Administraciones con vocación de servicio.

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El autor es abogado, consultor de empresas y periodista.

También es miembro de la Barra Mexicana del Colegio de Abogados (BMA) y profesor de posgrados en negocios en la UNAM, EBC y UP

Luis Hernández MartínezLas mejores prácticas en los gobiernos municipales ayudan a difundir el conocimiento de cómo hacer mejor las cosas y de cómo gestionar con éxito las características holísticas (evaluar, integrar, desarrollar, invertir e implementar) de una planeación estratégica centrada en los esfuerzos y recursos de alto valor agregado; principios rectores que son la guía —faro con buen puerto— de una gran visión gubernamental.

De ahí que una Alta Dirección Municipal pro homine (a favor de la persona) —misma que promuevo e impulso desde este espacio y otras actividades profesionales— sea una herramienta de nueva generación para apoyar las iniciativas de mejora de la gestión pública en el contexto de los procesos de reformas constitucionales del Estado.

Construir un futuro deseable para los ciudadanos a través de soluciones estratégicas factibles que contribuyan al fortalecimiento de las capacidades organizacionales e institucionales del municipio es uno de los objetivos, y una de las razones —más otras que expondremos en cada número—, por las que una administración municipal moderna tiene que trabajar en coordinación con las diferentes esferas y ámbitos de gobierno.

Además, hoy como nunca antes, los gobiernos municipales requieren de mujeres y hombres que tengan muy presente la importancia de la ética y su aplicación práctica en todas y cada una de sus actividades. En la actualidad, con base en corrientes de pensamiento globales, nos queda muy claro que el capitalismo ya no es un modelo económico factible si sólo tiene como base la rivalidad y actuar libre, sin límites, entre los diferentes agentes económicos.

MEJORES GOBIERNOS, MEJORES CIUDADES.
La cultura corporativa, la comunicación organizacional y la atención pertinente hacia todos los grupos de interés (stakeholders), entre otros elementos, son constructos fundamentales para desarrollar ambientes de trabajo y capacidades organizacionales mejores al interior de los gobiernos municipales que aspiran a ser competitivos y sustentables a escala mundial.

Con base en el actual paradigma de la administración pública —el mismo que obliga a los gobiernos a actuar de manera ética y sustentable—, la Alta Dirección Municipal tiene que ser ejemplo de gestión, rendición de cuentas y acciones cimentadas en la honestidad, la transparencia y el liderazgo, pues sólo así contribuirá a la creación de grandes lugares para trabajar que, a su vez, son pieza clave para esculpir una ciudad incluyente y capaz de generar y entregar bienestar para sus ciudadanos.

Aquí el tema de la confianza adquiere gran importancia, toda vez que los funcionarios municipales tienen la responsabilidad de señalar el rumbo a seguir; además de organizar, motivar, inspirar, apoyar y acompañar a sus equipos de trabajo; pero mostrando siempre congruencia entre lo que dicen y hacen porque, sin integridad, no hay credibilidad; ni tampoco una buena reputación y, mucho menos, bienestar social.

Tampoco debemos olvidar que la sociedad civil –la misma que otorga su confianza a través del voto y elige una opción de gobierno– hoy obliga a la transformación de los gobiernos locales; empuja hacia la reinvención de un modelo de gestión municipal que ejecute las mejores prácticas de servicio para el ciudadano. Hoy, por fortuna, la sociedad exige que la Alta Dirección Municipal sea una solucionadora de problemas.

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