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Del sufragio a la acción

Es necesario que los ciudadanos no sólo actúen para ejercer cada tres años su derecho al voto, sino que también se inmiscuyan en la vida pública

Gente

En el debate actual de la democracia surge una nueva corriente llamada Republicanismo, la cual es considerada un modelo de teoría política. Algunas personas argumentarán que esta afirmación no es novedosa, que incluso se remonta varias centurias atrás recapitulando lo que en su momento consideró Marco Tulio Cicerón cuando definió a los sistemas políticos como regnum o rex (gobierno de uno, monarquía), optimates o civitas optimatum (gobierno de selectos, aristocracia) y civitas popularis (gobierno del pueblo, democracia). También fue Cicerón el primero que definió la res publica como la cosa del pueblo, regida por leyes e igual para todos.

Retomando las palabras de Aristóteles: El hombre es por naturaleza un animal social, pero fue más allá y lo llamó: zoo politikon. Las primeras palabras de La Política de Aristóteles versan sobre la asociación de los hombres; en primer término tenemos a la familia, y la asociación de estas conforman el pueblo, que puede llamarse “colonia natural de la familia.” Esta asociación es la base de la sociedad civil.

ACTORES POLÍTICOS

Hoy día la familia atraviesa por muchos problemas, como los conflictos econó- micos derivados de la desigualdad que impera en el país, lo cual, aunado a los problemas internos de cada núcleo familiar y a la falta de una educación cívica desde la niñez, arroja resultados poco alentadores.

Por lo anterior, debemos retomar los principios del Republicanismo, el cual busca que el ciudadano se vuelva activo y que se retomen virtudes cívicas como la participación, la criticidad, el respeto al otro, la responsabilidad, entre otras. Se trata de darle un giro al concepto del ciudadano, que no sólo actúe para ejercer cada tres años su derecho y correlativa obligación del sufragio, ya no nos podemos quedar en ese estado.

El estatuto republicano de ciudadanía no sólo les otorga a las personas derechos relacionados con su esfera de libertad, sino que también les corresponde un comportamiento más allá del simple respeto a los demás, a mi juicio se centra en una vida participativa de la ciudadanía, de inmiscuirse incluso en la vida pública, en los quehaceres de nuestra comunidad que, por costumbre, se pensaba que únicamente eran realizados por los gobernantes.

Estas cualidades son, según Quentin Skinner, las capacidades que nos permiten por voluntad propia servir al bien común, en su opinión, las virtudes públicas aparecen íntimamente relacionadas con el sometimiento de la libertad republicana, lo cual implica una gran reflexión acerca del bienestar social y el de la comunidad. Una república que se autogobierna —sostiene Skinner— sólo puede perdurar si sus ciudadanos cultivan esa cualidad decisiva a la cual Cicerón denominó virtus, los teóricos italianos más tarde convirtieron el virtú y los republicanos ingleses lo tradujeron como civic virtue o public-spiritedness (virtud cívica o vocación pública). Así, el término se emplea para denotar el espectro de capacidades que cada uno de nosotros debe poseer como ciudadano.

Para el buen funcionamiento de la democracia se requiere que los ciudadanos y sus representantes sean, ambos, actores políticos y que se pregunten ¿cuál será la mejor forma de beneficiar a la comunidad en general?

DEMOCRACIA, MÁS QUE UN RÉGIMEN

Ahora bien, si nos adentramos en lo que establece nuestra Constitución Política sobre la democracia, es posible advertir que algunos de estos postulados del Republicanismo ya se encuentran inmersos en nuestra Carta Magna, lo grave es que se queden en letra muerta.

Aunque el Artículo 3º constitucional versa sobre la educación, en su fracción segunda se refiere a la democracia como un sistema de vida fundado en el mejoramiento económico, social, cultural y de convivencia humana, por su importancia me permito transcribirlo:

“Artículo 3o . […]

II. El criterio que orientará a esa educación se basará en los resultados del progreso científico, luchará contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios. Además:

a) Será democrático, considerando a la democracia no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo; […]

c) Contribuirá a la mejor convivencia humana, a fin de fortalecer el aprecio y respeto por la diversidad cultural, la dignidad de la persona, la integridad de la familia, la convicción del interés general de la sociedad, los ideales de fraternidad e igualdad de derechos de todos, evitando los privilegios de razas, de religión, de grupos, de sexos o de individuos, y […]”.

La Carta Magna es muy clara, no sólo la democracia es un régimen político y jurídico, sino que como se había mencionado va más allá para lograr un mejoramiento en la convivencia humana que por desgracia no se ha cumplido, ya que hoy diferentes aspectos, incluso de orden criminal, impiden la tolerancia entre los mexicanos, pero también habla de un mejoramiento en el entorno económico, social y cultural del pueblo, mismo que a muchos de los mexicanos no ha llegado.

Hoy es el momento de volver a nuestra democracia republicana y dejar que cobre vida la letra de nuestra Carta Magna, pues tal y como lo dice Henry Maine: “Gobernar no es algo que hacen sólo aquellos que están en la oficina o se sientan en el Parlamento. Incluye a todo miembro de la sociedad política. Éste es el verdadero significado de la idea democrática de que el gobierno deriva sus poderes del consentimiento del pueblo.”

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