Cultivo de hortalizas en pleno DF

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AcelgasEl rápido crecimiento de las ciudades y la sobreexplotación de las zonas agrícolas han hecho de la producción de alimentos uno de los grandes desafíos que deben enfrentar los países en desarrollo como México.

La situación no es para menos ya que, hacia el año 2030, cerca de 60 por ciento de la población de los países emergentes habitará en ciudades, lo que impulsará el crecimiento de la población mundial, según estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés).

Ante este panorama, la siembra urbana constituye una alternativa viable, ya que actualmente esta práctica provee de comida a cerca de 700 millones de habitantes de las grandes ciudades del planeta.

La agricultura urbana aprovecha espacios como azoteas, balcones, jardines, parques, basureros y terrenos baldíos para el cultivo de hortalizas, plantas aromáticas, así como plantas ornamentales y medicinales, explica Gabriela Vargas, codirectora de la organización civil Sembradores Urbanos.

En México, uno de los pioneros en incursionar en este esquema es el Distrito Federal. Desde 2007, la Secretaría de Desarrollo Rural y Equidad para las Comunidades (Sederec) del gobierno capitalino capacita a la población interesada en técnicas de agricultura urbana, además de que entabla alianzas con otras dependencias, como la Subsecretaría de Sistema Penitenciario, y organizaciones civiles, a las cuales apoya con asesoría agrónoma y recursos económicos.

De 2007 a 2011 se han desarrollado 240 proyectos en las 16 delegaciones de la capital del país, con 3,727 personas beneficiadas y una inversión total de 22.6 millones de pesos (mdp), informa Lourdes González García, directora de Comunicación Social de la Sederec. En promedio, se obtiene un rendimiento de 10 kilos de vegetales frescos por metro cuadrado.

El interés por este tipo de huertos ha crecido en la medida que se aminoran problemas como la falta de empleo, alimento y desunión social, esto último porque se trabaja con familias, organizaciones civiles, escuelas y centros de readaptación social, agrega la vocera.

A mediados del año pasado, la Dirección General de Tratamiento para Adolescentes, dependiente de la Subsecretaría de Sistema Penitenciario del Distrito Federal, impartió, en colaboración con la organización Sembradores Urbanos, cursos de capacitación a los menores del Centro para Adolescentes de San Fernando, en el que participan alrededor de 60 infractores.

“El Centro de Adolescentes cuenta con su propia hortaliza, que tiene un potencial educativo y de terapia”, comenta Gabriela Vargas, acerca de este trabajo realizado en conjunto con las autoridades capitalinas.

HUERTOS COMUNITARIOS

AcelgasOtro caso de éxito es el programa Siembra Iztapalapa, Agricultura Urbana, de la delegación Iztapalapa, donde comités vecinales transformaron terrenos abandonados y basureros en huertos urbanos. Con 1 millón 815 mil 786 habitantes, la demarcación es una de las zonas más pobres de la ciudad pero encontró en este programa una alternativa para promover el autoempleo y la autosufi ciencia alimentaria.

La jefa delegacional, Clara Brugada, informó recientemente que en el huerto comunitario ubicado en la colonia Leyes de Reforma se han sembrado y cosechado cinco toneladas de lechuga, más de 3,500 de albahaca y 1,800 piezas de coliflor.

Como complemento de la siembra se aplicó el programa Del Campo a la Ciudad, que tiene el propósito de que los productores urbanos vendan sus mercancías, a bajos precios, en diferentes colonias de la misma delegación.

Algo similar sucede con el Huerto Comunitario de Reforma, ubicado en la intersección de Circuito Interior y Paseo de la Reforma, una de las avenidas más importantes de la Ciudad. En un pequeño espacio de 400 metros cuadrados, donado por el Gobierno del Distrito Federal a la organización Sembradores Urbanos, se cosechan anualmente alrededor de 800 kilos de hortalizas como lechuga, acelga, espinaca, jitomate, pepino, calabaza, cebolla, entre otras.

La Sederec estima que cerca de 41 por ciento del territorio del Distrito Federal —entre áreas públicas, privadas y familiares— tiene el potencial para cultivar productos agrícolas. En la siembra urbana sólo se necesita un espacio al aire libre, con un mínimo de cinco horas de sol directo. Las macetas pueden ser desde llantas viejas, huacales, cubetas y bolsas de plástico, hasta contenedores especialmente diseñados.

Todo depende del gusto y las posibilidades de cada quien, refiere Gabriela Vargas. Pero lo más importante es tener en cuenta que mediante este tipo de cultivos se puede transformar un basurero en suelo fértil, además de que los desechos orgánicos son convertidos en composta.

“Nos convertimos en ‘prosumidores’. Dejamos de ser únicamente consumidores y nos convertimos en productores, responsabilizándonos de nuestros desechos, convirtiéndolos en abono y haciéndonos cargo de parte de nuestra alimentación”, refiere la experta.

Existen muchas técnicas productivas para la siembra urbana, entre las cuales destacan la hidroponía, el huerto vertical, la organoponia y el cultivo biointensivo.

En el caso particular del método biointensivo de cultivo —utilizado en los huertos de Iztapalapa—, se trata de un esquema de agricultura en pequeño que no requiere de maquinaria, fertilizantes ni plaguicidas químicos. La herramienta básica es la pala común y sólo se requiere de una preparación del suelo con composta, rotación de cultivos, uso de semilleros, entre otros elementos. Asimismo, este método restituye la fertilidad al suelo 60 veces más rápido que la naturaleza.

Soberanía y alimentación

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