otros hechos de plástico. La Paz, Estado de México, y Tlaquepaque, Zapotlanejo y Tlajomulco de Zúñiga, en Jalisco, son algunos ejemplos.

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