Migraciones y dinámica sociocultural en Tuxtla

llantaA pesar de que a Chiapas llegan tarde los efectos de la modernización y los cambios sociales que se producen en México y el mundo, éstos afectan igualmente a sus habitantes. Esto hace que disminuyan día a día las expectativas de desarrollo de la entidad, o de conservar al menos el bienestar social de los años setenta del siglo pasado. Ahora, la región se encuentra en el ojo del huracán, ya que se incrementan los niveles de pobreza, desatención al campo, desempleo y carencia de servicios en las ciudades. El estado de Chiapas ha pasado de ser “la última frontera” a la entidad fronteriza por excelencia; también ha dejado de ser el receptor de la modernidad postergada y la globalización tardía y el postrer beneficiario del liberalismo social.

Pero, al mismo tiempo, Chiapas se ha convertido en una zona de gran interés geopolítico para las inversiones de capital y el comercio mundial, el eje de los tratados con Centroamérica y el área donde se ponen en marcha proyectos como el Mesoamericano o el Plan Puebla-Panamá. No obstante, se han endurecido las políticas para el control de la línea divisoria del sur, como ocurre con el programa Sellamiento de la Frontera Sur, ya sea en la lógica de la cooperación internacional o, simplemente, mediante el registro, control y vigilancia de los migrantes; esto, bajo la llamada Integración Comercial Centroamericana con México.

experimentan silenciosasLas ciudades resienten el violento proceso de urbanización, el impacto de los flujos migratorios y el incremento del desempleo y la prostitución, así como el aumento de la violencia y el consumo de alcohol y drogas. Sólo en Tuxtla Gutiérrez hay un registro de 2 mil 134 establecimientos de bebidas alcohólicas, aunque oficialmente sólo 153 (7.1 por ciento) se reconoce como bares y cantinas.

La ciudad es ahora muy moderna y está llena de avenidas y cadenas comerciales, repleta de autos, niños de la calle y comercio ambulante —predominantemente indígena y de desempleados—. Se trata de una urbe que intenta conservar sus valores y tradiciones, aunque lo cierto es que el cambio sociocultural es muy fuerte.

Este es un interesantísimo e inédito fenómeno de descomposición individual y colectiva que requiere ser estudiado con imaginación, compromiso social y humanismo para que, desde esa perspectiva, se pueda identificar el rostro más descarnado de Tuxtla. Algunas de las circunstancias que provocan el actual estado de cosas pueden observarse desde varias dimensiones; a saber:

ojo del huracána) Económica. Los fenómenos del hacinamiento y la ampliación de las áreas marginales en la ciudad están asociados con el deterioro de la producción agrícola y el desarrollo socioeconómico regional.

b) Social. Se observan condiciones propicias para el conflicto, las rupturas intracomunitarias y el debilitamiento del tejido social, lo que impacta en lo local y provoca cambios en los micropoderes, el territorio y las relaciones intersubjetivas. Por ello se observan realidades contradictorias en las esferas de la política y la planeación urbana, la habitación familiar y la economía doméstica, las necesidades de empleo y su relación con la migración, entre otras.

c) Cultural. Se han modificado radicalmente los patrones de consumo —de alimentos, de vestido, en la construcción y en la ocupación del tiempo libre y del espacio urbano en las áreas públicas—. Las convivencias familiar e intersubjetiva se han visto trastocadas tanto como los valores educativos, ya que ahora son formadoras de seres atomizados entre el mundo público y el privado. Si sus habitantes antes vivían inmersos en la comunalidad y el interés colectivo —existiendo en tanto miembros de la unicidad y numinosidad del mundo mesoamericano—, ahora su existencia transcurre entre el pragmatismo y el utilitarismo individualista, el estrés, la vitalidad y firmeza del mundo objetivo, mercantil y dinerario, constantemente en competencia por el éxito personal.

Si se considera que en los últimos 40 años se ha producido un vertiginoso cambio cultural en la frontera mexicana, es posible intentar comprender sus problemas actuales. En Tuxtla, además de las dimensiones anteriores, se destaca el cambio de filiación religiosa, asociado a nuevas actitudes frente a la vida, la familia y la sociedad. Además, la guerra de “baja intensidad” y el masivo desplazamiento interno de la población —principalmente indígena— han sido los detonadores de la migración a la ciudad.

