3 pasos para lograr la mejor imagen

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Candidato_Julio-2014México está por cambiar su rostro político y, con ello, el reto que enfrenta cada uno de los partidos y sus representantes para desempeñarse de manera exitosa en la labor para la que fueron electos.

Sin importar orientaciones hacia la derecha, centro o izquierda, los representantes políticos encaran la responsabilidad de realizar su trabajo, comunicando a la vez una imagen de seguridad, responsabilidad, transparencia, honestidad, confianza, etcétera. Pero es importante reconocer que poco o de nada sirve tener mensajes que enaltezcan estos valores si no están alineados con la imagen pública que se transmite.

De manera histórica, política e imagen pública han permanecido como conceptos inseparables e indivisibles. En su libro De Gaulle and Eisenhower: The Public Image of the Victorious General, Philip Converse y Georges Dupeux analizan el caso de dos grandes héroes de la Segunda Guerra Mundial y el efecto que tuvo en su imagen pública la decisión de incursionar en la política. Ambos tenían altos niveles de popularidad y reconocimiento, lo que los hizo un atractivo capital político ara las distintas fuerzas en sus respectivos países.

La política coqueteó con Eisenhower al término de la Segunda Guerra Mundial, en la cual el general, en su función de Comandante Supremo de las Fuerzas Aliadas, había sido responsable de la derrota sobre Alemania, victoria que lo convirtió en blanco de republicanos y demócratas deseados de contar con él en sus filas. Quien fuera el 34º presidente de Estados Unidos, decidió aceptar la oferta republicana, minando su aceptación entre los demócratas.

En el caso del General Charles de Gaulle, su liderazgo le generaba una aceptación relativamente amplia entre la izquierda y la derecha galas, siendo reconocido particularmente por la imagen que proyectaba al momento de negociar en nombre y a favor de Francia. Tal como lo establece la prensa europea de la época, especialmente la británica, De Gaulle transmitía una falsa imagen del “francés profundo” combinada con una tranquilidad envidiable, liderazgo y experiencia que hacían difícil decirle no.

A pinceladas, ambos dirigentes se dieron cuenta que sus medallas de guerra no bastaban para construir triunfos políticos, por lo que ajustaron su imagen pública, lenguaje y personalidad a las necesidades que enfrentaban. Ser percibidos como líderes era mucho más importante que solamente serlo.

SUMA DE ELEMENTOS

Vivimos en un mundo en el que las percepciones son importantes y son las responsables de construir la representación mental que la gente hace sobre nosotros. Es decir, nuestra imagen pública.

De acuerdo con la Real Academia Española, la percepción es la sensación interior que resulta de una impresión material hecha en nuestros sentidos. En términos mercadológicos, la percepción es el proceso por medio del cual la gente selecciona, organiza e interpreta las imágenes, sonidos, olores, sabores, texturas.

Por tanto, la imagen pública se construye en la ciudadanía con base en lo que ésta lee, escucha y ve de un candidato o funcionario público, y debe entenderse como un proceso holístico, en el que todo suma y resta. Todo está interconectado cuando ésta se construye.

Así, la percepción debe entenderse como un proceso integral, en donde de poco sirve un mensaje verbal bien construido si éste no va acompañado de la actitud, presencia e imagen física que le corresponden.

APOYO DE LOS EXPERTOS

Pero, ¿cómo saber de qué forma nos perciben las audiencias de interés? Una forma de responder esta pregunta de manera formal es la realización de una auditoría de imagen pública, que mide la percepción que tienen de nosotros las distintas audiencias, al tiempo que permite identificar fortalezas y debilidades.

La auditoría de imagen analiza y evalúa los recursos que tiene cada funcionario o partido político, para calificar su funcionamiento y optimizar su impacto ante las distintas audiencias de interés. Tres puntos deben ser evaluados en una auditoría de este tipo, los primeros dos construyen el diagnóstico, en tanto el tercero marca nuestra pauta a seguir:

1. Autoimagen. Es la imagen que el funcionario o el partido político tiene de sí mismo. ¿Cómo me veo? ¿Soy como quiero ser?.

2. Imagen pública: Es la imagen que las audiencias de interés tienen del funcionario o el partido político. ¿Cómo me ven en realidad con base en cómo me perciben?

3. Imagen intencional: Es la imagen que se desea transmitir. ¿Cómo quiero que me perciban? ¿Qué tengo que hacer para que me perciban como quiero que lo hagan?

• ¿Cuáles deben ser mis mensajes y con qué lenguaje debo transmitirlos?

• ¿Qué actitud debo tener al momento de construirlos?

• ¿Cómo adecúo mi apariencia, personalidad y presencia a esos mensajes? Una adecuada auditoría de imagen permite saber hacia dónde están nuestros puntos fuertes en imagen pública para saber hacia dónde corregir nuestros puntos débiles.

Es importante tener siempre en mente que construir una imagen pública puede ser tan tardado como difícil, si no se dan los pasos correctos de manera consciente y voluntaria. En cambio, dañar o destruir una imagen pública puede ser instantáneo, e incluso lograrse de forma involuntaria al no tener clara la lista de principios y acciones a seguir.

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