El sueño quedó atrás

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CancúnCancún fue el más exitoso proyecto del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) en la década de los años setenta del siglo pasado. Orgullo de sus creadores y promotores, el destino turístico más importante de América Latina se encuentra en una coyuntura definitoria. Violencia e inseguridad callejera, playas erosionadas, saturación de cuartos de hotel, contaminación y muerte de ecosistemas claves del capital escénico, así como errores en la toma de decisiones políticas han llevado al abaratamiento del destino.

Un análisis de las causas que llevaron a este momento crucial incluye los efectos del cambio climático. Tormentas, ciclones tropicales, ciclos de lluvia y sequía extremos, además de afectación severa de los arrecifes de coral por acidez en las aguas costeras, se encuentran entre los factores a considerar en la pérdida de las riquezas naturales características de Cancún.

En la etapa de consolidación, ocurrida antes del huracán Gilberto en 1988, el sitio vivió un momento de privilegio: hubo proyectos de inversión millonarios y una gran expansión protagonizada por la construcción desordenada de hoteles, marinas, campos de golf, conjuntos

habitacionales y plazas comerciales. Esa fue la dinámica y el ritmo del crecimiento de Cancún durante el fin del siglo XX.

En archivos y recuerdos permanecen decenas de planes de ordenamiento urbano, de organización territorial y reglamentación del uso de suelo, violentados por la corrupción oficial y la falta de escrúpulos de inversionistas sin ninguna visión de futuro. Ni las autoridades federales de turismo, ni las dependencias estatales de planeación e impulso del turismo, ni mucho menos las administraciones municipales han podido detener el deterioro de Cancún en medio de la más severa crisis económica. A ésta se le ha sumado la difícil condición sanitaria provocada por la influenza AH1N1, así como la lucha contra los cárteles del narcotráfico que pretenden apoderarse de la plaza. Además, el secuestro y tráfico de personas confieren condiciones de inseguridad nacional a la situación.

UN SITIO INTEGRALMENTE PLANIFICADO

DesastreSegún la teoría del desarrollo turístico, hace bastantes años que Cancún rebasó cualquier límite del desarrollo urbano planificado. Todos los habitantes de la cabecera municipal de Benito Juárez perciben ahora que la ciudad ha dejado de ser el polo de desarrollo de los primeros 20 años. Fonatur enfila sus baterías hacia el noreste de la República, mientras que abandona paulatinamente los proyectos del siglo pasado, cuando fueron creados sitios como Huatulco, Los Cabos y Cancún, que son ejemplo de un modelo de desarrollo superado por la realidad nacional e internacional.

El proyecto de Fonatur, el de los pioneros, descrito en el libro Cancún, sueño de banqueros, de Fernando Martí, ha quedado atrás. Desde la primera década de realizado el proyecto fue posible prever que la ciudad, diseñada en apoyo al proyecto de la zona hotelera, no resistiría el éxito de una promoción que atrajo a Cancún a miles de compatriotas y extranjeros que se quedaron para fincar sus proyectos de futuro. Aquel romántico diseño del plato roto, en la zona urbana, reventó en la primera oleada de poblamiento que dio origen a la colonia Nuevos Horizontes, y a partir de ahí se detonó un crecimiento desorbitado que rebasó cualquier plan de desarrollo urbano y manejo adecuado del uso del suelo.

El concepto de Fonatur fue un éxito de planeación en su tiempo, el sueño de banqueros, hoteleros, mayoristas del turismo de masas, inversionistas, acaparadores de tierra, lavadores de dinero, monopolios de transporte, líneas aéreas y mafias se cumplió. Sin embargo lo demás, los problemas urbanos y sociales que trajo el explosivo crecimiento, sobre todo en las décadas de los años ochenta y noventa, se lo dejaron a los gobiernos.

Luego vinieron los incendios provocados en la periferia, con el fin de crear las regiones y darle forma a un monstruo urbano que consume grandes recursos en una región costera frágil y severamente amenazada por un colapso ambiental.

Cancún no ha podido sobreponerse a las oleadas de poblamiento que la hicieron destino de miles de desempleados de todo el sureste mexicano. Un orgullo vano de los cancunenses pioneros es que este proyecto, en efecto, resolvió las carencias de los gobiernos de Chiapas, Yucatán, Campeche, Veracruz y otros más en materia de empleo, vivienda, educación y salud, hasta reventar en lo que ahora son regiones de miseria sin servicios ni futuro.

SATURACIÓN HOTELERA

Casas de láminaLas tres primeras etapas del desarrollo hotelero tardaron menos de 30 años en construirse. La frágil área insular del original Cancún, con sus sistemas lagunares de canales de interconexión marina, con la magia del color turquesa y la blanca arena de sus playas, así como sus manglares y los grandes humedales, sucumbió ante toneladas de cemento, lo que implica una presión mortal para ecosistemas complejos.

La imagen aérea de Cancún, con sus torres elevadas, hoteles construidos sobre la playa y los arenales, con marinas en sus lagunas interiores y miles de turistas en temporada alta, fue la promoción de la ruptura; en efecto, esa imagen fue vendida a cientos de empresarios de todo el mundo, pero hipotecó el futuro debido a la sobredensificación de zonas de gran fragilidad natural.

Cancún tiene más de 30 mil habitaciones. En la crisis económica actual varios hoteles han cerrado sus puertas.

