Un recurso vital menospreciado

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GrifoTodos sabemos y reconocemos la importancia que tiene el agua en nuestras vidas. Este recurso natural hace posible el desarrollo de pequeñas y grandes comunidades, lo que marca la diferencia, en muchos casos, entre la prosperidad y el rezago. El agua ciertamente es vida, pero también es progreso y salud. No son muchos los países en los que abunda el agua apta para el uso y consumo humano, lo que resulta irónico si tomamos en cuenta que 77 por ciento de la superficie de la Tierra está cubierta por agua. Así, a pesar de que la disponibilidad de agua promedio anual en el mundo es de mil 386 millones de kilómetros cúbicos, sólo 2.5 por ciento es agua dulce, y de este volumen casi 70 por ciento no está disponible para consumo humano.

Adicionalmente, un alto porcentaje del agua apta para consumo se encuentra contaminada, pues existe un gran número de industrias que descargan aguas residuales no tratadas en ríos, lagos o en el subsuelo, lo que reduce aún más la disponibilidad de líquido potable.

En México, el agua para uso y consumo humano no abunda, por el contrario, la mayor parte del territorio nacional está conformado por zonas áridas y semiáridas. Existe un contraste muy marcado en materia de disponibilidad de agua en el país, lo que ha traído como consecuencia que en muchas ciudades del norte, por ejemplo, algunos organismos operadores de los sistemas de agua potable y alcantarillado limiten o restrinjan el abastecimiento en determinadas horas del día.

LA DEVALUACIÓN DEL AGUA

FugaProporcionar agua potable a los hogares, a las industrias y a los establecimientos comerciales cuesta, y mucho, aunque parezca lo contrario dadas las tarifas y cuotas que se pagan en diferentes ciudades de México, particularmente para uso doméstico o residencial. En el caso del Distrito Federal, el Código Financiero del DF vigente para 2009, establece que el derecho mínimo aplicable por un consumo doméstico mensual de 30 metros cúbicos es igual a 71.50 pesos —para tomas de uso doméstico que cuenten con un medidor—, lo que equivale aproximadamente a 2.38 pesos por cada metro cúbico. En contraste, en la ciudad de Guadalajarala cuota aplicable por consumo doméstico por metro cúbico, a 2007, equivale a 5.04 pesos, y en Monterrey a 6.03 pesos. Si tomamos en cuenta la inversión que requiere efectuar el gobierno Federal y los estados para llevar agua potable a las grandes ciudades, así como para instalar la infraestructura de transporte y de tratamiento, podemos llegar a la conclusión de que las cuotas que paagan n los usuarios en las grandes urbes mexicanas no alcanzan a cubrir ni a compensar las inversiones que el gobierno realiza para abastecer del líquido a estos importantes núcleos de población.

Por otro lado, y según datos obtenidos por la Comisión Nacional del Agua (Conagua), la disponibilidad natural media per cápita del líquido —que resulta de dividir el valor nacional entre el número de habitantes—ha disminuido de 18 mil 035 metros cúbicos por habitante al año en 1950, a 4 mil 312 en 2007. Para 2030 se estima que esta situación en nuestro país se tornará más crítica y será necesario invertir a gran escala en infraestructura de tratamiento y de recuperación del agua.

COSTO REAL

Gota a gotaSi tomamos en cuenta todo lo anterior, resulta claro que uno de los grandes retos que enfrenta México, es el de replantear y redefinir el costo del agua que consumen los diversos sectores productivos, así como la población en general. Para ello es fundamental subrayar que existen disparidades muy marcadas en lo relativo a lo que pagan por el servicio de agua potable los habitantes de la Ciudad de México, por ejemplo, y lo que pagan los de otra localidad de la República.

Por otra parte, y más preocupante aún, está el hecho de que el principal uso de agua en México es agrícola, es decir, para el riego de cultivos y este sector no paga derechos por el consumo y explotación del agua, o paga cantidades relativamente pequeñas, comparadas con las que se pagan por el servicio de agua potable y alcantarillado, o por el uso y explotación del líquido en la industria.

De esta forma, mientras que las personas físicas y morales que no se dedican a actividades agropecuarias están obligadas a pagar derechos por el uso y explotación de agua, de acuerdo con la zona de disponibilidad en la que se encuentren, o tienen la obligación de pagar las cuotas que establezcan las leyes de ingresos de los estados, quienes realizan actividades agricolas o pecuarias quedan exentas de realizar esta retribución en tanto no desvíen las aguas de su cauce natural.

Se reconoce que muchas comunidades carecen de recursos y viven en situaciones de marginación e incluso de extrema pobreza, por lo que difícilmente podrían pagar derechos por el uso y explotación de agua; pero existen empresas que sí cuentan con recursos económicos y que obtienen concesiones para este tipo de actividades. Esto debe de cambiar, debido a que, en el país, el agua es cada vez más escasa y cuesta más distribuirla.

Es necesario que el gobierno Federal replantee el costo del agua y realice un agríanálisis pormenorizado para determinar su valor real en las diferentes regiones hidrológicas, así como quiénes deben pagar por ella. Existe ya en México la posibilidad real de instalar, en las zonas en las que el agua dulce no abunda, sistemas de tratamiento, recuperación y potabilización de agua, tales como plantas desaladoras y plantas de tratamiento secundario y terciario de aguas residuales. Sin embargo, no será posible invertir en este tipo de infraestructura mientras no exista una cuota pagada por el usuario final que refleje, por lo menos en una parte, el costo de inversión para su desarrollo. Por ello es importante legislar con el objetivo de que todos los consumidores de agua contribuyan para tener acceso a este recurso, tanto para uso agrícola y pecuario, como para fines industriales, de generación de energía y domésticos. Esta transición jurídica debe comenzar ya.

Casos de excepciónÉste es un tema difícil por sus implicaciones socioeconómicas, sin embargo, el esquema tributario actual en materia de agua es insostenible, y si no se toman medidas desde ahora para que todos los consumidores de agua en el país contribuyan a pagar el costo de inversión para sanear, tratar o recuperar agua apta para uso y aprovechamiento humano, México estará enfrentando una severa crisis de falta de agua en el futuro cercano.

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