Siete consejos para realizar campañas electorales ganadoras

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Selección de candidatos“Los gobernadores y los senadores son del presidente, los diputados federales son de los sectores; los diputados locales son de los gobernadores, y los presidentes municipales son del pueblo”, decía el presidente Adolfo Ruiz Cortines, quien no fue precisamente un demócrata, pero reconoció la importancia que tienen los ayuntamientos para la gente. Quizá por eso su sucesor, Adolfo López Mateos, en plena era del partido hegemónico, permitió el primer triunfo de la oposición en la historia reciente de México, en el municipio de San Luis Potosí, logrado por el Dr. Salvador Nava Martínez, de la Unión Cívica, en 1958.

Los municipios son el nivel de gobierno más cercano a las personas, desempeñan funciones que afectan directamente, para bien o para mal, la vida cotidiana; prestan servicios públicos, reglamentan actividades básicas como el comercio, encauzan la participación ciudadana y promueven el desarrollo de la comunidad; raras veces la gente se inconforma en las elecciones para puestos que percibe lejanos a su acontecer inmediato, mientras que los conflictos electorales municipales son frecuentes porque se temen sus repercusiones directas y porque, dado el monto del electorado, se puede ganar o perder por unos cuantos votos.

Esta cercanía a la gente caracteriza a las campañas electorales municipales, ya que ellas deben enfocarse en las cuestiones más sentidas por los electores. Lawrence Gray, en How to Win a Local Election, señala:

Cuando hablamos de una elección local nos referimos a una campaña en donde usted, como persona, pide el voto y la gente se lo da porque lo conoce a usted y lo que usted representa. Estamos hablando de democracia en su más pura forma.

Condiciones locales para la campaña

Peones campañaEn México, cada tres años (en algún caso, cuatro) se realizan campañas para elegir a los ayuntamientos de más de dos mil municipios; el resto designa a sus autoridades municipales por usos y costumbres. Si estimáramos que en cada municipio compitieran sólo planillas de los tres partidos nacionales mayoritarios, integradas por sólo un presidente, un síndico y tres regidores, tendríamos no menos de 30 mil candidatos, sin contar los regidores de representación proporcional, que a veces se registran en planilla aparte. Esto significa que en México, al igual que en muchos países, la mayoría de los candidatos son municipales.

Pero las condiciones en que realizan sus campañas son muy diversas. Primero, porque los municipios varían en extensión territorial, número de habitantes (algunos, como Guadalajara y Ecatepec, rebasan el millón y medio), carácter urbano o rural, economía, nivel de vida y comunicaciones. Segundo, porque cada estado tiene una legislación electoral propia que, aunque sigue en lo general las leyes electorales federales, presenta gran diversidad de matices y de formas institucionales. Y tercero, porque hay heterogeneidad en las fechas de elección, de modo que las municipales pueden concurrir con las de diputados locales o federales, o bien, cada seis años, con las de Presidente de la República, las de gobernador y las de senadores. Cuando así sucede, pueden integrar esfuerzos, pero manteniendo su campaña acorde con las demás de su partido, para que no pierda su carácter local, y aumentar su creatividad para que su campaña no se pierda en la profusa propaganda nacional. Cuando concurren sólo elecciones municipales y de diputados locales, la falta de recursos y tiempo para las campañas pueden hacer que predomine el abstencionismo.

Los elementos de una campaña triunfadora

La mayoría de los candidatos son municipalesEn este contexto, cabe resaltar algunos aspectos que corresponden a cualquier campaña, pero que adquieren mayor relevancia a nivel municipal, en el entendido de que no hay recetas aplicables a toda campaña; en cada caso es necesario considerar la situación del municipio, las elecciones concurrentes, los partidos y candidatos en competencia, el tiempo y los recursos disponibles, los medios de comunicación accesibles y el momento de la votación.

Sombra Sombra11) Selección de candidatos. Se dice que en las campañas “el candidato es el mensaje”, o como dijo Goebbels, el publicista nazi: “Mi mejor arma se llama Hitler”. Esto es cierto, sobre todo en campañas en municipios medianos y pequeños, pues la menor dimensión del electorado, los requisitos de residencia y el mes o mes y medio que se otorga para hacer campaña, obliga a seleccionar a los candidatos a integrar los ayuntamientos entre las personas que ya conoce la mayoría de la gente, que disfrutan de buena fama pública y capacidad para aspirar a los puestos municipales. El hecho de que la competencia se dé entre planillas puede ser aprovechado integrando a las mismas personas, que juntas complementen el prestigio y la representatividad de la fórmula.

2) Precampaña y campaña como un proceso continuo. En los municipios grandes y medianos, dada la escasez de tiempo y dentro de los márgenes legales, la precampaña y la campaña deben enfocarse como un proceso continuo y creciente de obtención del voto que culminará en las urnas. Es decir, el mayor nivel de apoyo a favor de los candidatos debe alcanzarse en la jornada electoral o unos días antes, ya que después es probable que comience a disminuir ese apoyo; si ese nivel se alcanza antes o después, los votos perdidos o aún por ganar pueden significar la derrota.