En suma, Chiapas atraviesa por un intenso proceso de migración interna e internacional. Tuxtla se encuentra entre las cinco principales ciudades en expulsar y atraer población migrante, además de ser un lugar de tránsito de flujos migratorios, los cuales están cambiando la fisonomía de todas las urbes fronterizas.

INDÍGENAS EN LA CIUDAD

MigrantesDesde mediados del siglo pasado, se ha intensificado la migración nacional. Sin embargo, Chiapas ingresa a esta dinámica hasta los años setenta con la movilidad poblacional campesina e indígena hacia los centros urbanos locales del sur y sureste mexicanos, como Cancún, Villahermosa, Mérida, Tapachula y Tuxtla Gutiérrez. Pero la migración hacia el norte del país y los Estados Unidos se produce desde la última década del siglo pasado y se mantiene hasta nuestros días.

Los indígenas nutren y diversifican los procesos migratorios y se están convirtiendo en una gran veta de mano de obra resistente y barata; además, como una estrategia de sobrevivencia, han creado complejas redes sociales y se adaptan a nuevos campos y ciudades. Su versatilidad en el empleo, así como su capacidad y decisión para romper el aislamiento y la marginalidad rural, les ha permitido fortalecer la recomposición comunitaria en otras áreas culturales, la reconstrucción de identidades y el establecimiento de las comunidades trasnacionales.

Con el vertiginoso crecimiento de Tuxtla Gutiérrez, han aumentado los flujos migratorios, las demandas de servicios y el mundo de las mercancías. Por esto, la presencia de los indígenas en los mercados se ha ido incrementando, pues poco más del 30 por ciento de ellos controla el mercado formal; pero hay que mencionar que también dominan el 40 por ciento del comercio informal en las colonias periféricas de la ciudad.

ojo del huracánDe un total de 4 mil 362 locales establecidos en los 14 mercados que había en 2002 en el municipio, los indígenas controlaban mil 105. En el presente sexenio se han reconstruido tres mercados y se hicieron dos más; asimismo, ha habido un incremento del mercado informal alrededor de los grandes centros comerciales y en las más de 400 colonias populares de la ciudad.

Hace pocos años, aplicamos 273 encuestas a familias indígenas —en total, mil 73 miembros—. Aunque nuestros datos se vieron minimizados por varios problemas, la magnitud de la presencia indígena fue muy significativa: En el mercado de Los Ancianos había 500 puestos vacíos (de mil 200 existentes), por serios problemas de liderazgos en el interior del mercado. En el Mercado de Abastos, los locales están subarrendados y, por esta circunstancia, los locatarios se deslindaron de cualquier interrogatorio, pese a que se les avisó a los administradores con anticipación, [allí] también existen serios conflictos internos.1 Aun así, contamos con estadísticas que nos llevaron a interesantes, serios y dramáticos resultados.

RESULTADOS Y REFLEXIONES

Niños1. Frente a los cambios sociales provocados por la globalización y la migración, la resistencia cultural de los indígenas parece aún controlar la cohesión interna comunitaria y la estructura familiar mediante múltiples estrategias colectivas. La familia extensa indígena conserva en sus comunidades originales al menos 30 por ciento de adultos y 75 de niños; es decir que el 70 por ciento de adultos se dedica al comercio en la ciudad y, por lo tanto, puede considerársele migración temporal, pues no rompe con el vínculo familiar en su territorio indígena. De los encuestados en 2002, el 61 era casado, el 14 vivía en unión libre y el 21 era soltero, mientras que sólo un 4 por ciento era viudo o divorciado. Esto significa que la familia indígena se recompone entre el comercio en Tuxtla, la milpa en la comunidad y el flujo de sus miembros del campo a la ciudad.

2. Encontramos que el municipio de Zinacantán, de habla tzotzil, es el que más migrantes comerciantes envía a Tuxtla: 55 por ciento, y le sigue Chamula con el 22; el resto arriba de San Cristóbal, Chenalhó, Ixtapa y Chiapa de Corzo, donde también hay comunidades de migrantes zinacantecos.

