Cómo atenderlas demandas del electorado

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GráficaUna campaña es breve e intensa. Mientras la política siempre está presente, una campaña sirve como su tempestad, que refresca el panorama y obliga a fijar la atención de la sociedad.

Durante una campaña política, el contacto entre candidatos, organizaciones y población se multiplican hasta un nivel máximo, por tanto, es un periodo extraordinariamente favorable para que la población y los sectores tomen contacto con los partidos y sus futuros representantes a todos los niveles.

Por su lado, los partidos y grupos con aspiraciones a cargos de elección, están urgidos de tener bien definidas las necesidades y aspiraciones de los ciudadanos, en lo individual y como grupos. En principio, es clave conocer las demandas y problemas cotidianos que interesan más a la ciudadanía y, con base en esto, es importante mantener una comunicación efectiva con los diferentes sectores de la sociedad.

Si los políticos no poseen un buen diagnóstico previo, deben entrar a un proceso acelerado de “detección de necesidades” para robustecer su programa. Resulta sorprendente que los partidos gobernantes presenten muchas deficiencias en este aspecto y que durante una elección empiecen a improvisar.

Por parte de los grupos políticos, las demandas ciudadanas detectadas requieren de un proceso, una jerarquización con base en criterios cruciales como viabilidad o inviabilidad, urgencia o no, o conflictividad con otras necesidades, identificación de los grupos con esas necesidades, facilidad o dificultad de explicar el tema, etcétera.

Una vez que se conocen las necesidades, es imprescindible integrar las posibles soluciones a la agenda política, y así generar las alternativas apropiadas para resolver la problemática existente y alcanzar los objetivos establecidos.

ESCENARIO ÓPTIMO

La negociación surge de los conflictos de intereses o de perspectivas, que se deben arreglar mediante un proceso, hasta alcanzar conclusiones. Los conflictos pueden ser tan fuertes o antagónicos que caen en la situación del dicho: Ni pichas, ni cachas, ni dejas batear.

Resulta un lugar común reconocer que la política es una actividad de negociación que permite ajuste de intereses distintos y de puntos de vista contradictorios. La diferencia de intereses es una realidad social básica, por ejemplo, el vendedor diverge del comprador, el proveedor diverge del usuario. No siempre las diferencias de necesidades e intereses son antagónicas, pero, en ocasiones sí lo son. Por ejemplo, el transportista quiere un pasaje más alto y el usuario uno más bajo. Un precio de pasajes artificialmente bajo dañará el servicio y hará que las unidades se vuelvan chatarra; un precio alto afectará a una masa de usuarios de modo severo.

En algunas situaciones las negociaciones permiten un escenario óptimo donde dos partes contrarias terminan logrando una solución de mutuo beneficio; pero, en otros casos, no es posible, y la mediación política se encuentra en mitad de conflictos sin resolver.

El objetivo de una negociación política es alcanzar beneficios, crear acuerdos y establecer líneas de acción, a través del diálogo respetuoso, con igualdad y certeza para todos los miembros de la sociedad.

Sin embargo, en la actividad política no siempre las partes de una negociación están presentes, y menos durante una campaña. Al contrario, la regla es distinta, pues cada ciudadano trae su problema por separado y cada grupo local de interés hará su planteamiento o demanda a los candidatos en proceso electoral.

Esta situación no es negativa, pero sí requiere de un esfuerzo adicional de los candidatos y partidos para no prometer en vano. Siguiendo el ejemplo, no se debe prometer al transportista que suban los pasajes y al usuario que bajen. Si este ejemplo no parece tan relevante, pensemos en el problema crucial de las finanzas del Estado: subir o no los impuestos. Es una tentación electoral incrementar la oferta de beneficios del Estado, comprometiendo cada vez más recursos para beneficio social, pero también se promete no subir los impuestos.

Se debe respetar el interés legítimo del contribuyente que ya paga muchos impuestos y del empresario sometido a fiscalizaciones complejas, al mismo tiempo como “usuarios” de los beneficios sociales la población requiere de muchos servicios (educación, salud, equipamiento urbano, etcétera). La area de negociación le exige al político hacer cuentas precisas para determinar los recursos con los que cuenta y aterrizar las ofertas en las negociaciones políticas. La ciudadanía está harta de promesas vagas y que nunca se cumplen (como los millones de empleos bien remunerados prometidos cada inicio de sexenio).

Buscando un buen proceso que favorezca a la población representada o que se aspira a representar, resulta crucial aterrizar a terreno concreto las necesidades detectadas.

En este contexto, “aterrizar” implica definir con precisión qué servicio de salud se puede y debe implementar en una colonia o ranchería, qué servicio escolar se puede y debe mejorar en cuántas escuelas, etcétera.

Este proceso de precisión de las necesidades y demandas requiere de capacitación de los candidatos y de sus equipos de trabajo, que además tengan continuidad en la gestión de gobierno. Si esta delicada tarea de continuidad entre lo prometido y lo cumplido no se hace bien, la ciudadanía se queda con una mala impresión de que las campañas son puras promesas y que no hay cumplimiento. Y esta mala impresión puede generarse aunque los grupos ganadores entreguen muchos o pocos beneficios a la población.

CONCLUSIÓN

Las campañas son una buena oportunidad para intensificar los procesos de negociación, que deben entenderse como búsqueda de los intereses legítimos de los ciudadanos. Los candidatos y políticos deben estar atentos a las contradicciones de intereses y a la viabilidad de las propuestas, para no caer en promesas vagas. En fin, una buena negociación política permite que los diferentes intereses ciudadanos y de grupo que sean legítimos sí pichen, cachen y puedan batear.

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