La mala imagen se puede revertir

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Recuperar la confianza de los ciudadanos no es una tarea imposible para los candidatos en campaña y para los gobernantes, sólo deben trabajar en su estilo y estar cerca de los ciudadanos

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FOTO: DREAMSTIME

Pese a que México está catalogado como pionero en el manejo de imagen política, los ciudadanos, sin dudar, lanzan desde vituperios hasta insultos a los políticos.

Problemas como la corrupción, la inseguridad y la falta de empleo provocan que las personas ya no crean en las promesas de los candidatos en campaña o que dejen de tener confianza en las administraciones que los gobiernan.

Sin embargo, hay especialistas que afirman que no todo está perdido y que si bien es más difícil revertir una mala imagen que construir una buena desde el principio, la crisis, cuando menos, se puede remontar.

CON MÉTODO

El estudio de la imagen pública desde la academia avanza cada vez más desde distintas perspectivas. Por ejemplo, Irving Aguilar, estudiante de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) obtuvo su licenciatura gracias a la propuesta de un innovador modelo de ingeniería en imagen, mediante el cual se identifica la esencia de una persona para construir alrededor de ella un estilo que mejore la percepción en el ámbito de su interés.

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Irving Aguilar.
FOTO: ROSALÍA MORALES

Los principios de este trabajo académico indican que el diseño de una imagen pública requiere de una metodología y que una correcta aplicación de ésta incrementa el grado de influencia en los ciudadanos.

“La base para revertir la mala imagen de un político consiste en que éste acepte que tiene un problema de percepción. Cuando es consciente de sus limitantes, puede seguir paso a paso el modelo de ingeniería sobre su persona física y sobre el partido al que pertenece, para alinear estos objetivos que busquen motivar la credibilidad en la población. Para los alcaldes aplica el mismo modelo”, asegura.

Dicho modelo consiste en cinco etapas:

1) Identificar y respetar la esencia del personaje, es decir, su personalidad.

2) Determinar el estilo, que es la expresión de la individualidad a través del vestir, pues “un político que está ‘producido’ correctamente tiene la posibilidad de sugerirle a la población cualidades positivas”.

3) Seleccionar el vestuario que favorezca la percepción de la imagen física del personaje. “Cuando las personas perciben como agradable a una figura pública, ésta tiene ventaja sobre sus competidores, pues en el sistema de creencias actual, lo bello es bueno.”

4) Elegir el corte de cabello, corte de barba, tipo de maquillaje y tipo de lentes que favorezcan la percepción del rostro, pues la población tiene la idea de que “una persona que cuida su estética, también cuidará el cumplimiento de sus objetivos gubernamentales”.

5) Armonizar la cromática natural de la piel, ojos y cabello del personaje con los colores de la ropa.

GENERAR EMPATÍA

Carlos Lorenzana, director de la firma Gerencia Electoral Consulting, precisa que la imagen debe trascender los aspectos de la apariencia, por lo que los políticos y los funcionarios deben saber desenvolverse en la administración, la comunicación y la política.

Es decir, el manejo de la imagen deber ser integral, ya que se relaciona con la confianza que se pueda generar entre el político y la población que gobierna o la que pretende gobernar.

“Uno de los problemas es que no se ha regresado al origen de la política, que es en sí la vocación de servicio, de generar empatía y cercanía; de salir a las calles y tener un contacto directo con la gente. Eso se ha perdido y repercute en la confianza hacia el político y en su propia imagen”, sentencia.

Álvaro Gordoa, socio Director del Colegio de Imagen Pública, explica que debe haber coherencia entre la imagen que los políticos proyectan y su esencia, los obje tivos que desean lograr y las necesidades de su audiencia.

“Al hablar de imagen política no tenemos que hablar en función de lo bueno o lo malo, sino de lo que debe ser. Hoy los votantes indecisos se quedan sin opciones porque hay juicios negativos hacia todos los partidos. Hay que entender que la profesión del político está peor que nunca”, advierte.

Por lo anterior, los expertos coinciden en que el hartazgo ciudadano ha propiciado un boom de candidatos independientes, abriendo nuevos desafíos.

SER Y PARECER

Carlos Lorenzana comenta que hacer política es comunicar, pero debe hacerse en su sentido más puro, el que exige estar cerca del ciudadano, atender y entender sus necesidades.

Asimismo, Álvaro Gordoa menciona que la imagen pública es la percepción compartida que provoca una respuesta colectiva unificada. “Sirve para que te quieran; sirve para gustar, porque si gustas, van a querer votar por ti”. El experto dice que la tendencia en

las campañas es no parecer político, y por lo tanto, dejar atrás lo tradicional, como el despliegue de convoyes de autos alrededor del político o repartir tortilleros y gorras a diestra y siniestra. “Hay que ciudadanizar al candidato y romper los símbolos de la política tradicional”, sostiene.

Probablemente un candidato o un alcalde no puede desligarse del partido que lo postuló, pero la recomendación de los expertos es centrar sus campañas y sus gobiernos en las personas y no en las instituciones.

Los consultores refieren el caso de Jaime Rodríguez, “el Bronco”, gobernador de Nuevo León, y cómo después de una militancia de 30 años en el Partido Revolucionario Institucional (PRI), por el hecho de ser candidato independiente, vestirse y hablar de manera coloquial, se “echó al electorado a la bolsa, lo cual significó romper con los símbolos de lo arcaico”, resume Gordoa.

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