“Células” para formar lectores críticos

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En una sociedad en la que el promedio de lectura es de medio libro por persona al año, no es fácil promover este hábito entre la población, porque no basta con repartir los volúmenes y esperar pacientemente a que la gente los consulte; también hace falta el apoyo de un orientador que pueda recomendar temas y provocar el interés de los demás.

En México, uno de los esfuerzos que ha demostrado éxito para fomentar la lectura es el programa Salas de Lectura del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), que consiste en habilitar espacios gratuitos y hospitalarios para los lectores. Dicho instrumento ya tiene 16 años y se ha esparcido en diferentes regiones del país.

Jesús Heredia Caamaño, coordinador nacional del programa, explica que una sala de lectura es un sitio público, donde una persona interesada en difundir la cultura pone a disposición de un grupo de gente un conjunto de libros y todo lo que se puede desprender de ellos, como comentarios, anécdotas, información y otras actividades artísticas que complementan ese espacio.

Jardín de NiñosCada sala de lectura está a cargo de un mediador, que puede ser cualquier ciudadano en cualquier estado o municipio de la república, que descubrió que la lectura enriqueció su vida y quisiera compartir esta experiencia con otros, al ofrecer libros en un ambiente amable y hospitalario.

Según Heredia, el programa busca aportar más calidad que cantidad de usuarios.

Los mediadores —que deben formarse en un diplomado— pueden tener núcleos de 15 o más personas y su función consiste en atender los “procesos lectores” del grupo, esto es, cómo se desarrollan y cómo cambian sus intereses. Para lograrlo, es fundamental que el mediador conozca a su gente, ya sea en el área de trabajo o en el área vecinal.

DE USUARIO A PROMOTOR

Heredia Caamaño, quien anteriormente se desempeñaba como formador de mediadores, refiere que el Conaculta trabaja con la representación cultural de cada estado y, a partir de ahí, los municipios pueden acercarse a los programas.

Hoy día existen más de 4,200 salas de lectura en todo el país, así como en algunas comunidades de mexicanos en Illinois, Arizona y Texas. “Participamos con cada entidad conforme a su nivel de desarrollo.

Hay estados con una amplia tradición y se mantienen”, refiere el funcionario.

Jesus Heredía CaamañoSin embargo, comenta que también hay entidades en donde el programa ha estado sujeto a los cambios administrativos locales y nacionales pero, como dice Heredia Caamaño, “lo que se ha logrado se debe en gran medida a la convicción de los ciudadanos que atienden a los lectores más cercanos”.

Muchos mediadores reportan que alguno de sus integrantes ha evolucionado considerablemente y si esa persona quiere abrir su propia sala de lectura, habrá que registrarlo en la lista de interesados para que, tan pronto se habilite un nuevo espacio de formación, haga su propio núcleo o “célula de lectores”, como la llama el funcionario.

Cada sala de lectura recibe una dotación de 100 libros, pero este año se va a ampliar el acervo a 130 volúmenes, además de que se actualizarán los títulos, para lo cual ya se hizo una selección de autores nacionales e internacionales, con diversos géneros, como poesía, teatro y narrativa. Dicho inventario se complementará con textos en braille y obras en lenguas indígenas.

SEMILLEROS DE CREATIVIDAD

“No sólo le apostamos a leer un libro, sino que también impulsamos actividades adicionales. Por ejemplo, el 23 de abril celebramos a Dickens y mandamos el libro de cuentos Para leer al anochecer a todas las salas de lectura. Además se les invita a los grupos en una siguiente sesión a que partamos de un renglón de Dickens para que ellos escriban un cuento. A la siguiente sesión se les invita a relacionarlo con la música, con el cine. Está la versión cinematográfica de Oliver Twist y los usuarios la pueden ver en la sala de lectura”, comenta Heredia Caamaño.

Localización de las salas de lecturaDespués de 16 años de operar Salas de Lectura, se han creado nuevos servicios de fomento a la lectura, como los paralibros. Se trata de muebles urbanos que se instalan en espacios abiertos y protegidos, como parques, campos deportivos o entradas a los museos en los que se coloca una colección de 365 volúmenes.

La idea es propiciar el hábito de la lectura en niños, jóvenes y adultos. Actualmente existen en el país 134 paralibros colocados y 85 en operación, pero se prevé que se instalen de inicio 320 unidades en toda la república, aproximadamente 10 en cada estado.

El Centro de Lectura y Formación Lectora es el paso siguiente. “Supongamos que en un municipio hay cinco salas de lectura o hay dos paralibros y un Centro de Lectura en el parque central de la capital del estado. Las personas que forman parte de estas células muy vivas, que son las salas y/o paralibros, se pueden dar cita en el Centro para obtener otros servicios”, comenta Heredia Caamaño.

¿Qué beneficios pueden obtener los usuarios? Apoyos tecnológicos como Internet, e-books y Ipads, entre otros, así como talleres continuos de creación literaria o de elaboración de un libro cartonero (artesanal). En dichos centros también debe haber un encargado dedicado a atender al público. Los Centros de Lectura y Formación Lectora constituyen un programa nuevo que se puso en marcha el año pasado, y que en su primera etapa invitó a participar a 10 estados.

Jesús Heredia también destaca las acciones de fomento a la lectura de los gobiernos estatales, que se pueden replicar en los municipios, y que han resultado exitosos. Cita como ejemplo el programa Sonora Lee, que actualmente consta de 50 círculos de lectores en escuelas, bibliotecas y otros espacios públicos, en los que también participan los escritores locales.

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