3) Planeación anticipada y precisa. Las campañas electorales han aprendido mucho de las guerras. La operación “Overlord” requirió meses, si no de años de planeación y preparación, para establecer en un solo día una cabeza de playa a partir de la cual invadir la Europa nazi. Esto es, a menor tiempo disponible para realizar una acción que debe ejecutarse en una oportunidad única, mayor necesidad de planear cada paso, pues no hay posibilidad de un segundo intento: en las campañas sólo hay una oportunidad única para vencer y sólo se dispone de unas semanas para hacerlo. Por eso, sobre todo en los municipios grandes y medianos, es indispensable desarrollar con anticipación un plan semana por semana y día por día, una estrategia flexible y una preparación previa de cada operación; las acciones de campaña deben ser intensas, más allá de horarios y calendarios normales. Sin un plan detallado, los candidatos serán superados por el correr de los días, arrollados por hechos imprevistos o vencidos por la escasez de recursos que no supieron prever.

4) Reclutar representantes para cada casilla. No basta ganar el voto, hay que cuidarlo. En toda campaña siempre es necesario que en cada una de las casillas se cuente con un representante que pueda comprobar que el voto reúne las características mínimas de ser libre, secreto y directo, de modo que si llega a detectar alguna irregularidad pueda actuar de acuerdo con las normas establecidas y salvaguardar la posibilidad de presentar, en tiempo y forma, la inconformidad respectiva ante la instancia competente. Si no lo hace su partido, los candidatos deben levantar un ejército de representantes de casilla paralelamente a la campaña, como una actividad tan importante como la de obtener votos suficientes para la victoria. No debe olvidarse que lo que se gana en las urnas puede perderse en los tribunales.

5) Comunicación interpersonal. En esencia, las campañas son una forma de comunicación política persuasiva entre los candidatos y los electores; de ahí que la comunicación que establece personalmente el candidato con el elector es cualitativamente superior a la que hace por cualquier otro medio como la televisión, aunque esta última es cuantitativamente superior a la primera. En la era de la televisión, el contacto físico con los votantes es necesario por su significado de aceptación, cercanía e intimidad. Por eso, en los municipios medianos y pequeños en los que las campañas no requieren necesariamente de la televisión (siempre costosa), los candidatos pueden aprovechar con ventaja la comunicación interpersonal, que es la más persuasiva. “Cada hombre que se saluda personalmente —se cree— es un voto potencial”. Aunque nadie sabe cuánto se gana por cada mitin, por una visita personal del candidato, por sus saludos al paso o de mano, ni por su sola presencia, en todo lo posible se debe usar ampliamente la comunicación interpersonal. Es importante que todos los integrantes de la planilla se esfuercen al máximo por contactar directamente a los grupos de votantes “blanco” de la campaña; en especial, el candidato a presidente municipal debe entregar en persona su mensaje a todos o a alguna parte representativa de los electores cuyo voto, conforme a su estrategia, le dará la victoria.

Blanco y negro6) Campaña puerta por puerta. Hace más de 2 mil años, Quinto Tulio Cicerón señalaba a su hermano Marco, cuando éste iba a iniciar su campaña para cónsul: “Los que viven en los municipios y en el campo se consideran amigos nuestros sólo con que los llamemos por sus nombres…” Esto sigue siendo eficaz, pues la comunicación persuasiva individualizada tiene mayor eficacia que la que se realiza con el elector por la simple exposición a los mensajes de los medios masivos. Pero en la sociedad de masas es imposible e incosteable llamar a todos los electores por su nombre y tampoco se requiere. En los municipios medianos y pequeños es más factible contactar en forma individual, en sus propias viviendas, por teléfono, por correo normal o electrónico, a aquellos cuyo voto puede decidir el triunfo. La campaña puerta por puerta la pueden hacer los candidatos, sus suplentes, los grupos organizados, los “operadores políticos” y los miembros de la estructura territorial partidista. Al efecto, se requiere conocer la geografía electoral, poseer directorios y definir blancos hacia donde apuntar la campaña.

7) Los voluntarios. Contar con muchos voluntarios es un buen indicador del posible éxito electoral. Los buenos candidatos y las campañas eficaces atraen la colaboración ciudadana. Los candidatos impopulares y las malas campañas tienen que comprar todo el apoyo que necesitan, pues pocos electores estarán dispuestos a trabajar gratuitamente. Desgraciadamente, en México el otorgamiento de fondos públicos a los partidos ha convertido en mercenarios a muchos participantes en las campañas y ha hecho florecer las empresas y los condottieri de “la industria de la democracia” que hacen de ella un pingüe negocio. No obstante, los voluntarios, con su entusiasmo y confianza en el candidato, dan espontaneidad y credibilidad a la campaña, atributos que no pueden obtenerse de los mercenarios; además, los voluntarios generan un efecto multiplicador de apoyo al candidato con sus familiares, amigos y conocidos. Representan el ideal democrático de la participación ciudadana. Los candidatos en cada uno de sus contactos personales con los votantes, así como en toda su propaganda, deben convocar a los electores a unirse a la campaña como voluntarios, y responsabilizar a alguien de su registro, organización y orientación, de modo que puedan auxiliar conforme a sus aptitudes en las labores de la campaña, más ahora que, gracias a internet, pueden hacer proselitismo desde sus casas y oficinas.

Aprovechar con ventajaEn un período corto y con recursos limitados, ninguna campaña puede reorientar radicalmente el sentido del voto, ni crear reputación o imagen a desconocidos. El primer factor del triunfo es el grado de organización y penetración del partido que lanza a los candidatos. Las campañas importan más cuando dos o más candidatos pueden ganar la elección por pequeños márgenes, o cuando una crisis motiva a actuar en pro o en contra de algo o alguien. Pero nada está escrito: Shakespeare escribió: “El destino pone las cartas y uno las juega”. Así, el Dr. Nava, esta vez como candidato del Frente Cívico, volvió a ganar la presidencia municipal de San Luis Potosí en 1982, 24 años después de su primera victoria.

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