3. Otro fenómeno importante es que las mujeres se están sumando a la migración, y su presencia en los mercados de Tuxtla es cada día más notoria, ya que ellas se encargan de vender flores y frutas junto a sus esposos o familiares. Sin embargo, el analfabetismo y la baja escolaridad las golpea más, pues encontramos que ellas están por abajo del promedio de escolaridad, de 2.4 años por familia. También se las encuentra en restaurantes, cocinas económicas y hasta bares y cantinas. En Tuxtla no es difícil detectar a mujeres indígenas en el ámbito de la prostitución.

4. La principal causa de la migración es la búsqueda de trabajo; pero quienes emprenden el camino persisten en conservar los lazos familiares y el vínculo con la comunidad. El 77 por ciento de los encuestados visita su comunidad con una frecuencia de entre 7 y 30 días; el 92 testimonia estar “feliz, contento, con una mejor economía, aprendiendo del trabajo del negocio propio”, y sólo algunos (7 de 273 informantes) dijeron: “Extraño mi pueblo, pero ni modo: allá no hay dinero”. Sólo 15 se manifestaron indiferentes. Sin embargo, la vida continúa, y conviven citadinos con indígenas, y éstos bien pueden sumarse sin muchos conflictos al trabajo en la ciudad y mantener, a su vez, la relación con sus comunidades.

INDÍGENAS Y MODERNIDAD EN TUXTLA

los flujos migrtoriosSe está produciendo un marcado reordenamiento territorial en Tuxtla Gutiérrez y la estructuración del espacio regional no está siendo planificada en la frontera sur mexicana. Desde lo local hasta lo regional y hacia lo global, las áreas culturales indígenas se desdibujan para recomponerse en los espacios urbanos; esto, sin abandonar el campo. Si el mundo y los mercados se han abierto, ¿por qué no lo habrían de hacer los indígenas en Tuxtla Gutiérrez? ¿Será este proceder un paso en la recuperación de sus territorios aunque ahora se llamen ciudades? Veamos:

La ciudad de Tuxtla Gutiérrez se caracteriza actualmente por el ajetreo madrugador y cotidiano de sus 14 mercados, donde el poder indígena se enseñorea comerciando legumbres, flores y frutas, dulces y cigarrillos, paletas y barro, pero no sólo de la región, sino provenientes de todo el mundo. Las áreas de convergencia multicultural se ensanchan día con día, y el indígena de Los Altos reaparece constantemente tras los montículos de jitomates, cilantros y rábanos, o tras los grandes canastos de verduras y ramilletes de flores, sean éstas de Zinacantán o del Estado de México, de Delicias, Sonora, o importados de California u otros estados de la Unión Americana y Canadá.2

policia-migrantesEsta ciudad no es más la quejumbrosa y anquilosada Villa de San Marcos Evangelista Tuchtla ni el pueblo grandote capital de Chiapas. Ahora Tuxtla es una ciudad cosmopolita con aeropuerto internacional, tres universidades públicas y múltiples privadas, presencia militar constante en dos grandes zonas muy modernas, un comercio pujante de grandes masas de consumidores formadas por grupos y familias de distintas procedencias étnicas, culturales y lingüísticas. Es decir: en ella viven y se relacionan nativos, inmigrantes, emigrantes y transmigrantes de todo el mundo.

Cuando Manuel Velasco Suárez —gobernador del estado en el sexenio 1970-1976— dijo: “Todo en Chiapas es México”, dio la orden del “redescubrimiento” de esta tierra. Así llegó el cambio social, y ahora el proceso constructivo de esta modernidad tuxtleca es imparable. Los indígenas lo han comprendido y asisten puntualmente a la obra puesto que, sin su presencia, no sería posible pensar la ciudad.

La multiculturalidad en esta urbe no es un discurso ni un modelo educativo, sino la convivencia cotidiana entre los mundos sociales de chamulas, zinacantecos, chiapacorceños, suchiapanecos, mestizos, chilangos y gringos. La moderna ciudad de Tuxtla Gutiérrez, pues, se encuentra inmersa en la dinámica sociocultural del “prójimo y el extraño”.

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