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Atención en el hogar, fuente de recursos.

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Pendientes de equidadNiños, adultos mayores, personas con discapacidad, enfermos; son personas que requieren cuidados y que generalmente están bajo vigilancia de otras personas, principalmente mujeres. Las atenciones que requieren demanda tiempo de aquellos que los cuidan, pero en las condiciones actuales, quienes se encargan de ese trabajo tienen qué combinar dicha labor con otras actividades que les reporten ingresos.

Lo anterior forma parte de un concepto relativamente nuevo a partir del cual se busca explorar las posibilidades de generar una dinámica económica a partir de encargarse de la atención a otros en condiciones de equidad, pero sobre todo, con mayores oportunidades de desarrollo para las mujeres. Este concepto es la economía del cuidado.

Para comprender mejor la noción, Patricia Mercado, directora de la iniciativa SUMA, Democracia es Igualdad, explica que la economía del cuidado consiste principalmente en el desarrollo de bienes y servicios pagados por actividades que impliquen la asistencia de las personas que requieran una atención constante. “Generas un mercado de bienes y servicios a partir del cuidado”, apunta.

Por lo general, este tipo de trabajos no reporta ningún ingreso para quienes lo realizan. De acuerdo con cifras de la última Cuenta Satélite del Trabajo no Remunerado de los Hogares de México, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en 2010, el valor del trabajo no remunerado en los hogares representa 21.9 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), es decir, que si a las personas que realizan labores domésticas y cuidados se les pagara por su actividad, aportarían a la economía del país el equivalente a una quinta parte del PIB nacional.

En lo que se refiere a proporcionar asistencia y apoyo a los integrantes del hogar, la cuenta revela que este rubro representa 31.6 por ciento de todo el valor económico del trabajo no remunerado en hogares, casi la décima parte del PIB del país. Asimismo las tres cuartas partes de quienes realizan estas actividades, es decir, 75 por ciento son mujeres. Esta cifra es un botón de muestra del porqué se pretende generar una economía del cuidado con especial atención en la equidad de género.

María de la Paz López, asesora técnica de Estadísticas de Género y Políticas Públicas de ONU Mujeres en México, puntualiza que el género femenino participa cada vez más en el mercado laboral en busca de un ingreso, al mismo tiempo que cumplen con un rol que tradicionalmente se les ha asignado, el del cuidado. El avance de las mujeres en ese sentido es notable: en 1970, México tenía una tasa de participación económica de las mujeres de 17 por ciento, aproximadamente, hoy en día esta cifra es de 42 por ciento, explica.

POLÍTICAS PÚBLICAS

Silla de ruedasUna parte fundamental de la economía del cuidado es el desarrollo de políticas públicas orientadas a fomentar una participación más decidida y con mayor eficacia de las mujeres en las tareas de atención y que al mismo tiempo satisfagan su derecho de insertarse en el mercado laboral.

La funcionaria de la ONU comenta que existen dos tipos de enfoque para lograr dicho objetivo en el marco de la economía del cuidado: uno es que haya compensación para este tipo de trabajo, lo cual implica que en algunos casos la política pública tenga que contemplar remuneraciones a las mujeres que se quedan en casa cuidando a los niños, enfermos, adultos mayores, etcétera.

Otro punto de vista apunta a que los esfuerzos deben orientarse a generar políticas con el objetivo de empoderar a las mujeres en actividades para las cuales han sido capacitadas; políticas que, por ejemplo, consideran el tiempo de ellas como algo importante, como hacer más eficiente el tiempo de espera en los servicios médicos, o que si existen capacitaciones para el empleo éstas se hagan cuando puedan asistir sin descuidar su trabajo o sus actividades en el hogar.

“Todo lo que tiene que ver con economía del cuidado tiene una carga importantísima en igualdad de género; estas políticas al final de cuentas lo que deberían buscar es llegar a condiciones más igualitarias de relación entre los sexos, y en ese sentido permitir que las mujeres sean libres de elegir entre la permanencia en la casa, la vigilancia de los hijos o desarrollar alguna actividad económica remunerada”, afirma Mónica Orozco, directora general de Evaluación y Desarrollo Estadístico del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres).

“Hoy la mayoría de las mujeres afirma que la principal limitante para que puedan destinar más horas a su trabajo remunerado es el cuidado de sus hijos y las familias”, advierte.

EL FUTURO NOS ALCANZA

Además de la cuestión de género, hay otra situación que ilustra la urgencia de diseñar políticas orientadas a la economía del cuidado, y es que nos encontramos en una fase avanzada de transición demográfica.

En la actualidad 26 por ciento de la población, es decir, más de 30 millones de personas, está compuesta por jóvenes de entre 15 y 29 años, mientras que la población de 60 años y más sólo alcanza 9 por ciento; sin embargo, dentro de 30 años, ese mismo porcentaje de jóvenes se convertirá en población adulta mayor.

Al mismo tiempo, cada vez más personas padecen enfermedades crónico degenerativas como cáncer, diabetes, enfermedades del corazón, entre otras. Es decir, la población que demanda cuidados está creciendo.

Ante ese panorama, las especialistas coinciden en la necesidad de preparar, desde ahora, profesionistas especializados en la atención de adultos mayores, ya que al día de hoy ese trabajo recae principalmente en las mujeres.

EJEMPLOS EN EL MUNDO

Al exponer ejemplos de acciones que otros países están desarrollando en torno a la economía del cuidado, la funcionaria de Inmujeres comenta que en países como Noruega, Dinamarca o Suecia existen políticas de fomento al retiro por paternidad, las cuales permiten que una vez concluido el periodo de recuperación de las mujeres que dan a luz, la pareja puede elegir quién de los dos puede encargarse del niño y obtener una remuneración por ello.

En México las acciones más claras están en el campo del cuidado infantil, particularmente en lo que tiene que ver con el desarrollo de guarderías y estancias infantiles; no obstante, a decir de Paz López, hace falta abordar este tipo de esfuerzos más allá del cuidado en los primeros años de vida, lo cual implicaría diseñar esquemas de tiempo completo en escuelas primarias y secundarias pero desde una perspectiva del cuidado y no sólo desde el punto de vista pedagógico.

Las especialistas concluyen que la economía del cuidado debe reflejarse en una mayor calidad de vida para los ciudadanos que les permita alcanzar también mayores niveles de cohesión social. Finalmente, advierte Patricia Mercado, ese es el objetivo de un estado.

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