Plantas de tratamiento a la medida.

Con el fin de evitar que los municipios pequeños y medianos del país hagan una mala inversión en la construcción de plantas de tratamiento de aguas residuales, recientemente el Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) publicó el libro Selección de tecnologías para el tratamiento de aguas residuales municipales, con el fin de que los alcaldes y directores de los organismos operadores de agua cuenten con la información necesaria para seleccionar las tecnologías más adecuadas para limpiar el recurso.

Adalberto Noyola Robles, director de dicho instituto y uno de los autores de la publicación, comenta que dicho documento pretende explicar las diversas opciones que tienen a la mano los gobiernos locales para poner en marcha proyectos de este tipo, cuáles son las ventajas y desventajas de los mismos, cómo hacer una selección adecuada y qué deben preguntar a los eventuales vendedores.

El académico refiere que el principal problema al que se enfrentan las alcaldías es la falta de recursos, y agrega que en el país, únicamente se limpia 47 por ciento de las aguas residuales aunque la meta para 2030 es alcanzar el 100 por ciento.

A CONSIDERAR.

Para construir una planta de tratamiento, los encargados de la obra deben considerar aspectos técnicos, económicos, ambientales y sociales. La sustentabilidad debe ser una prioridad. El texto apunta que en su concepción y uso, dichas instalaciones “tienen que considerar el menor uso de insumos y energía posible, además de adaptarse adecuadamente a las condiciones del medio social y económico que les rodea”.

A decir del director, también se debe tener en claro el uso que se le va a dar al agua tratada, ya que puede ser utilizada en procesos industriales o para riego de áreas verdes, entre otros. Al respecto,Noyola Robles ejemplifica que el norte del país se puede dividir en dos regiones: costa y altiplano.

Noyola Robles ejemplifica que el norte del país se puede dividir en dos regiones: costa y altiplano.

“En la zona costera, donde hay temperaturas mayores, la mejor opción podría ser un proceso de tratamiento anaerobio, que no requiere energía eléctrica, pues los microorganismos no necesitan oxígeno, y remueve la materia orgánica, en buena medida, con un costo muy reducido. Después, ayudarlo con procedimientos posteriores como lagunas o humedales artificiales. Si vamos a las zonas frías en invierno, lo mejor es combinar lagunas o humedales con sistemas aerobios y anaerobios, a sabiendas que en invierno la eficiencia decaerá, y sólo en esa época, incorporar energía eléctrica para airear mejor el sistema”, detalla y aclara que cada caso es un traje hecho a la medida.

En el mercado existen empresas que ofrecen a los municipios las opciones más indicadas para resolver el tratamiento de las aguas residuales, pero hay quienes únicamente buscan obtener un provecho económico, sin resolver los requerimientos específicos de los clientes.

Ante esta situación, el académico explica que el libro, que se puede descargar gratuitamente del sitio web del Instituto de Ingeniería de la UNAM contiene matrices para que los encargados de los organismos operadores de agua y los alcaldes puedan detectar qué es lo que requieren y que sepan qué tecnología adquirir. Con ello se evitarían muchos problemas de operación, que es la que etapa en la que una planta de este tipo puede ser considerada un gasto, más que beneficio.

“El costo del personal, aunque sea un sistema sencillo, tiene un impacto de entre 25 y 30 por ciento, y cuando se trabaja con energía eléctrica, el costo de operación se eleva hasta en 60 por ciento”.

De acuerdo con la guía elaborada por la UNAM, en plantas pequeñas y medianas, “idealmente se deben seleccionar aquellos procesos que requieran el mínimo de mano de obra para su operación y mantenimiento, sin que éstos sean del tipo altamente automatizado debido a su elevado costo y en últimas circunstancias elevado y especializado mantenimiento. La automatización debe considerarse en las grandes plantas, donde generalmente se involucran procesos compactos y altamente mecanizados”.

Asimismo, refiere que un aspecto importante es la especialización del personal requerido para operar la planta de tratamiento, sobre todo en regiones donde sea difícil contar con técnicos calificados, por lo que se recomienda favorecer aquellas tecnologías que no demanden una alta especialización para su arranque y operación y en el caso de requerirse, asegurar que el personal permanezca.

En ese sentido, la rotación debe ser limitada, ya que la experiencia que un trabajador puede lograr con el tiempo es muy valiosa para la planta de tratamiento. “En la gran mayoría de países de la región no existen esquemas formales reconocidos para capacitar operadores de plantas de tratamiento, lo que lleva a que personal capacitado en la práctica sea frecuentemente solicitado por otras plantas de tratamiento, ofreciendo mejores ingresos, comportamiento negativo que no contribuye al fortalecimiento del subsector”, apunta el documento.

Estadistica A LA MEDIDA

ALGUNOS EJEMPLOS.

Noyola Robles considera que lo ideal es concebir una planta de tratamiento como un mecanismo para regresar agua al medioambiente. Una entidad que ha empleado esta solución es Monterrey, que desde 1950 invierte en sistemas de limpieza de agua que se destina a los procesos industriales, lo cual ha permitido el desarrollo y asentamiento de varias empresas.

Otro ejemplo del tratamiento adecuado de aguas negras está en el municipio de El Marqués, en Querétaro, donde el grupo Vert Energy, mediante el uso de tecnología israelí, logró la separación de fibras, celulosa y textiles de las aguas residualesdomiciliarias para mejorar los procesos y alargar, hasta 30 por ciento, la vida de las plantas.

Con esa tecnología se obtienen 250 kilos de resilosa, al tratar 4,800 metros cúbicos de agua. La resilosa es un producto altamente calorífico, que se puede utilizar como aislante térmico, auditivo, base para papel corrugado y mezclado con materiales de construcción puede usarse en la elaboración de tabiques.

La planta “El Pozo” tiene una capacidad de tratar 60 litros de agua por segundo, que serán utilizados en el riego de áreas verdes de tres fraccionamientos asentados en el municipio.

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