Un caso emblemático es el Hotel Med, un modelo de cinco estrellas diseñado para la élite viajera. La falta de turistas produjo su cierre, al igual que el de muchos otros en la zona hotelera y en el centro de la ciudad.

La saturación no es sólo de infraestructura hotelera. En la vorágine del crecimiento han abundado inversionistas que compraron a las autoridades en turno terrenos de zonas frágiles, y ahí edificaron conjuntos habitacionales, torres de condominios, plazas comerciales, marinas, restaurantes y edificios para negocios que hoy están vacíos.

AGUA POTABLE, DRENAJE Y SANEAMIENTO AMBIENTAL

Todo asentamiento humano tiene requerimientos de servicios. Un proyecto como Cancún fue pensado para priorizar servicios de calidad solamente para la zona hotelera. La ciudad carece de planes sostenibles en materia de saneamiento, disponibilidad de agua potable y tratamiento de aguas residuales. El relleno sanitario actual refleja claramente la ausencia de continuidad y decisiones políticas adecuadas. La basura acumulada, con las consecuencias de manejo incorrecto, se ha traducido en una inminente contaminación del manto freático y de cualquier cuerpo de agua cercano.

El agua potable es un renglón aparte. Por el carácter estratégico del recurso se halla en el momento de retorno.

Luego de la aventura de la privatización, las autoridades evalúan volver al esquema original para asegurar el abasto, sobre todo porque las fuentes de producción distantes comienzan a agotarse. Aguakan, la única empresa privada en su tipo en la entidad, ha sido rebasada por la dimensión de la demanda: antes que cualquier otro servicio, los pobladores exigen agua.

Asimismo, Cancún carece de drenaje sanitario integral. Sólo algunas zonas disponen de plantas de tratamiento, mientras que las aguas negras llegan al mar a través de miles y miles de fosas sépticas ubicadas en diversas regiones de la enorme ciudad.

LAS PLAYAS, CLAVE DE LA COYUNTURA

No obstante la oposición de los ambientalistas de la Isla de Cozumel, desde este lugar iniciará el traslado de arena desde bancos naturales creados por las corrientes marinas tanto en su parte norte, como en el lecho marino entre Isla Mujeres, Cancún y otros sitios de la zona, hacia las playas cancunenses y de Playa del Carmen. Esta recuperación aparece como un nodo de la coyuntura final de los destinos de playa en esta zona.

Ese modelo de recuperación ya se intentó cuando pasó el huracán Wilma: empresas europeas y nacionales se aliaron y socavaron el lecho marino del canal entre Isla

Mujeres y Cancún para regresar una parte de la arena, pero fue una medida temporal, ya que las olas que chocan contra los muros seguirán socavando las playas. Es necesario explicar las razones de la desaparición de las playas para entender lo que, por segunda ocasión, se intenta ahora.

La zona hotelera de Cancún se construyó en puntos neurálgicos para las playas: las torres de cemento de los gigantescos hoteles se levantaron sobra las dunas, es decir, sobre los puntos vitales para que la energía de las olas regenere la playa. Así, los muros de concreto, los muelles y los rompeolas construidos dentro de la playa ayudaron a socavar estos sitios, y hoy hay hoteles prácticamente dentro del agua. Lo que sucede ahora es que, por esa insensatez de construir dentro de la playa y encima de las dunas, Cancún, Cozumel y Playa del Carmen se están quedando sin el atractivo natural de un destino que vive de la arena blanca de la playa.

El anterior fue un enorme y craso error de los inversionistas. Para reponer las playas habría que cambiar los hoteles a otra parte.

LA DISPUTA CIUDADANA

Mientras esto se escribe, ha comenzado en el Parque de las Palapas una marcha de organizaciones ciudadanas que declaran su oposición a que el ayuntamiento autorice cambios en el uso del suelo en el predio de Pot Ta Pok y que, finalmente, se concluya la edificación, en la Supermanzana 33 (conocida como el “ombligo verde de Cancún”), de una obra que se anuncia como el Parque del Bicentenario, pero que en realidad proyecta la construcción del nuevo palacio municipal, una plaza y locales para servicios comerciales.

Esta disputa de los ciudadanos con las autoridades se ha repetido una y otra vez cuando se decide urbanizar en predios bajo la responsabilidad del gobierno federal (léase Fonatur), como son los casos de terrenos ejidales, zonas costeras de alta fragilidad, áreas de manglar y cenotes, por ejemplo.

Cancún se ha construido con base en violaciones a la ley. Ninguna legislación municipal ha soportado los cañonazos de miles de dólares que los inversionistas ponen en juego para lograr cambios de uso de suelo y permisos para construir. Esto ha provocado que ya no haya una sola playa pública en buenas condiciones, que la zona hotelera sea una enorme masa de cemento que ahoga el intercambio energético entre el sistema lagunar y el mar, y que la plancha urbana se haya extendido más allá de toda lógica destruyendo ecosistemas básicos para el abasto de agua.

Sin embargo, hay esperanza. Es la sociedad civil organizada la que puede construir las alternativas. Los buenos cancunenses están hoy conscientes de la necesidad de participar, de tomar las riendas del futuro y hacer realidad el mito sustentable. Regenerar los sistemas lagunares, parar el crecimiento anárquico de la ciudad, frenar la corrupción e impulsar el desarrollo planificado y armónico con la naturaleza, son sólo algunas tareas gubernamentales que requieren el impulso ciudadano. Lo anterior está en manos de la sociedad civil de Cancún.

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