Guerra sucia, oportunidad de oro

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caras“El que domina su cólera domina su peor enemigo”: Confucio.

En las relaciones interpartidos es mucho más frecuente utilizar el concepto de “guerra sucia” que de cooperación política, aun cuando ésta puede llegar a existir. Pero, en tiempos electorales, la guerra sucia se vuelve parte del argumento cotidiano para descalificar y denunciar desacreditaciones.

Y precisamente por ello no es extraño que la campaña en la que se elegirá al Presidente para el periodo 2012-2018, tenga un ir y venir constantes por los caminos de la guerra de declaraciones y acusaciones por cosas hechas que se consideran erróneas o insuficientes, o bien, por asuntos que, pudiendo hacerse, quedaron como pendientes en administraciones a todos los niveles políticos.

Lo cierto es que esta situación puede convertirse en un lastre político, o en su defecto, en un momento que, de saber capitalizarlo y responderlo adecuadamente, brinda una oportunidad de recapitular y ver hacia adelante. Para ello, es importante reconocer la relevancia de responder a tiempo y adecuadamente a mensajes negativos, que permanecen por más tiempo en la mente de la ciudadanía, a diferencia de lo que se mantienen los argumentos positivos.

AL ENEMIGO, BUENA CARA

Como bien decía Napoleón Bonaparte, a los enemigos hay que ponerles buena cara, de lo contrario creerán que se les teme y eso les da fuerza para seguir atacando. La política se vuelve una demostración de táctica y estrategia en donde valen tanto la fortaleza e inteligencia del líder, como la astucia y la determinación de cada uno de sus combatientes para saber dónde, cuándo y por qué vía responder o defender a su líder o partido.

Si a esto sumamos la existencia de nuevas herramientas de comunicación que pueden fungir como ventanas de información e incluso de desinformación, voluntarias o involuntarias, el escenario de la batalla figurada merece un mejor análisis en el que el principio básico radica en entender que ante un ataque “no tradicional” la mejor respuesta es precisamente la “no tradicional”.

La existencia de redes sociales como Twitter ha impulsado a representantes de los tres poderes, a nivel municipal, estatal y Federal, a acelerar la inmersión tecnológica y mantenerse con ello a la vanguardia de los requerimientos de comunicación e interacción con el eventual electorado y con la ciudadanía en general para este 2012.

Elecciones como la última que vivió Estados Unidos con Barack Obama, demostraron el músculo de saber llevar una adecuada campaña en medios digitales y de enfocarse a las distintas audiencias o posibles votantes, pero también el riesgo de perder el control y brindar con ello argumentos a los contrincantes políticos.

La inmediatez que caracteriza a este tipo de herramientas es, sin duda, la forma más efectiva de enviar un mensaje, pero también la vía más rápida para abrir o agudizar crisis. La viralidad que se desprende de Twitter o Facebook permite llegar mucho más rápido que con las antiguas vías de comunicación, pero también posibilita que un rival político capitalice mejor los tropiezos, dudas o errores.

En este marco, la comunicación estratégica y la prevención de áreas de riesgo se vuelven indispensables para hacer frente a una guerra sucia. Cabe decir que la mejor estrategia que puede haber para enfrentar este tipo de situaciones es el reconocimiento de su existencia por parte del calumniado o difamado.

En la medida en que se acorte el tiempo entre una declaración negativa y su respuesta, es mejor la oportunidad de controlar una crisis. Es importante aclarar que rapidez jamás será equivalente a eficiencia.

El reto por tanto, se vuelve aún más interesante, pues lleva a buscar una pronta respuesta que sea clara, dirigida, pero sobre todo eficaz.

Recomendaciones de cómo enfrentar una guerra sucia o una campaña difamatoria ha habido muchas, pero destacan las que ha difundido James Aldrete, estratega para la comunidad latina de la campaña de Obama. En ellas, Aldrete, profundo conocedor de la audiencia para la que fue contratado, señala que es importante desmentir o aclarar los señalamientos, dando a la mano un mensaje esperanzador.

“Campañas como las de Obama, Michael Dukakis y John Kerry han demostrado que cada ataque tiene que ser respondido, porque son peligrosos y pueden hacer que ese mensaje se divulgue y se quede en la mente de las personas”, señaló Aldrete en 2011 a un diario mexicano, tras participar en el Foro Internacional de Mercadotecnia Política y Estrategia de Campaña realizado en ese mismo año.

TIPS BÁSICOS

Algunas ideas esenciales pero efectivas para enfrentar una guerra sucia son:

1.- Responder de inmediato a un mensaje negativo, con argumentos que reviertan la acusación y lo transformen en un señalamiento positivo.

2.- Defenderse repitiendo el argumento con el que se acusa, equivale a reforzar el mensaje que se quiere corregir.

3.- Tener un equipo que se encargue de la respuesta a señalamientos difamatorios permite tener un mejor control de la respuesta, además de que genera unidad en los mensajes a divulgar.

4.- No todas las acusaciones merecen el mismo tipo de respuesta. Cada réplica debe ser evaluada de forma distinta y acorde al objetivo que se desee, ya sea contrarrestar o contraatacar.

5.- Hay que recordar que los medios de comunicación actuales incluyen los digitales como Twitter y Facebook. Una respuesta a un ataque en las redes sociales a través de medios tradicionales no es efectiva.

6.- Respuestas cortas pero dirigidas deben prevalecer por encima de contestaciones extensas o vagas.

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