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Singladura: Círculo de hierro y acero

Por Roberto Cienfuegos J.

La medida, que Ebrard consultó y convino sin duda con el presidente López Obrador, significa en los hechos que México será el primer círculo de hierro y acero de Trump y su país.

Qué bueno. Se saltó el hoyanco al que nos habrían confinado los aranceles de Donald Trump a partir de este mismo lunes, pero la carretera sigue llena de baches por lo menos de aquí al cierre del año como consecuencia en buena parte de una vulnerabilidad institucional, económica y política interna y externa que, antes de aminorar ha escalado ante la imposibilidad del país de impulsar su desarrollo y defender su soberanía y aún su dignidad.

Y nada que uno se alegre de esto, no. Al contrario, hoy día sólo podemos defender nuestra soberanía y dignidad a través de un esfuerzo serio y, ese sí patriótico, a partir del compromiso en favor del desarrollo nacional, aún incompleto, aplazado y en riesgo grave.

Hace unos años un embajador emérito de México, desafortunadamente ya extinto, tuvo el coraje, la valentía y sobre todo la honestidad de confiarme esta frase: “México carece de los recursos para pagar su soberanía”. Fue tan contundente la afirmación del embajador, miembro de una prominente familia de diplomáticos, que nunca la olvidaré. Claro, fue perturbador el comentario y hasta pudo haberse interpretado como una deslealtad a México y al Servicio Exterior Mexicano (SEM). Conservé para mí la frase-diagnóstico de aquel prominente embajador, cuya identidad reservo por respeto a su memoria, la calidad humana y profesional que observó en el desempeño de las misiones del SEM que le fueron asignadas a lo largo de su vida.

Hoy, cuando el gobierno de la 4T, festina el acuerdo con la administración de Trump que desactivó de momento la instrumentación de aranceles al comercio bilateral, que dicho sea de paso monta los 600 mil millones de dólares, viene la frase del embajador fallecido a mi memoria. “México carece de los recursos para pagar su soberanía”.

Esto es así aun y cuando el canciller Marcelo Ebrard haya cumplido su trabajo con eficiencia para impedir que se cumpliera la amenaza de Trump. Es cierto, Ebrard hizo la tarea lo mejor que pudo en las circunstancias que tuvo. No se le regatea por supuesto el mérito de salvar primero al país y su economía y segundo al gobierno de López Obrador. Un fracaso de Ebrard y su equipo habría prácticamente triturado a amplios sectores económicos y productivos del país. Para el gobierno de Amlo habría significado una catástrofe, dicho de manera económica.

Ebrard echó mano de un recurso desesperado para conjurar el peligro real e inminente: seis mil efectivos de la flamante Guardia Nacional (GN) que se harán cargo de inmediato de prácticamente sellar la frontera sur de México. La medida, que Ebrard consultó y convino sin duda con el presidente López Obrador, significa en los hechos que México será el primer círculo de hierro y acero de Trump y su país. Desde un punto de vista estratégico es un corrimiento de la frontera estadunidense hasta el sur de México. Nos guste o no, un dilema que ya es otra canción.

Y los inmigrantes de numerosos países que ya se encuentran en México, pues habrá que lidiar con ellos en los términos que fije o muy probablemente ya haya determinado el gobierno de Trump, quien dijo que en los días que siguen se darán a conocer detalles conforme la circunstancia.

El acuerdo suscrito con el gobierno de Trump prevé la aceptación de centroamericanos en territorio mexicano mientras su proceso de asilo es gestionado. Esto como parte de un esquema parecido al llamado “tercer país seguro”, que México había rechazado hasta antes del convenio.

Dijo Ebrard que salimos de la encrucijada de Trump con nuestra dignidad “intacta”. Está bien que lo diga, incluso debe decirlo, aunque la realidad objetiva resulte diferente. En los términos ultrapragmáticos de Trump, la dignidad y aún la soberanía constituyen entelequias mexicanas, muy socorridas y requeridas a lo largo de la historia para fraguar nuestra propia identidad. Pero hoy, en un mundo globalizado y aún antes de este fenómeno según quedó marcado al término de la segunda gran guerra, la soberanía de cualquier país requiere del poder tangible y concreto como demostró Trump con hechos a los mexicanos, también nos guste o no y así hiera nuestra susceptibilidad y aún dignidad patrias que defendemos a gritos, sombrerazos y fuegos de artificio, casi casi como se hizo el sábado último en Tijuana. ¡Por Favor!

A mi también me encanta el grito de “Viva México, Viva México! Faltaba más, igualito que lo hace uno cuando nuestra emblemática selección de futbol se enfrenta a un rival, soberano, ese sí, por su preparación técnica, disciplina y recursos concretos, entre otras condiciones. Y prácticamente nada porque se encomiende al lábaro patrio o las deidades nacionales y coree a grito pelado que sale desde su entraña o corazón el nombre de su país, aderezado con uno que otro término altisonante para que retumbe con mayor fuerza. Así somos.

De hecho, la marcha de Unidad en Defensa de la Dignidad de México y en favor de la amistad con Estados Unidos, así la llamaron pues, se convirtió en un jolgorio o festejo, tal y como acostumbramos los mexicanos. Después de todo, Estados Unidos y Trump nos pegaron al atrincherar a nuestra flamante GN en la frontera sur del país.

Fue el daño menor, el que tuvimos a la mano ante un escaso margen de maniobra para hacer valer dignidad y soberanía. O se atrinchera la GN, formada predominantemente por militares, algo muy fácil según Trump, o les cobramos con empleos, devaluación, desinversión, afectación comercial y, bueno, hasta con el estancamiento al menos del proceso de aprobación legislativa del T-MEC, nombre del acuerdo que se espera ahora sí aprueben los poderes legislativos de los tres países involucrados. Eso para empezar y vaya usted a ver que otras consecuencias funestas más.

Larry Rubin, un hombre de negocios mexicano-estadunidense, y representante en México del Partido Republicano –el mismo de Trump- saludó el acuerdo para impedir la ejecución de los aranceles de Trump. “Nunca me quedó duda que así sería ya que controlar los desbordados flujos migratorios en la frontera sur de México y de Estados Unidos es bueno para las dos naciones”, apuntó.

De aprobarse el T-MEC, el comercio bilateral entre México y Estados Unidos saltaría a un trillón de dólares –monto inimaginable- en los próximos cinco años.

En víspera del acuerdo, Rubin también dijo que en la frontera norte de México hay una crisis humanitaria, “un punto de quiebre” en el tema migratorio. Recordó que en mayo hubo 133 mil cruces ilegales y es muy probable que éstos lleguen a 200 mil. “Hay un desbordamiento total de la migración” indocumentada como nunca antes, añadió. ¿Soberanía, dignidad? La de Trump con una política dura, nada más.

ro.cienfuegos@gmail.com

@RobertoCienfue1

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