El pueblo es el gran juez

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SiluetasEn los gobiernos municipales es común el caso de mandatarios que, por segunda o tercera generación, ocupan cargos de elección popular. Este tipo de situaciones se vuelve cuestionable a ojos de otras estructuras gubernamentales.

Iniciaremos por entender que los sistemas de organización municipal son completamente diferentes a los del Gobierno Federal y local. La diferencia primordial está en que los municipios son gobernados por un cuerpo colegiado integrado por un presidente municipal, de uno hasta tres síndicos y de cuatro hasta once regidores (en municipios grandes como Nezahualcóyotl, Estado de México, puede haber más regidores o síndicos según el número de habitantes), todos ellos electos por voluntad del pueblo.

Las elecciones en los municipios se hacen mediante planillas y los electores eligen en bloque. Sin embargo, lo importante es que todos son electos por voluntad del pueblo y es éste quien los determina.

Lo anterior significa que los municipalizados buscan un grupo de personas a las que consideran que en conjunto, como cuerpo colegiado, van a convenir en todo momento lo más adecuado para el desarrollo del municipio. Si esto es así, se cumple con un asentamiento común que busca el desarrollo de todo el grupo.

No es azaroso que los ayuntamientos estén integrados por un cuerpo colegiado. Los regidores representan a un territorio determinado dentro del propio municipio, por lo que es posible que las personas que votan se sientan llamadas por quien va a ocupar este cargo, ya que representa a la localidad en que vive y eso le da fortaleza y solidez a la democracia municipal, además de que aporta credibilidad y contrapesos a las probables imposiciones que quisiera hacer un presidente municipal o un síndico.

CONTRAPESOS AL NEPOTISMO.

El gobierno municipal resulta entonces más práctico y sensible a las necesidades de los gobernados, al estar integrado por personas que realizan un papel más ordinario en el municipio. Pero hablando democráticamente, las decisiones no radican en una sola persona llamada presidente de la república o gobernador del estado, si no que las decisiones son tomadas por ese cuerpo colegiado.

Para posularse entonces por un cargo administrativo no existe legislación que prohíba a familiares integrar una planilla electiva y por lo tanto un solo cuerpo colegiado. Al revés, lo que se busca, independientemente de que sean familiares, es que sean personas que por su conocimiento, no necesariamente administrativo o político, sino sobre los problemas ordinarios de la comunidad, beneficien al municipio.

En ocasiones es favorecedor este tipo de mandatarios que son parientes de presidentes municipales, síndicos o regidores, y que después de dos o tres generaciones ejercen un cargo de elección popular dentro del ayuntamiento.

Hemos de considerar que quien ocupó un cargo administrativo popular no puede ser electo al periodo administrativo siguiente, pero sí lo puede hacer dejando pasar un periodo intermedio aspirando por el mismo u otro cargo. Coloquialmente a esto se le conoce como la “ley del hueco”.

A pesar del fenómeno del “hueco”, las personas que son parientes de quien haya ejercido alguno de estos cargos no gobiernan solas, porque lo hace un cuerpo colegiado que además de todo es deliberante. En juntas de cabildo se someten decisiones que a mano alzada son votadas y acuerdan sobre el desarrollo de planes y problemas del municipio.

Por ello, aún cuando existieran personajes cuyos parientes no ejercieran bien su cargo, sus acciones estarían frenadas por los otros integrantes del cuerpo colegiado quienes funcionan como un sistema de equilibrio.

El problema importante es con el crimen organizado y la cooptación económica, política o de salud que llegue a haber.

Los delincuentes no se van únicamente con un integrante del cuerpo colegiado, más bien pretenden, por lo menos, a aquellos que sean suficientes en número para obtener la mayoría de votos.

NO SUBESTIMAR AL MUNICIPIO.

Desafortunadamente y aunado a esta situación, en el municipio se explota la ignorancia. Históricamente se ha señalado la idea de que el Gobierno Federal es lo máximo, al igual que los gobiernos de los estados o los gobiernos locales, y siempre se ha bocabajeado al municipio, situación que también ha generado atraso.

Sin embargo, desde 1982 con el entonces presidente Miguel de la Madrid Hurtado, vino toda una revolución a favor de los municipios que aportó más prerrogativas y libertad de gestión.

En conclusión, este tipo de gobierno en muchas ocasiones es mal juzgado, por el hecho de que sus mandatarios sean de 2a o 3a generación, lo cual no es sinónimo de un trabajo incorrecto.

El pueblo es quien se tiene que encargar de valorar a las personas y de ubicar a quienes sean las más indicadas. Afirmo que, aún cuando no sean las mejores, estamos hablando de un cuerpo colegiado que tiene sus propios contrapesos internos, con la finalidad de limitar y frenar aquellas actitudes de sobrepasar o pisotear a las personas.

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