Arte popular, riqueza desperdiciada

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De una vasta gama de artesanías que existían en México, las que han sobrevivido al paso del tiempo enfrentan la indiferencia de la sociedad, la competencia desleal y las dificultades de los artesanos para organizarse y comercializar sus productos, lo que constituye un desafío para el desarrollo de las comunidades que viven de esta actividad productiva.

AlebrijesAlgunas de las artesanías que cuentan con apoyo, fomento y protección a su trabajo son los alebrijes —elaborados en madera o cartón—, el barro negro de Oaxaca, la talavera de Puebla, la plata de Taxco y el rebozo de seda de Santa María del Río, así como los rebozos que también se confeccionan en Tenancingo, La Piedad, Santa Ana Chiautempan y Moroleón.

Otras artesanías que han obtenido reconocimiento internacional es el arte huichol —principalmente las tablas de estambre o nierikas que se caracterizan por sus diseños psicodélicos— y los árboles de la vida de barro, originarios de Metepec. Éstos últimos, ampliamente copiados por fabricantes chinos, aunque fácilmente identificados por su mala calidad, refiere Ángel Sierra, director general del Fondo Nacional de Apoyo para las Empresas en Solidaridad (Fonaes).

Frente a estos desafíos, ya no basta con apegarse a un profundo aprecio por la tradición, los artesanos y los municipios que viven de estas actividades tienen que innovar y modernizar las artesanías, además de conciliar la preservación biológica y el uso de Internet.

Barro negroEn este sentido, el Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (Fonart) ha registrado 45 Marcas Colectivas Artesanales que brindan protección jurídica, no sólo a productos como el árbol de la vida de Metepec, sino también a los muebles de Pichátaro, el cazo de cobre de Santa Clara y la loza de San Pablo del Monte, entre otros.

Y es que además de proteger la propiedad intelectual, las Marcas Colectivas buscan demostrar que la materia prima utilizada corresponde a la zona y que la artesanía no atenta contra el medioambiente y la preservación de los recursos naturales.

No se sabe con exactitud la cantidad de artesanías piratas que llegan al país, principalmente de China y Guatemala, pero los artesanos más afectados son aquellos que se dedican a la cerámica, los textiles, las guitarras y los juguetes de madera.

Así que para frenar la venta de ámbar chino —elaborado con plástico y vidrio—, así como de textiles guatemaltecos y algunos alebrijes de plástico originarios de Estados Unidos, es necesario que los estados y los municipios avancen en el registro de Marcas Colectivas, asevera Ángel Sierra.

ORGANIZACIÓN GREMIAL

AlfareraEl funcionario también advierte que “mientras los artesanos no se organicen será muy difícil que puedan hacer frente a un mercado cada vez más complicado” y explica su punto de vista al manifestar que, “salvo algunas excepciones, no se puede vivir de una artesanía como la actividad principal, porque es más fácil que la gente viva del campo y como complemento fabrique artesanías”.

En España los artesanos pueden certificar la autenticidad de su producción mediante la obtención del carné artesano correspondiente a su oficio, documentos que son otorgados por cada comunidad autónoma. En México eso no existe, es más, algunos productores han tenido que etiquetar la artesanía con la leyenda “Hecho en China”, comenta Walther Boelsterly, director general del Museo de Arte Popular (MAP).

PROYECTO DE LEY

Con el propósito de otorgar un apoyo más decidido a los artesanos mexicanos, la Cámara de Diputados discute actualmente el proyecto de Ley Federal Artesanal, que ya fue consensuado en el país con todos los sectores involucrados, informa la directora general del Fonart, Rafaela Luft Dávalos.

Alrededor de 8 millones de personas están involucradas en la creación de arte popular mexicano; sin embargo, “no tenemos una Comisión de Artesanías en San Lázaro. ¿Quién va a luchar por el sector de artesanos?”, cuestiona la funcionaria federal, aunque enfatiza que varios organismos públicos cuentan con programas al servicio de esos productores.

Rafaela LuftExpone que los fabricantes enfrentan varios desafíos. “Al no usarse la artesanía, ésta deja de producirse, como es el caso del molinillo de madera, y como esa, hay muchas ramas artesanales por perderse”, comenta Luft Dávalos. Para evitar que esto suceda, el Fonart impulsó el concurso nacional y el Gran Premio de Arte Popular; que promueve la innovación y preservación.

En la actualidad, los artesanos inventan, piensan en la gente joven, en los espacios chicos, en la moda y sobre todo en la eliminación de elementos tóxicos. Luft Dávalos pone como ejemplo que, desde hace 15 años, se produce cerámica sin plomo.

Sin embargo, refiere que “ningún municipio ha sido declarado libre de plomo. Es una lucha enorme que no sólo involucra al Fonart, sino también a la Secretaría de Salud, los talleres de artesanos, los gobiernos municipales y estatales —para que acompañen la transformación tecnológica— y un público responsable que pregunte y compre vajillas libres de plomo”. Actualmente se requiere de una inversión aproximada a 30 mdp para transformar tecnológicamente a los 10 mil talleres de cerámica tradicional de vidriado, según cálculos del Fonart.

La producción artesanal enfrenta otro problema, que es la escasez de la materia prima, como la palma, el popotillo y el mimbre. En el caso de la palma, se ha perdido poco a poco la técnica por falta de interés de las nuevas generaciones y porque su explotación desmesurada ha contribuido a su agotamiento, de tal manera que se ha sustituido por fibras artificiales como la rafia.

Mientras la Cámara de Diputados se decide a aprobar la Ley Federal Artesanal, existen otros instrumentos al alcance de los productores y las autoridades locales, como el Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMYC), del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), que protege a las artesanías en riesgo de desaparición —entre ellos los rebozos negros del Estado de México, las fibras del henequén de Yucatán o los hornos tradicionales de San Luis Potosí—, explica Luis Antonio Tovar Fuentes, encargado de la Subdirección del PACMYC.

Para cuando los legisladores aprueben una mayor protección jurídica a los diseños de los artesanos, es probable que el Fonart tenga en marcha la tienda virtual de artesanías, con lo que México se mantendrá a la vanguardia al generar productos de calidad mundial, con certificados de autenticidad y de calidad.

Rafaela Luft, directora del organismo dependiente de la Secretaría de Desarrollo Social, confía en que esta propuesta se materialice pronto ya que, si bien existe un presupuesto de 11 mdp, la iniciativa va más allá al incorporar otros elementos, como “el embalaje, la actualización de inventarios, la creación de un sistema de costos y la elaboración de toda una plataforma informática que por lo pronto ha resultado difícil de integrar”, concluye la funcionaria.

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