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Un largo inicio: señales

Iniciamos el sexto mes del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. A muchos les parece que ha pasado mucho tiempo, pues en estos meses se agolparon los debates, críticas aplausos e incluso rechiflas al Presidente. Sin embargo, fuera de las críticas mañaneras cotidianas, lo cierto es que se han iniciado muchos proyectos y nadie puede negar la capacidad de trabajo del mandatario. Con todo, se han cometido errores importantes y se sigue construyendo un modelo político que dista mucho del esquema institucional, democrático y libre del que hablábamos cuando el tema era la transición a la democracia.

Después de estos meses comienza a ser evidente que la democracia no es vista por este gobierno como un medio para construir acuerdos, para incorporar las diferencias de una sociedad plural que defiende sus intereses y lucha por sus derechos, algunos empolvados por el terregal del liberalismo, y otros apenas descubiertos por el cambio social, tecnológico y económico que hemos experimentado en los últimos años. Sin duda, la inseguridad y la corrupción nublan la visión de lo mucho que se ha logrado con la nueva institucionalidad construida a lo largo de 35 años.

Este gobierno dejó de ver a la democracia como el conjunto de oportunidades e instituciones para construir nuevos acuerdos y nuevas políticas públicas, en el marco de la pluralidad. Hoy, para el lopezobradorismo, la democracia es un medio para realizar los cambios con base en la fuerza de la mayoría, aunque en el proceso queden excluidos quienes no piensen como él. Se olvida que una vez hubo un partido hegemónico que, muy a su pesar, pero con visión de Estado, realizó junto con la creciente oposición de entonces cambios en el sistema político que, al final del día le costó parte de su poder, pero generó nuevas instituciones que, esas sí, transformaron a México.

José Woldenberg escribió hace unas semanas un artículo que tituló “CRE, mala señal”. Se refería al procedimiento con el que finalmente López Obrador designó a los cuatro nuevos integrantes de la Comisión Reguladora de Energía (CRE). El problema es que llega mayo y esas malas señales continúan. En ese sentido el Presidente es consistente: si tiene los votos o la fuerza para realizar los trucos legales necesarios, nombrará siempre a quien apoye su proyecto. Después de todo, la democracia ya le dio a él los votos que necesitaba, ¿cierto? Por eso en abril oímos propuestas como incrementar el número de ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se discutió sobre las posibles intenciones del presidente de reelegirse, se insistió en criticar a la prensa que le es desfavorable y las mañaneras siguen sin responder con datos precisos a los problemas fundamentales: inseguridad y corrupción.

En este contexto, mayo será interesante porque culminarán las campañas electorales en cinco entidades de la República y Morena quiere ganar todo. También en mayo se negociará con los maestros su aumento salarial, habrá terminado el período ordinario de sesiones del Congreso de la Unión y seguramente seguirá este ping-pong en las declaraciones de Trump y AMLO sobre el cierre y no cierre de la frontera y sus amenazas sobre aranceles. Lo que está por verse es, ¿hasta cuándo podrá este gobierno mantener el esquema centralizador del poder? ¿Se puede mantener la popularidad de 70 – 80 por ciento durante cien años más? Creo que mayo traerá sorpresas, pero como ya se dijo, lo que vemos son “malas señales”.

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