Un candidato preparado vale por dos

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La responsabilidad de fomentar una clase política capacitada y eficiente en el manejo del rumbo de la nación, recae en ella misma

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FOTO: DREAMSTIME

De acuerdo con el Artículo 82 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, los requisitos para ser Presidente de la República se resumen en: ser ciudadano mexicano de nacimiento, residente con más de 20 años en México, hijo de padre y madre mexicanos; mayor de 35 años; no pertenecer al estado eclesiástico o ser ministro de culto; no pertenecer al Ejército; no ser funcionario de ciertos niveles de gobierno seis meses antes de la elección.

Pero, considerando estos requisitos, ¿cuáles son los conocimientos básicos que debe poseer nuestro futuro servidor público? En ninguno de estos puntos se establece el nivel de educación mínimo, idiomas o conocimiento de administración básica. Los candidatos a puestos de elección popular tienen derecho a ser votados sin ser discriminados por el nivel de educación que hayan tenido la oportunidad de adquirir.

Sin embargo, ¿realmente debe importar la preparación académica del candidato? Totalmente, sólo que el nivel de exigencia de la ciudadanía es directamente proporcional a su propio nivel de preparación y educación.

PREPARACIÓN, FUNDAMENTAL

Ante la inquietud de cuál debería ser la preparación mínima de nuestros funcionarios públicos, deberá ser responsabilidad de los partidos políticos, a quienes representan, que estos ciudadanos cuenten con conocimientos básicos en administración, experiencia en el funcionamiento de entidades públicas y privadas, y liderazgo, entre otros aspectos.

Supongamos que tenemos una compañía que genera 355 mil millones de pesos (mdp) al año y tenemos que decidir entre los accionistas de esta empresa quién será el encargado de administrar el capital, bienes y desempeño de este negocio. ¿Dejaría esto en manos de alguien que carece del mínimo de preparación en administración, planeación, negociación y políticas públicas?

Realmente no hay una proactividad de las fuerzas políticas u organismos ciudadanos de motivar la capacitación continua de los servidores públicos. Sin embargo, sería un ejercicio muy valioso capacitar al funcionario público, una vez electo, después de la campaña y antes de tomar posesión.

Este ejercicio daría a las instituciones una herramienta de evaluación que permitiría identificar las áreas que habría que fortalecer del equipo que entraría en funciones con el candidato electo.

En cuanto al conocimiento de otros idiomas, en un mundo globalizado, es muy respetable auxiliarse con traductores cuando se dé la interacción con funcionarios extranjeros.

La preparación académica es fundamental para dirigir las finanzas públicas a buenos términos, al tiempo que genera confianza de la ciudadanía en sus servidores públicos. La aparición de candidatos populares, con bajo o nulo nivel académico, habla de la pluralidad y diversidad en México, y por ende, deberá de respetarse el derecho de estos candidatos a ser votados, y de nosotros a votar por ellos.

La responsabilidad de fomentar una clase política preparada y eficiente en el manejo del rumbo de la nación, es de la misma clase política y de la ciudadanía en general.

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