Las ciudades cambian de rostro

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Para los gobiernos locales, evitar el fenómeno de la gentrificación es complicado, pero sí se puede redirigir o controlar mediante esquemas de vivienda de interés social y subsidios que garanticen la igualdad entre los nuevos habitantes y quienes tradicionalmente han habitado los barrios

FOTO: DREAMSTIME

A últimas fechas es común encontrar en las ciudades de México los llamados “barrios de moda”. Se trata de zonas que pasan de ser colonias proletarias a friendly, en donde el interés del capital inmobiliario aprovecha la buena ubicación, la óptima movilidad y el acceso fácil a servicios de salud y educación para revalorizar el área e incrementar su plusvalía.

De esta forma, los pobladores originales de bajos estratos y el comercio local que existen en la zona no tienen cabida, lo que da como resultado que abandonen el lugar y que éste sea ocupado por residentes de un nivel adquisitivo mayor. Este fenómeno se conoce como gentrificación, que procede del anglicismo gentry, empelado por primera vez en el Reino Unido para definir el proceso por medio del cual la burguesía y las clases adineradas reocupaban barrios hasta entonces marginales y desfavorecidos.

Jorge Macías.
FOTO: GABRIEL GONZÁLEZ / MERCURYPHOTO

Jorge Macías, director de Desarrollo Urbano, del World Resources Institute (WRI) México, comenta que el fenómeno no es exclusivo de México, pues se da en todo el mundo, por ejemplo, ciudades como París, Barcelona y Londres se han gentrificado de tal forma que ahora no son viables para las personas con menores ingresos y éstas tienen que desplazarse a la periferia.

“El fenómeno orilla a las personas a irse a vivir con la familia a tres horas de distancia, lejos de los centros de trabajo y de los servicios de salud, pues al aumentar la plusvalía del lugar disminuye la oportunidad de comprar o rentar una vivienda”, explica.

CONTROL DE PRECIOS

En general, casi todos los barrios y las ciudades en el mundo moderno nacieron gracias al desarrollo inmobiliario; en sus periodos de desarrollo todos fueron zonas sanas y económicamente seguras y limpias, pero con el paso del tiempo y algunos hechos sociales, incluso medioambientales, cayeron en el abandono.

Javier Delgado Campos, director del Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad (PUEC), de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explica que cuando un barrio se ha deteriorado, los precios del suelo descienden y eventualmente atraen de nuevo el interés de los inversionistas, ya que normalmente esos barrios cuentan con infraestructura y son accesibles para el transporte público y privado.

Javier Delgado Campos.
FOTOS: ROSALÍA MORALES

Por lo anterior, el ciclo de empobrecimiento del barrio se revierte y comienza lo que se conoce como una recualificación, es decir una intervención urbanística sobre sus estructuras en declive por su antigüedad. Por ello es lógico que con las nuevas construcciones los precios de la vivienda aumenten, no obstante, en algunas ciudades del país como Los Cabos, Monterrey, Cancún, Puerto Vallarta y la Ciudad de México, los precios de la vivienda no están controlados, lo que genera que sean inaccesibles para las clases media y media baja.

“El problema no radica en la inversión, sino en que los precios de esas viviendas no están controlados. Los efectos urbanos de esas grandes construcciones tendrían que estar considerados de antemano (suministro de agua, densidad de población por metro cuadrado, altura de las construcciones, cajones de estacionamiento por número de habitantes), no obstante vemos que los permisos simplemente se dan”, sentencia Delgado.

QUÉ HACER

De acuerdo con los especialistas, evitar la gentrificación es complicado, pero sí se puede redirigir o controlar. Para solucionar el problema existen varias opciones: lo más común es que la autoridad asegure viviendas con subsidios gubernamentales en los nuevos edificios, pues son los gobiernos locales quienes pueden garantizar la igualdad entre los nuevos habitantes y aquellos que tradicionalmente han habitado el barrio.

A decir del director del PUEC, un buen punto de partida sería consultar e incluir a los pobladores originales dentro del proceso de diseño y en la toma de decisiones de las obras que se quieran llevar a cabo dentro del barrio o la colonia.

Luis Zamorano Ruiz.
FOTOS: ROSALÍA MORALES

Al respecto, Luis Zamorano Ruiz, director General de Desarrollo Urbano de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi), señala a Alcaldes de México, que actualmente existe la percepción de que hay muchísima construcción de vivienda, pero en realidad no es suficiente y no lo ha sido durante los últimos 10 años.

Paradójicamente, en el país se estima que hay poco más de 5 millones de casas abandonadas. De acuerdo con el Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit), se colocaron alrededor de 6 millones de créditos en años pasados, en una acción de sobreproducción.

“Si analizas lo que ha sucedido en todas las periferias de todas las ciudades, desde Tijuana en el norte, hasta la zona conurbana de Cancún, lo que vemos son grandes ciudades dormitorio periféricas, que le generan a la ciudad una dinámica poco sostenible en términos ambientales, económicos y sociales; es decir, la expansión urbana no les conviene a las ciudades en su conjunto”, indica Zamorano Ruiz.

En opinión de la especialista Cynthia Echave Martínez, de la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona, México comparte junto con América Latina, un urbanismo con diversas aristas muy específicas, por ello debe revisar sus políticas de vivienda, desde un contexto más social y no sólo bajo criterios técnicos, en los que se considere la venta, pero también la renta de vivienda de tipo social, que incluya también al segmento del turismo.

NORMATIVIDAD

Para disminuir o aminorar las consecuencias negativas de la gentrificación, Jorge Macías propone que si un desarrollador inmobiliario va a construir un edificio, por ejemplo con 20 departamentos para un sector medio residencial, un porcentaje se destine para vivienda de interés social. Luis Zamorano recuerda que hace casi cuatro años (19 de agosto de 2013), en la Ciudad de México se suspendió la aplicación de la Norma 26 de la Seduvi, ordenamiento que buscaba impulsar la construcción de vivienda popular y de interés social, y que derivó en abusos de precio y uso de suelo por parte de diversas inmobiliarias.

“Finalmente en abril de este año se publicó una reforma al Reglamento de Desarrollo Urbano, la Norma de Vivienda para los Trabajadores de los Organismos Nacionales de Vivienda, que justamente va encaminada hacia una redensificación importante de la urbe”. Apunta que con esta normatividad se pretende identificar a territorios que cuenten con cuatro características: cercanía con el transporte público masivo, bajas o medias condiciones de riesgo natural, factibilidad de agua potable y que sean colonias que en las últimas décadas hayan perdido población.

“Lo anterior a cambio de que la vivienda a desarrollar tenga un costo máximo de lo que en este momento presta el Infonavit en su término tradicional (que es de poco más de 1 millón 600 mil pesos), acceda a una reducción en el número de cajones de estacionamiento (con el fin de no usar el automóvil); incorpore ecotecnias para ahorro del agua y energía eléctrica; y destine un porcentaje en la planta baja a usos comerciales y de servicio”, explica.

REGENERACIÓN DE ESPACIOS

El director general de Desarrollo Urbano de la Seduvi considera que el consejo desde una ciudad como la capital del país, que ya experimentó la gentrificación, hacia otras que van hacia ese camino es tener mucho más control de la expansión urbana.

Agrega que más bien se deben de procurar procesos de regeneración, de saturación de baldíos al interior de la zona urbana, de densificación de aquellas zonas que reúnan las variables adecuadas (no más de 100 o 150 habitantes por hectárea) “y que si necesitan expandirse lo hagan de manera ordenada y con una mezcla de uso de suelo y de tipología”, finaliza.

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