Festivales de Cine Buen negocio para municipios

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Películas

Para la mayoría de las personas el cine es un medio de entretenimiento, sólo una forma de diversión; pero más allá del disfrute de una película de acción, suspenso o comedia, el séptimo arte puede significar una vía para detonar la economía de una localidad, para la promoción de sus riquezas turísticas y culturales —incluso hacia el extranjero—, y una forma de acercar a la población a experiencias de vida diferentes a través de la organización de festivales nacionales e internacionales

Se ha dicho que los festivales de cine no son un negocio, que es más fácil perder dinero que ganarlo con ellos, entonces ¿por qué existen tantos —casi medio centenar a lo largo y ancho del país? Porque finalmente los festivales de cine sirven para todo, asegura el cineasta y académico, Alfredo Joskowicz.

Entre otras cosas, estos eventos ayudan a crear públicos para el cine como medio de educación y formación, para incentivar el turismo y, por qué no decirlo, también para difusión política.

Estos festivales contribuyen también a proyectar una buena imagen de una ciudad o de un estado, sirven para reactivar los pequeños y grandes negocios locales —desde el que vende taquitos en las calles, hasta los hoteles y grandes restaurantes—, y mucho más. “Son un negocio para quienes no lo organizan”, afirma Cuauhtémoc Cárdenas Batel, fundador del Festival Internacional de Cine de Morelia. Es decir, aclara, que las ganancias son para todos aquellos que se benefician de la actividad económica, política y cultural que gira a causa de este tipo de eventos.

También hay que destacar el papel fundamental que cumplen los festivales de cine para la cultura nacional. “La misión que tienen los festivales, además de acercar a la gente a una manifestación artística y cultural, es precisamente eso, abrir espacios de debate”, considera.

Sólo en la Ciudad de México se organizan cerca de una decena de festivales de cine de todo tipo y género: los dedicados al documental, al cine francés, judío y el hecho por estudiantes.

Para llevar a cabo este tipo de eventos, los estados y municipios deben acudir al Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), que es la institución de contacto con el gobierno Federal para obtener apoyo, a través de la Secretaría de Cultura local o de una comisión de filmación.

LOS MÁS TAQUILLEROS

Luces cámara acciónGuadalajara es líder en la materia con el Festival Internacional de Cine (FIC), que este 2010 cumplió 25 años de vida, con el antecedente de haber sido el primer festival de cine mexicano en el país, bajo el nombre de Muestra de Cine Mexicano.

La vocación del festival, comenta su director Jorge Sánchez, es ser “un servicio público”, y tiene razón, aunque también es un mercado comercial, el más grande de Iberoamérica. Este año el mercado del FIC de Guadalajara ofreció un catálogo de 775 películas, la mayoría mexicanas, argentinas y españolas.

Por su parte, con sus edificios coloniales, Morelia, Michoacán, se ha convertido en la ciudad preferida de los cineastas internacionales. Por sus bellas y antes tranquilas calles han caminado desde Quentin Tarantino, pasando por el actor preferido de México, Gael García Bernal, el iraní Barbet Schroeder —quien visita la ciudad cada vez que tiene oportunidad—, hasta el documentalista alemán Werner Herzog, por mencionar sólo algunos.

La capital michoacana es, así, una ciudad internacionalmente reconocida gracias, en gran parte, a su festival de cine, que es apoyado por el gobierno del estado y la iniciativa privada. El festival, enfatiza Cárdenas Batel, es el principal promotor turístico hacia todo el mundo, a pesar de los hechos y noticias sobre violencia y narcotráfico.

El Tecnológico de Monterrey, campus Morelia, detalla en un estudio que, por ejemplo, el gobierno de Michoacán invierte alrededor de 10 millones de pesos en su organización, y que la derrama local que se registró durante la edición de 2009 fue de aproximadamente 75 millones de pesos. “Entonces, si esa es la derrama, quiere decir que el festival es una buena inversión”, afirma Cárdenas.

Añade que los recursos públicos ya no son el mayor porcentaje en el festival de cine, sino aquellos que provienen de empresas privadas.

TAMBIÉN HAY RESISTENCIA

A pesar de los beneficios, no todos aprecian el potencial de un festival de cine, y son los gobiernos locales, los municipios, los más reticentes a invertir dinero público en ellos.

La falta de apoyo lo padecen festivales “medianos”, como el Festival Internacional de Cine de Acapulco, Guerrero —puerto que fue cuna de los festivales internacionales de cine—, así como el Festival Internacional de Cine Fantástico y de Terror Mórbido, que desde hace dos años se lleva a cabo, en Tlalpujahua, Michoacán.

“El caso es que con Mórbido promueves el turismo no sólo los cuatro días que dura el festival, sino todo el año”, dice Pablo Guisa, director de Mórbido.

Sólo el primer año, a pesar de su corta duración, el festival dejó una derrama económica de 13 millones de pesos para Tlalpujahua, y en su segunda edición, la derrama ascendió a 73 millones de pesos.

El problema, de acuerdo con Guisa, es que a nivel municipal las autoridades no entienden los alcances del proyecto y no lo ven como una inversión. De ahí la relevancia de difundir los beneficios y el mayor alcance que representan los festivales para las localidades.

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