Urge infraestructura incluyente

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La movilidad representa uno de los principales desafíos en las urbes del país, por lo cual expertos comparten medidas necesarias para mejorarla, incluyendo casos de éxito con la posibilidad de replicar en México

FOTO: DREAMSTIME

En la construcción de ciudades inteligentes y con visión de futuro no debería faltar la infraestructura incluyente, es decir, la que sirva para la movilidad de personas con capacidades diferentes. Si no hay accesibilidad para toda la población, incluido este segmento, no se pueden ejercer derechos como educación, salud o cultura.

Esta asignatura sigue pendiente. Hay un gran atraso en el tema”, así lo reconocieron Laura Bermejo, directora General de Libre Acceso, agrupación compuesta por personas con y sin discapacidad; y Saúl Alveano, gerente de Seguridad Vial del World Resources Institute México (WRI México), organización que trabaja en temas de ciudad, clima, bosques y energía.

Este último admite que apenas van atendiendo estos temas. Lo que encontramos en las áreas urbanas —comenta el especialista en planeación, implementación y evaluación de sistemas de transporte— son rampas en los puntos donde están las intersecciones, algunas guías táctiles en accesos al Metro, el Tren Ligero y el sistema RTP, como el Metrobús de la Ciudad de México, el Macrobús en Guadalajara y el Optibús en León; o bien algunos semáforos con apoyos auditivos para las personas con debilidad visual.

Sin embargo, esto “lo podemos encontrar en zonas muy específicas, sobre todo donde se acumula una gran cantidad de personas. Lo que observamos es una tendencia al incremento en este tipo de infraestructura. Los municipios atienden cada vez más esa problemática, sobre todo porque ha habido un activismo, principalmente por parte de agrupaciones civiles, en torno a las dificultades que afrontan los peatones”, explica el experto, quien ha participado en proyectos para mejorar la infraestructura de 12 ciudades en Latinoamérica y África.

FOTO: MOISÉS PABLO /CUARTOSCURO

Alveano puntualiza que hay ciudades con zonas en las que se ha invertido mucho en la peatonalización y con esto se ha apoyado para que la accesibilidad para las personas con discapacidad sea mayor. Un ejemplo de ello es León, Guanajuato.

Al respecto, Laura Bermejo destaca que en las urbes mexicanas la mayoría de los sistemas de transporte no están planeados para quienes tienen discapacidad, pero tampoco las demás instalaciones, es decir, hospitales, oficinas gubernamentales, restaurantes o los edificios habitacionales. “No hay espacios accesibles y, si los hay, en general son para atender la discapacidad motriz: rampas, sanitarios accesibles, elevadores”, subraya.

La también vicepresidenta de Libre Acceso considera que hay carencias para otro tipo de población con discapacidad; por ejemplo, quienes tienen limitaciones de tipo intelectual. “Además, el apoyo debería ser también para los que por alguna razón tienen su movilidad reducida o limitada, como las embarazadas o los ancianos”, asegura la entrevistada.

VIAJES INCOMPLETOS

El tema —expresa Alveano— es que esta infraestructura se concentra en zonas específicas y si nos salimos de ellas la movilidad se interrumpe. Hay que considerar que “el viaje se da de puerta a puerta, es decir, desde mi casa hasta el lugar del destino. Y ahí nos damos cuenta de que no podemos hacerlo completo, porque el transporte público no está equipado, en muchas ocasiones, para transportar al segmento de población al que nos estamos refiriendo”.

Ello obliga a que estas personas se vean en la necesidad de tomar un taxi para moverse o pedir apoyo a un familiar para que los lleve en vehículo particular, señala Alveano.

Aunque algunas ciudades, como la capital del país, han colocado elevadores para tener acceso al Metro o al Tren Ligero, y Guadalajara, así como Monterrey, han invertido recursos en este rubro para tener ambos tipos de transporte, vemos que el viaje se ve interrumpido una vez que la persona sale del elevador. “¿Qué va a hacer un usuario si las intersecciones no cuentan con rampas, o cuentan con ellas pero tienen una pendiente que en muchas ocasiones no es la adecuada porque a quien la construyó no se le dieron las indicaciones sobre la inclinación que debe tener la rampa?”, reflexiona el directivo de WRI México

Laura Bermejo.
FOTO: ROSALÍA MORALES

O bien —advierte por su parte Laura Bermejo— qué puede hacer una persona que debe subir a una combi o a un pesero si estas unidades no cuentan con adaptaciones. Y en los casos en que sí las tienen, éstas existen de manera seccionada, es decir, “te subes en un lugar, pero más adelante ya no está la cadena de accesibilidad. Se puede tener lo más básico, que es una rampa, pero en el cruce de enfrente, para pasar por la zona de la bahía peatonal el mayor inconveniente es que cruzas y ya no encuentras la rampa”, señala Bermejo.

Todo ello deriva en que una persona con discapacidad no se pueda mover de forma autónoma, coinciden los entrevistados.

Lo que busca Libre Acceso —enfatiza la vicepresidenta de esta agrupación— es que cuando se construyan instalaciones de cualquier tipo, no sólo rampas o elevadores, se planeen en un diseño universal para que todos las utilicen.

“Si una persona en silla de ruedas llega a un edificio público cualquiera, debe poder entrar en forma independiente, sin ayuda. Sin embargo, lo que ocurre es que, en el mejor de los casos, quizá en la planta baja haya una rampa, pero luego ¿qué sigue? ¿La persona en cuestión podrá hacer uso de todos los servicios, desplazarse de manera independiente o llegar a los servicios principales de ese inmueble sin que la tengan que cargar o apoyar de alguna manera?

“Lo que buscan las personas con alguna discapacidad es poder hacer uso de las instalaciones sin depender de un tercero para ocupar el servicio, la información, las comunicaciones o el transporte”, dice.

SÍ HAY NORMATIVIDAD

Un problema central es que la gente no conoce la normatividad y no se aplican las sanciones. “Si se construye un inmueble que no cumpla con los elementos de accesibilidad o protección civil, se le puede clausurar, quitar la licencia o aplicar una sanción temporal, pero esto no ocurre aun cuando cubra lo más básico, como pavimentos táctiles en piso para discapacitados visuales, rampas, elevadores o detalles tan sencillos o importantes como la carta del menú de un restaurante en sistema Braille”, recalca la entrevistada.

Saúl Alveano.
FOTO: CORTESÍA DE WRI MÉXICO

EJEMPLO A SEGUIR

Alveano reconoce que hay ciudades que son un referente, y cita a Madrid, donde existe un sistema integral de transporte, pensado en brindar opciones para que cualquier persona, no importando su capacidad motora, se traslade sin problema de un lugar a otro.

Ahí generaron normativas a nivel municipal enfocadas en que el equipamiento urbano cuente con las especificaciones necesarias para que una persona de forma autónoma se mueva por la ciudad, y eso lo vincularon al sistema de transporte, de tal manera que quien aborda el Metro puede tomar un elevador y llegar a su destino sin ayuda de nadie, utilizando el transporte público.

En Madrid, todas las unidades tienen acceso a nivel banqueta, lo que les permite a los usuarios evitar subir un escalón para acceder al transporte público, subraya Alveano

Así, el acceso de todos a la ciudad es un tema que comienza a estar cada vez más presente en las agendas de los gobiernos locales, pues es un concepto estrechamente ligado no sólo a la movilidad, sino a la productividad y a la calidad de vida de quienes habitan las urbes.

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