Bosques mexicanos: cómo aprovechar sin talar de más

La falta de recursos tecnológicos, capacitación y acuerdos entre los tres órdenes de gobierno son algunas limitantes que impiden la explotación sustentable de los recursos forestales

ForestacionCuando se habla de Finlandia, dos cosas vienen a la mente al instante: su sistema educativo de excelencia y la riqueza de sus bosques.

Según datos del Ministerio de Asuntos Exteriores finlandés, la industria forestal de ese país representa aproximadamente 20 por ciento de sus exportaciones y es el tercer sector industrial en importancia, después del electrónico y el metalúrgico; representa cerca de 20 por ciento del volumen de negocio industrial y aporta 16 por ciento de los empleos que generan las industrias dentro de esa nación. En su territorio están las sedes del principal fabricante de papel del mundo, Metso, y uno de los más importantes fabricantes de maquinaria forestal, Ponsse.

En comparación con el país nórdico, en México el aprovechamiento de los recursos forestales está en franca desventaja. La superficie forestal nacional es tres veces mayor a la de Finlandia, sin embargo, la producción en ese país es 10 veces mayor que la mexicana. Además, de acuerdo con cifras de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), la tala sin una suficiente reforestación ha ocasionado que se pierdan 155 mil hectáreas de bosques y selvas cada año.

Los especialistas coinciden en que la falta de recursos tecnológicos, capacitación, exceso de regulación y la falta de coincidencia entre los tres órdenes de gobierno para generar programas productivos son algunas limitantes que impiden la explotación sustentable del recurso.

POCA PRODUCCIÓN

De acuerdo con datos del Censo Agrícola, Ganadero y Forestal del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), existen 139.5 millones de hectáreas de terrenos cubiertos por bosques, selvas y matorrales de zonas áridas; se estima que 21 millones de hectáreas son aptas para la explotación comercial, de las cuales sólo se aprovecha un poco más de la cuarta parte: actualmente se producen alrededor de 7 millones de metros cúbicos de madera, de un total productivo estimado en 30.5 millones.

En julio de 2014, el Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco) y la asociación civil Reforestamos México presentaron el Índice de Competitividad Forestal Estatal (Icofe), con el objetivo de proveer información útil para el aprovechamiento sustentable de los bosques del país.

Mario Bringas Avila

Mario Bringas Avila / FOTO ROSALÍA MORALES

Mario Bringas Ávila, coordinador del Icofe, explica que existen zonas forestales con diferentes niveles de competitividad y precisa que 36 por ciento de la superficie forestal nacional se encuentra dentro de estados con un nivel de competitividad bajo o medio-bajo, mientras que 28.5 por ciento se encuentran en un nivel medio, y sólo 35 por ciento de la superficie forestal tiene una competitividad alta o media-alta.

Los tres estados que se encuentran en el grupo de mayor competitividad (alta), es decir, los más capaces para atraer y retener inversión y talento en sus bosques, agregando valor en ellos y evitando su pérdida son Nuevo León, Coahuila y Chihuahua, mientras que las entidades con menor competitividad (baja) son Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Puebla y Yucatán.

“Un estado con poca sofisticación tiene retos para transformar y agregar valor a sus bosques, mientras que un estado con una alta sofisticación puede potenciar su economía a partir de la actividad forestal”, detalla .

Uno de los principales hallazgos del Icofe es el bajo porcentaje (menor a 1 por ciento en promedio) de volumen de madera producida en terrenos forestales con autorización de aprovechamiento maderable de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), así como la disparidad de los niveles de productividad. Mientras que las empresas forestales de Chihuahua produjeron en promedio 12 millones 460 mil 947 pesos por empresa en 2014, en el Distrito Federal sólo produjeron 19.4 pesos.

La base de datos deja ver que los 10 municipios con la mayor cobertura forestal en su territorio —arriba de 98 por ciento— se encuentran en estados con baja competitividad forestal como Oaxaca, Chiapas, Guerrero y Veracruz.

¿CONSERVAR O APROVECHAR?

Los especialistas coinciden en que las visiones de conservación y aprovechamiento no están peleadas. Emilio Cruz Sánchez, subdirector de Política Pública de Reforestamos México sostiene que al sector forestal nacional se le ha visto desde un ángulo conservacionista, “algo que no se debe tocar y que se debe mantener sin alteración”, a diferencia de lo que ocurre en países como Finlandia, que han implementado ciclos de aprovechamiento y recuperación de sus bosques.

