La gestión de residuos sólidos urbanos en México

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Con un retraso de 30 años respecto a países desarrollados, México sigue sin dar un manejo adecuado a 43 millones de toneladas por año de residuos sólidos urbanos (RSU) que generamos los 126 millones de habitantes. No cumplimos ni con la arcaica norma oficial mexicana NOM-083-Semarnat-2003, que regula los sitios de disposición final de los RSU, en una instalación que le denominamos relleno sanitario. Desafortunadamente muy pocos municipios han dado la atención y destinado los recursos económicos que requiere la gestión integral de los RSU; obligación de los gobiernos locales, consagrada en el Artículo 115 constitucional.

Nuestro sistema político-administrativo lo ha dejado indebidamente en manos de los ayuntamientos, con los resultados que todos conocemos: más de 28 millones de toneladas por año de estos residuos están tirados a cielo abierto, generando graves daños al suelo, al subsuelo y seguramente a muchos acuíferos superficiales, además de estar produciendo más de 10 millones de toneladas de CO2 eq/año que calientan el planeta.

La Federación, a través de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), ha impulsado en los últimos tres años nuevas formas de manejo y aprovechamiento de los RSU, como lo propone desde 2009 nuestro Programa Nacional para la Gestión Integral de los Residuos, intervención afortunada que ha empezado a dar resultados.

Tenemos un ejemplo reciente. La Ciudad de México licitó en diciembre de 2016 un contrato de prestación de servicios para tratar 4,500 toneladas por día de la fracción inorgánica no reciclable de los RSU que recolecta, en una planta moderna de termovalorización para llevar a cabo una combustión controlada, en un sistema cerrado que trata químicamente las emisiones tóxicas, mismas que junto con las cenizas y escorias que generará serán dispuestas como lo exige nuestra normatividad vigente.

Prácticamente es una planta termoeléctrica que usará estos residuos en lugar de combustible fósil para producir 965 gigawatts por año, que servirán para mover las 12 líneas del Sistema Colectivo de Transporte (Metro) de la Ciudad de México. Por otro lado, actualmente está en marcha la licitación de una planta de biodigestión anaerobia que procesará 2 mil toneladas por día de residuos orgánicos, y que generará biogás que alimentará turbinas para obtener energía eléctrica. Para lograr estos objetivos, la Secretaría de Medio Ambiente de la Ciudad de México, el 8 de julio pasado, emitió la actualización de la norma ambiental NADF-024-AMBT-2013 que obliga a los capitalinos a separar RSU, como condición indispensable para lograr estas dos nuevas tecnologías de aprovechamiento térmico.

De manera que este ejemplo de la Ciudad de México inicia la meta de “basura cero”, que significa la nueva práctica de no enterrar nuestros RSU en los tradicionales rellenos sanitarios. Debo aclarar que las tecnologías citadas no son las únicas que podemos usar, también tenemos el composteo de la fracción orgánica de los RSU, que junto con las podas de la corteza vegetal de parques y jardines de los ayuntamientos, puede ayudarnos a producir compostas de alta calidad que nos servirán para mejorar nuestros suelos.

Estas prácticas son comunes en Estados Unidos, Alemania, Bélgica, Suecia, Dinamarca, Holanda, Austria, Noruega y Estonia; pero sobre todo en Suiza, que tiene un alto desempeño en el aprovechamiento de sus RSU, que va acompañado de multas importantes a la ciudadanía si no los separa correctamente. Éstos son, a mi juicio, los países (por cierto todos desarrollados) que debemos emular para implementar una moderna gestión de los RSU.

One Comment

  1. Están tan retrasado que incluso en los países “desarrollados” el waste to energy ya no se promueve. Al contrario. Se están buscando nuevas formas de manejo de los residuos sólidos urbanos. Es triste ver como gobiernos hacen cabildeo por empresas con un pasado con el de veolia.

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