Medellín, 20 años después del infierno

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La continuidad en políticas contra la violencia y desigualdad, más la innovación de cada alcalde, permitió la transformación de esta ciudad que hoy es referente de urbanismo y participación ciudadana. Aníbal Gaviria nos cuenta cómo lo vivió en su administración

 

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Aníbal Gaviria Correa es administrador de negocios por la Universidad Eafir. Ha realizado estudios sobre diversos temas en la Escuela de Extensión y en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard. Fue gobernador del departamento de Antioquia entre 2004 y 2007, y entre 2012 y 2015 se desempeñó como alcalde del municipio de Medellín.
FOTO: CORTESÍA DE FLICKR

Ciudad de México.- Violencia y desigualdad son los dos grandes retos que enfrentan las ciudades de América Latina y Medellín los vivió como ninguna otra. Hace 20 años, la capital del departamento de Antioquia, en Colombia, pasó por uno de los momentos más oscuros. En los últimos 50 años, ninguna ciudad en el mundo ha registrado los índices de inseguridad y pobreza que llegó a tener la segunda urbe más poblada de ese país.

Hoy la ciudad es otra, en dos décadas experimentó una inusitada transformación, que en 2015 le permitió salir del ranking de las 50 ciudades más violentas del planeta; actualmente registra los niveles más bajos de pobreza y pobreza extrema en su historia; ha sido reconocida como ciudad innovadora a nivel mundial (por arriba de otras como Nueva York y Tel Aviv), y fue distinguida con el premio Lee Kwan Yew, equivalente al Nobel de Urbanismo, que en julio pasado recibieron Aníbal Gaviria, como alcalde saliente, y Federico Gutiérrez como edil entrante.

En estas dos décadas, cada gobierno ha dado un paso más hacia una fase superior en la transformación de la ciudad. Ha habido continuidad en ese propósito, sin importar el gobernante ni el partido político en turno.

Uno de los artífices de este proceso es Aníbal Gaviria Correa, alcalde de Medellín de enero de 2012 a diciembre de 2015 quien, además de dar seguimiento a las políticas públicas transformadoras, en los cuatro años de su gobierno incorporó nuevas, que permitieron profundizar dicha evolución.

Gaviria Correa integró a su gobierno conceptos como urbanismo pedagógico y unidades de vida articulada (UVA), y basó su modelo de gestión en lo que él y su equipo llamaron Ciudad para la Vida, para lo cual tenían que construir antes cinco dimensiones imprescindibles: Ciudad Escuela, Ciudad Empleo, Ciudad Sostenible, Ciudad Segura y Ciudad Saludable; sin perder de vista que los dos grandes enemigos aún eran, aunque disminuidos, la violencia y la desigualdad. Él mismo explica el proceso, en conversación con Alcaldes de México.

Aníbal Gaviria Correa (AGC): Una de nuestras frases bandera fue “Equidad se escribe con E de Educación”, por lo que la inversión tenía que ser a todos los niveles, desde la primera infancia y de la mano con seguridad alimentaria.

La otra E de equidad se relacionaba con el espacio público de calidad, entendiendo a éste como las escuelas, las universidades pero también los parques y los espacios de movilidad.

Equidad también se escribe con E de empleo. Para evitar que después de todo el esfuerzo educativo, los jóvenes se topen con la frustración de no encontrar un trabajo es preciso construir ciudades competitivas que brinden oportunidades a los ciudadanos, y eso nos lleva a la necesidad de construir infraestructura adecuada, buena movilidad, vivienda apropiada y suficiente y que aseguremos calidad en el suministro de agua, electricidad, conectividad, drenaje y otros servicios. Con todo ello se logra una ciudad atractiva para los capitales locales, nacionales e internacionales.

El último elemento es el estímulo al emprendedor para complementar la oferta de empleo. Todos esos elementos son para hacer que conecte la Ciudad Escuela, con la Ciudad Empleo, en busca de equidad.

Alcaldes de México (AdeM): ¿Un solo gobierno puede lograr estos avances?

AGC: Para conseguir verdaderas transformaciones en una ciudad se requiere continuidad, pero no de una persona o de un partido político, sino en la visión y filosofía de gobierno. Una frase que acuñó mi hermano, Guillermo Gaviria Correa —quien, igual que Aníbal, fue gobernador de Antioquia, hasta que fue secuestrado y muerto a manos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)—, es: “La transformación de una ciudad se logra con varios buenos gobiernos, sucesivos, sintonizados”.

La continuidad se basa en la convicción de que las más grandes obras de gobierno son las que uno no termina, pues requieren más allá de un periodo.

AdeM: ¿Cuáles son los beneficios de la continuidad en Medellín?

AGC: El indicador más trascendental es la disminución de homicidios, que es el principal componente de violencia en una localidad. Entre 1990 y 2000 ocurrieron en la ciudad más de 48 mil homicidios; esa cifra representaba alrededor de 20 por ciento de los homicidios en todo el país. En una metrópoli como la Ciudad de México, que tiene aproximadamente 20 millones de habitantes, con la tasa de homicidios que tuvo Medellín en 1991 (que fue de 395 por cada 100 mil habitantes) hablamos de cerca de 80 mil homicidios en un año.