Emilio Cruz Sanchez

Emilio Cruz Sánchez / FOTO: ROSALÍA MORALES

Las cifras de la Conafor en cuanto a producción silvícola de los últimos años, ubican a Durango y Coahuila como los estados con mayor producción maderable con 50 por ciento de la producción total nacional entre ambos; les sigue Jalisco con 19 por ciento, y Michoacán y Oaxaca, que en conjunto aportan otro 6 por ciento.

La Estrategia Nacional de Manejo Forestal Sustentable para el Incremento de la Producción y Productividad 2013- 2018, elaborada por la Semarnat, define 16 Zonas de Reactivación de la Producción y Productividad Forestal, en los estados de Chihuahua, Durango, Jalisco, Michoacán, Estado de México, Hidalgo, Tlaxcala, Puebla, Veracruz, Guerrero y Oaxaca, en las cuales se establecieron 34 cuencas de abastecimiento que, además de los estados de Campeche y Quintana Roo, que sustentan las selvas medianas productivas en México, serán las entidades en las que inicialmente se implemente. Dichos territorios sustentan 90 por ciento de la actual producción forestal maderable del país; La meta es incrementar en 86 por ciento la producción maderable del país.

Las regiones de aprovechamiento son vigiladas por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) con la intención de evitar la tala clandestina. “Tenemos convenios con los gobiernos estatales de asociación de funciones en materia de inspección y vigilancia forestal, por ejemplo, hay una estrecha relación con la Protectora de Bosques del Estado de México (Probosque), un organismo descentralizado que puede cumplir con parte de las actividades de la Profepa en materia de vigilancia. También, los gobiernos estatales y municipales nos prestan apoyo a través de elementos policiales armados”, expone Ignacio Millán Tovar, director general de Inspección y Vigilancia Forestal de la Profepa.

El funcionario menciona que dicha institución capacita a las policías municipales en cuanto a la verificación y revisión de documentos, pero aclara que la aplicación de la ley recae únicamente en la procuraduría. “Si la policía municipal detecta anomalías en documentación o en la operación de algún aserradero, tienen el deber de avisarnos para que las sanciones correspondientes sean aplicadas”, apunta.

Ignacio Millan Tovar

Ignacio Millán Tovar / FOTO: NANCY LÓPEZ

Millán Tovar refiere que los municipios también ayudan en la conformación de los comités de vigilancia ambiental, en los cuales participan ciudadanos de comunidades y ejidos.

El ánimo de conservación y el aprovechamiento forestal pueden convivir de manera adecuada si se pone énfasis en crear una regulación que delimite las zonas susceptibles de ser aprovechadas a partir de la silvicultura, si se brinda la capacitación adecuada a las comunidades y se dota de recursos técnicos para el manejo de recursos maderables.

SIN DEFORESTAR

En las zonas forestales del país, históricamente se han asentado comunidades con actividades productivas con fines de autoconsumo y comerciales. Se estima que existen unas 15 mil comunidades dispersas en el territorio forestal del país habitadas por poblaciones indígenas y mestizas.

Emilio Cruz señala que los apoyos que se entregan a los ejidatarios para actividades ganaderas son más atractivos, por lo que prefiere utilizar el terreno para pastoreo que para producción forestal. De acuerdo con el Icofe, en los últimos 30 años el país ha perdido cerca de un tercio del total de los bosques y selvas debido, entre otras cosas, a que no se emplearon como un activo comercial que permitiera su conservación a largo plazo.

“Cuando hablamos de los beneficios del cultivo y aprovechamiento de madera estamos hablando de dos tipos: por una parte, el proyecto a largo plazo que inicia con la siembra de semillas en las zonas donde se van a aprovechar en 10 años, y por otro lado, el proyecto a corto plazo, que es el aprovechamiento de los bosques naturales en los que se pueden ver utilidades desde el año cero, es decir en los bosque que ya existen. Lo único que se necesita es diseñar un programa de manejo según el sitio y el periodo de desarrollo de los árboles”, subraya Mario Bringas.

Héctor Manuel Loera Gallegos, docente del Instituto de Silvicultura e Industria de la Madera de la Universidad Juárez del estado de Durango, menciona que los esquemas para el aprovechamiento forestal ya se encuentran bien definidos, por lo que sólo hacen faltan recursos y capacitación para detonar las actividades económicas en las zonas donde es posible aprovechar los recursos forestales.

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