Singladura | Nueva agricultura

Por Roberto Cienfuegos J.

En un periodo relativamente corto habrá una merma mundial en la capacidad de producir alimentos suficientes por el aumento de la temperatura global y otros fenómenos naturales

México importa hoy más del 60 por ciento de los alimentos que consume, una cifra que por sí sola debería llamar a la acción del gobierno y de todos los actores involucrados en el sector primario, y sin embargo, como en muchas otras áreas del país, todo indica que nada o muy poco pasa.

El país importa el 90 por ciento de la soya, el 70 por ciento del arroz, el 60 por ciento del trigo y hasta el 25 por ciento del maíz, conforme registros de varias organizaciones de productores agropecuarios. Y tampoco pasa nada.

Hay voces del sector agropecuario nacional que alertan sobre el riesgo de que el país pudiera entrar en una crisis alimentaria, capaz de impactar de forma inmediata y directa nada menos que a 18 millones de mexicanos, con un alto riesgo de tensiones sociales y económicas graves.

Los índices, por ejemplo, de rendimiento citrícola por hectárea en el país siguen siendo bajos: un promedio de 13 toneladas contra las 40, por ejemplo, en San Quintin, California, el estado en el que muchos mexicanos, millones tal vez, trabajan horas arduas y largas, que les rinden bastante bien.

El precio de los fertilizantes químicos, predominantemente utilizados en el agro mexicano, alcanza alrededor de los 7.300 pesos por tonelada, contra los 4.300 pesos de una tonelada de fertilizantes orgánicos. Los fertilizantes químicos causan diversos problemas de salud y aún matan.

El uso de fertilizantes químicos genera entre los mexicanos una serie de males de salud como el colesterol, la presión arterial alta, los triglicéridos, la diabetes y otros.

Por referir un caso, muchos tlaxcaltecas sufren triglicéridos elevados debido a que los suelos en ese estado son demasiado ácidos y la producción de maíz genera triglicéridos entre los consumidores.

En Veracruz, la población padece problemas de colesterol por el elevado consumo de azúcar y/o cerveza, una bebida de alto consumo para contrarrestar las altas temperaturas que imperan en ese estado.

En consecuencia, urge el impulso a una producción autosustentable de alimentos para devolver a la tierra “la vida” que se le ha robado.

Hay quienes creen que es tiempo de apoyar a los productores agropecuarios para que dejen de producir “a la antigüita”, sin tecnología ni ciencia, bajo el amago de los “coyotes”, sin mercados para la comercialización de sus productos y, peor aún, mediante el uso peligroso de fertilizantes químicos, que “nos están matando”.

Entre quienes creen esto figura el ingeniero Armando Rendón Barreda, un productor y exportador con más de 25 años de experiencia en el agro mexicano, que hoy está al frente de la Confederación Nacional de Organizaciones Agropecuarias y Forestales (Conofar).

Rendón Barreda nos cuenta sus planes al frente de esta organización que agrupa a unos 50 mil socios dedicados a la agricultura, la ganadería y la silvicultura, y que asumen como propio el reto de aportar los alimentos y los servicios ambientales necesarios para 120 millones de mexicanos.

 El reto coincide con una situación límite de riesgo ambiental en México y el mundo. Puede superarse, claro, pero también se corre el peligro de fracasar en el intento, más aún cuando hay políticos como el presidente estadunidense Donald Trump que sostienen que el fenómeno del cambio climático es un ardid inventado por los chinos. Ajá.

¿Acaso no nos hemos dado cuenta de que el mundo está cambiando hacia lo biológico, lo verde y nadie hoy día, o cada vez, menos personas quieren comprar y consumir productos químicos?”, plantea Rendón Barreda.

Aunque sea poco conocido y menos atendido es un hecho que en un periodo relativamente corto habrá una merma mundial en la capacidad de producir alimentos suficientes por el aumento de la temperatura global y otros fenómenos naturales como por ejemplo los huracanes.

Diversos estudios alertan que México figura de manera destacada entre los países que más se verán expuestos a sufrir efectos adversos por el incremento de la temperatura global.

Resta tiempo sin embargo para impedir una merma en la cantidad y la calidad de los alimentos que se producen en México.

Entre las consecuencias del calentamiento global se vislumbra por ejemplo la caída de la capacidad para cultivar granos como el arroz, el maíz y el trigo.

Diversos estudios con sustento científico establecen el 2030 como el plazo fatal o el tiempo que aún tenemos para aminorar, o al menos, contener el aumento de la temperatura global.

Por ello es que tenemos que hacer una agricultura nueva, verde, ecológica, sustentable y más apreciada por los consumidores. Utilizaremos para ello los recursos que la ciencia y la tecnología ponen a nuestro alcance.

Rendón Barreda insiste en que es tiempo de apoyar a los productores agropecuarios para que dejen de producir “a la antigüita”, sin tecnología ni ciencia, bajo el amago de los “coyotes”, sin mercados para la comercialización de sus productos y, peor aún, mediante el uso peligroso de fertilizantes químicos, que “nos están matando”.

Asi que es urgente la planeación en el campo. “Se caen los precios por la oferta excesiva. Si Veracruz, por ejemplo, tiene vocación para la citricultura, pues que se siembre allí porque tiene calidad de exportación. Es el caso de Michoacán con la plantación de aguacate hass y así cultivo por cultivo. Hay que atender la geografía del país y ver para que sirve cada estado”, planteó.

¿Es mucho pedir que se atienda esta propuesta para impedir la vulnerabilidad que sufre México en su sector primario? Reflexionemos. Queda tiempo, pero no mucho.

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@RobertoCienfue1

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