Hoy tenemos el índice de violencia, medido por homicidios, más bajo en 40 años, que es de 20 por cada 100 mil habitantes, todavía es alto pero está muy por debajo de los casi 400 que teníamos hace 20 años. Hoy Medellín, donde vive 5.5 por ciento de la población nacional, tiene menos de 4 por ciento de los asesinatos totales del país. Así que tenemos por primera vez en 40 años una tasa por debajo de la tasa nacional, cuando antes la superaba y contribuía a aumentarla.

El otro indicador es la inequidad. En los años 90 la pobreza extrema en la ciudad era de 20 por ciento, mientras que en 2014 había bajado a 2.8 por ciento. Cerca de 25 mil familias (alrededor de 100 mil personas) salieron de la condición de pobreza extrema en cuatro años de nuestro gobierno, así que al ritmo que íbamos, en dos o tres años debe acabarse la condición de pobreza extrema.

Educación, empleo, seguridad y lucha contra la desigualdad tendrían que ser los ejes de continuidad para el gobierno que inició en enero de 2016. Todos esos temas ya tienen tal arraigo en la ciudadanía, que será muy difícil descuidarlos.

AdeM: ¿Cómo se ha incentivado la participación ciudadana?

AGC: El primer paso es cambiar la cultura de ver la participación ciudadana como el habitante que provee votos el día de la elección. La población debe participar todo el año y concretarse en la convivencia.

Medellín es una urbe líder en el ejercicio de presupuesto participativo, el cual es de 5 por ciento dictaminado por el Consejo de la Ciudad. Las personas escogen los proyectos y el énfasis que quieren dar a cada uno.

Agregamos el programa Jornadas de Vida y Equidad que permitió adicionar otro 5 por ciento; es decir, el presupuesto participativo era de 10 por ciento del total.

Y dejo para el final dos frentes fundamentales de participación ciudadana: por un lado, el urbanismo pedagógico, que consiste en que el ciudadano participe en la selección y diseño de las obras que facilitan la convivencia y el desarrollo.

El otro son las UVA, una nueva tipología urbana, lo digo con cierto orgullo, inventada en Medellín durante mi gobierno. Cada UVA está compuesta por los servicios que la población de la zona eligió. Antes de construirlas se convocó a la población a participar en imaginarios, donde escogían lo que querían.

El urbanismo pedagógico permitió desarrollar un método en el que especialistas realizaban talleres de imaginarios, donde los habitantes dibujaban cómo querían su UVA. Así que un niño de cinco años puede que dibujara un parque; la señora de 30, un salón para gastronomía; el señor de 45, un gimnasio; el joven de 20, una cancha de futbol.

Si había 100 personas que dibujaron una piscina y tres que no la pusieron, esa UVA debía tener piscina. Los diseñadores y arquitectos sugirieron la ubicación y las condiciones en función de las características técnicas de la obra y del lugar.

Cada UVA es diferente. La de San Antonio, por ejemplo, está enfocada en la música, porque los habitantes quisieron que tuviera un auditorio, salas de grabación y de formación musical, entre otros elementos. La de Nuevo Occidente está enfocada en lo deportivo, pues tiene una alberca y un polideportivo. Todas tienen componentes que las unifican, pero cada barrio le da su identidad. También eligen los nombres. Cuando se entrega una UVA las personas dicen: “es la que queríamos” y se apropian y la cuidan. Eso es participación ciudadana.

Las 19 UVA que ya existen se ubican en las 10 zonas donde hay más pobreza. Antes lo que teníamos en la periferia eran comunidades hacinadas, sin espacios públicos.

AdeM: A partir de lo v ivido en e l pasado por Medellín, ¿qué reflexión le merece la situación actual de las ciudades mexicanas?

AGC: La desigualdad y la violencia, como los principales problemas de América Latina, están presentes en México; de hecho, de las 50 ciudades más violentas del mundo, 42 están en México, Venezuela y Brasil. Colombia, que era el que más tenía, hoy está en una posición secundaria.

Soy muy solidario con la situación que vive México porque nosotros experimentamos esas dificultades. Lo único que puedo decir es que vean a Medellín como una fuente de inspiración y esperanza. Modelo no, porque es arrogante y excesivo; referente tal vez, pero mucho más, inspiración y esperanza. Que sepan que hay luz al final del túnel, que Medellín vivió una noche más oscura que todas y salió de ella. El momento doloroso que viven es responsabilidad de gobierno y sociedad, y salir de él también es responsabilidad de ambos.

One Comment

  1. Jairo Londoño says:

    Si sin duda es un gran cambio del cual hay que agradecer también a sectores anónimos, que han ayudado a des escalar los conflictos, pero hay que seguir trabajando y promover oportunidades y buscar la forma de que se tengan cubiertas las necesidades básicas de las comunidades y que los sectores mas vulnerables realmente sean cobijados en su totalidad por el estado y las instituciones publicas y privadas, y aun mas es apremiante ahora apoyar los esfuerzos y las intensiones de paz, para lograr desmovilizar todos los sectores armados del país. A si como Medellìn es ejemplo de cambio, Colombia será atravez de sus procesos de Paz un faro para iluminar las otras naciones.

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